Anecdotario ibérico

Anecdotario ibérico

Se me ha ocurrido dedicar un artículo a recordar algunas anécdotas acaecidas en España, que en otras naciones más serias de nuestro entorno sería impensable que ocurrieran. El popular eslogan de que “España es diferente” toma vida cuando se hacen públicos estos sucesos que invitan al chiste por parte de los españolitos de a pie, y a la vergüenza ajena, por parte de las naciones de nuestro entorno. Me referiré solamente a dos de ellos. Fueron años míticos para España: 1982 y 1992. Dos eventos especialmente significativos toman el protagonismo: el mundial de fútbol, en el que España tomaba el papel de anfitriona, y diez años después la Expo’92 en Sevilla: comienzo del expolio y el despilfarro en Andalucía.

El mundial de futbol prometía grandes expectativas para nuestra selección nacional. Actuar como país anfitrión nos situaba, para los más optimistas ya casi en la final. La cosa fue un poco diferente a lo esperado. El primer compromiso, contra Honduras, un pequeño país centro-americano no debería suponer un obstáculo para nuestra selección nacional. ¡Lo fue!. La protagonismo, se que muchos lo recordarán, no estuvo en el campo de juego, ni en la especial brillantez del partido, sino en un singular personaje  que llamó la atención en las gradas y, por supuesto, de los narradores de los medios de comunicación españoles: un brujo. Efectivamente, La pequeña nación hispanoamericana puso sus esperanzas no solo en el esfuerzo de sus jugadores, también en las plegarias de aquel extraño personaje estrafalariamente vestido y su llamativo comportamiento entre el público que asistía al partido. La cosa hizo mucha gracia a todos. Tuvo gracia hasta que Honduras metió un gol a la selección, provocando que el encuentro acabara en tablas y pusiera en riesgo de no pasar a octavos a la escuadra ibérica.

Que fuera o no fuera por la intervención del hechicero hondureño que terminara el partido así, seguramente quedará como un tema de tertulia en un bar para echar unas risas. Más realista es pensar que los jugadores españoles no estuvieron a la altura de las circunstancias o, como se dice ahora, les superó el ambiente. Esto ocasionó que España tuviera que ganar como fuera el siguiente partido. El rival Yugoslavia. Los jugadores de aquel país no se creían como se manipuló el partido pero, España tenía que pasar a octavos como fuera, y aquella selección fue víctima de las circunstancias. ¿Ha ocurrido esto más veces?. Si. ¿Es que nadie se acuerda de lo que pasó en aquel partido contra Korea?. En cualquier caso, la historieta, pasado el tiempo, no deja de tener su gracia.

El otro ridículo al que me quiero referir es más reciente en el tiempo. Parecería que una nación con una democracia joven pero ya con su recorrido no inurriera en estas chapuzas. Sin embargo, así fue, por desgracia. No me referiré al desproporcionado gasto que supuso para los Andaluces la Expo’92, ni su fracaso económico, a pesar de que insistieran en convencernos de lo contrario. Tampoco me referiré a que casi todas las inversiones recayeron en Sevilla, quedándose el resto de provincias a verlas venir, especialmente Jaén. No hablaré de infame incendio que destruyó el pabellón de los descubrimientos ni, seguramente, de las millonarias indemnizaciones que habría que pagar. ¡Más dinero perdido!. Me referiré a un hecho que fue emitido, de noche y que, según creo, jamás ha vuelto a transmitirse por televisión. El ridículo es demasiado grande.

Todos recordarán la botadura de la replica de la Nao Victoria. Nada más tocar el agua, se escoró hacia un lado hundiéndose en pocos minutos. ¿Nadie pudo preveer esta circunstancia?. Sin duda en la época del descubrimiento se hacían mejores barcos, o al menos, estos flotaban. En la era de la comunicación, cuando España se subió al tren del progreso tecnológico y ya era miembro del Mercado Común Europeo, los responsables de la exposición no pudieron garantizar que esa replica se mantuviera a flote ni siquiera unos minutos. La situación es cómica por cualquier lado por el que se mire: solemnes todos los políticos, responsables técnicos, invitados y publico en general para asistir al evento de la botadura. A pocas semana de la inauguración de la feria mundial. La extraña mascota bautizada con el nombre de Curro, dando saltitos sobre la cubierta del buque. Nada más reposar en el agua, se escora hacia un lado. Voces intentando alertar de que se salvara a la mascota de morir ahogada; bueno, más bien al actor que llevaba aquel disfraz. El ridículo es total. Alguien murmura entre dientes: ¡joer, joer, que leche!.

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