el Castillo de Almodovar visto desde la ventanilla de un Media Distancia

Para los amantes de los trenes, pocas experiencias hay tan gratificantes como contemplar paisajes que, de otro modo, no sería posible alcanzar a ver desde otros medios de transporte. Unido a los servicios que ofrecen las modernas unidades eléctricas, proporcionan unos niveles de comodidad para el viajero además de rapidez y puntualidad en sus desplazamientos. Quedan en el recuerdo aquellos vagones de color verde que circulaban por diferentes lugares de España: sucios, ruidosos, asediados por las condiciones climatológicas, con trayectos que discurrían entre interminables horas y, sin embargo, son uno de los recuerdos más hermosos que conservo de mi niñez. Aún siento nostalgia al ver a uno de esos vagones de pasajeros estacionados en uno de los andenes de la nueva estación de Jaén.

Mis viajes en tren me permitían ser testigo del bullicio de aquellas viejas estaciones, del traqueteo y los bocinazos de la maquina cuando se aproximaba a la estación. Recuerdo aquellos gabinetes de sillones azules enfrentados donde se sentaban los viajeros, compartir la comida durante el viaje o la emoción de asomarme a aquellas ventanas para apreciar mejor los elementos del paisaje siempre, por supuesto, acomodado entre los protectores brazos de mi padre que me aupaba. ¡Que tiempos aquellos!.

Aún hago estos desplazamientos, de ida o vuelta entre Jaén y Cádiz. Uno de los paisajes que más me gusta ver es el viejo castillo de Almodovar del Río que se ve tan bien desde las ventanillas a poco de pasar la localidad de Posadas -a unos escasos quince minutos de Córdoba-. Encaramado en aquel risco y, actualmente con la línea de alta velocidad que une las localidades de Córdoba y Sevilla conforman una escena magnífica. Aprovechando el uso de las nuevas tecnologías, me propuse grabar este recorrido con una pequeña cámara a fin de que todos pudieran, al igual que yo, disfrutar de la vista de la hermosa fortaleza cordobesa que, por cierto, hace poco oí decir que no hacía mucho que había dejado de ser habitada y que actualmente se dedicaba a visitas turísticas e incluso como escenario incomparable para diversos actos.

Sería una buena idea, siempre disponiendo del necesario tiempo y recursos, para realizar un viaje, no sin cierta nostalgia, e ir bajándose en aquellas estaciones en donde se pudieran hacer visitas al incomparable patrimonio histórico y artístico de nuestra tierra.

Una anécdota más del viaje, recordando a las populares siluetas del toro de Osborne, es la simpática figura de un asno, entre la vía del tren y la carretera nacional, muy cerca de la ciudad cordobesa de el Carpio -antaño una importante parada para los trenes que circulaban hacia Córdoba o que subían a Madrid.

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