de aquellos polvos. … estos lodos

Y a pesar de que muchos  lo vieron claro desde el inicio, el afán de pasar página y medrar una poltrona que asegurara el futuro fue lo que, seguramente, movió a pactar lo que se pactó en el proceso de transición: El Congreso de los Diputados, el Senado, Delegaciones y Subdelegaciones del gobierno, 17 parlamentos autonómicos, infinidad de oficinas políticas, … en fin, un Estado del bienestar para los políticos y buscadores de fortuna de todo tipo.

Para esto ha servido la democracia en España. Sin hacer ningún intento de apología de una dictadura, el país está polarizado, casi al borde de la balcanización, arruinado, sin ley ni orden para todos, y regido por una corte cuyo único horizontes son sus propios intereses personales más que los intereses generales. Hablar de democracia en España es un enorme sarcasmo, una burla cruel.

Este Estado partitocrático repleto de oligarquías está viéndose sobrepasado por los gravísimos acontecimientos que se están viviendo en Cataluña. Una situación que se ha dejado fermentar durante cuarenta años de cesiones y más concesiones para concluir en una sociedad dividida no sólo por banderas e ideologías, también por un odio visceral que impide siquiera una normal convivencia entre ciudadanos de un mismo país. ¡A lo que hemos llegado!. Una situación que sólo se podría superar ya con la intervención decidida del ejercito y un estado de emergencia que reconduzca la situación y la normalice. Después, deshacer cuatro décadas de adoctrinamiento.

Aún con todo, no todo es culpa de esta caterva de políticos. Los españoles de a pie deberíamos pararnos un momento a pensar si la afiliación ciega a unos colores, a una ideología o a unas siglas ha servido para algo, en vez de un examen serio de las propuestas políticas que conduzcan a un bien común. Es el momento de plantearse qué tipo de sociedad queremos: una verdadera democracia con unas leyes justas, el mínimo número de administraciones y políticos, listas abiertas y la exigencia de una ley electoral que erradique del mapa de una vez por todas este cáncer que supone para España los localismos autonómicos, … sólo por citar algunas cuestiones.

España es el país más fuerte del mundo: los españoles llevan siglos intentando destruirlo y aún no lo han conseguido.

Bismark.

Ahora sólo queda si después de superada esta grave crisis, hablo en un tono optimista, nos podemos deshacer de todos aquellos políticos que no estuvieron a la altura del momento y nos proponemos de una vez por todas, ya en serio, construir un país fuerte, económicamente prospero y verdaderamente democrático para las generaciones futuras.

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