recordar aquellos viajes en tren

Que mis abuelos maternos vivieran en El Puerto de Santa María, me permitía cada año vivir una emocionante experiencia: viajar en tren desde Jaén a Cádiz.

Aquellos vagones de color verde divididos en compartimentos en los que se convivía, se comía, se hablaba durante aquellos viajes eran, para mi, una enriquecedora experiencia que, por desgracia, ya no se parece en nada con los actuales ferrocarriles. Observar el trabajo de los empleados ferroviarios y la continua circulación de aquellos trenes mientras paseabas por los andenes, cruzabas las vías por aquellos pasos de madera o simplemente te acomodabas en un banco a ver pasar las horas, los pasajeros o las mercancías era toda una experiencia que merece ser recordada.

Actualmente, estas experiencias no son posibles. Ni en las más pequeñas estaciones se pueden experimentar aquellas sensaciones, olores, ruidos, … en fin, toda aquella actividad. Siento nostalgia, no sólo de no poder revivir aquellas sensaciones, ni siquiera que las nuevas generaciones puedan hacerse una idea.

Para mi era un extraordinario pasatiempo ver ir y venir aquellas unidades, con sus atronadoras bocinas que anunciaban su entrada en la estación o su salida. Incluso regresa a mi memoria aquellos enormes pizarrones en los que se anotaba los sucesivos retrasos que se iban acumulando en los conocidos como “rápidos”, trenes generalmente correos que cuyas locomotoras arrastraban tanto aquellos vagones postales de color amarillo, como los de pasajeros.

Muchas de estas estaciones han caído en el olvido. Otras, siquiera fueron usadas. La vegetación se ocupó de ocultarlas de la vista.

Lo siento como si lo estuviera viviendo ahora mismo: esa impaciencia por que aquellas unidades eléctricas azules estacionaran en los andenes de la Estación de Jaén. Dado el extraño trazado ferroviario de la provincia, era necesario trasladarse primero a Espeluy en donde tomaríamos el tren correo que nos llevaría a Cádiz, a veranear con los abuelos.

vagón de mercancías estacionado en la estación de renfe de Jaén

Casi siempre con retraso, el tren correo anunciaba su llegada con su bocina. Mientras mis padres trataban de situar el equipaje, mi hermana y yo intentábamos curiosear por aquellas ventanas todo lo que pudiera acontecer. Era difícil que mi madre consiguiera que nos sentáramos en esos enormes sillones con orejeras. En todo caso, para merendar.

Poco queda de aquellas vivencias ferroviarias, sólo los recuerdos de haberlas vivido. La excesiva automatización del ferrocarril actual no permite ya gozar de aquellas sensaciones. Y más aún siendo un niño.

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