la cochinica

En un tiempo de franca decadencia por la otrora linea de ferrocarril que recorría tierras andaluzas desde la localidad giennense de Linares hasta Puente Genil en Córdoba, una extraña unidad circulaba por las vías transportando viajeros. La «cochinica» la apodaban, apoyándose en su parecido con el insecto que se plegaba sobre si mismo apenas sentía el mínimo contacto, como mecanismo de defensa.

Unidades animadas, probablemente, por un motor diésel apropiada para recorridos que aún no estaban electrificadas. Casi con toda seguridad, estos automotores llevarían y traerían viajeros con sus pertrechos desde la Estación de Málaga hasta Linares, y seguramente más allá. Esto último, para mi solo es una conjetura.

Lo que si es seguro es que muchos marteños compraron en la estación de Martos para trasladarse a Jaén. Seguramente este -en su tiempo- moderno medio de transporte, sería más rápido, seguro y limpio que las viejas máquinas de vapor que recorrieran casi desde primeros del siglo pasado los olivares giennenses, pero desde luego, no tendrían en absoluto el mismo encanto.

Para los que hemos tenido la ocasión de conocer esta línea en funcionamiento, sentimos pesadumbre de no disfrutar de la experiencia de comprar un billete, esperar en los viejos andenes de la centenaria estación la llegada del tren y deleitarse con la experiencia de recorrer, estación a estación, el recorrido que nos llevaría desde Martos, a Alcaudete, a la estación de Luque, a Doña Mencía, … hasta llegar a tierras cordobesas de Puente Genil. Posiblemente, nos sería posible incluso disfrutar de las playas de Málaga. Como mínimo, tener la posibilidad de apearse en las cercanas estaciones de Torredonjimeno, TorredelCampo o Jaén.

A pesar, según he podido saber, que los trenes que circulaban por estos caminos de hierro no eran lo que se podría decir grandes máquinas de vapor, la mayoría aquellas pequeñas máquinas con altas chimeneas, los más viejos me han descrito más de una vez, los incómodos viajes en aquellos vagones de madera, con la cabeza llena de hollín, durante interminables horas hasta llegar a su destino. Incómodos, si, pero la nostalgia acude presta a su memoria. Aquella verdadera aventura sólo queda en los recuerdos de los que le tocaron vivir aquellos tiempos y quizás en alguna película de época.

Aquella vieja estación de Martos ha quedado en ruinas, abandonada a orilla de una gran avenida en donde antaño hubo vías. Esperando algún proyecto que la rehabilite, que haga perdurar la memoria de lo que fue una próspera línea de ferrocarril, sus muros se van desmoronando poco a poco. Ya no recorren viajeros los andenes, nunca lo harán. La poca energía que los administradores de la ciudad, más aún, de la provincia, pusieron en su conservación, pienso que Jaén ha perdido una gran oportunidad que la habría situado en el siglo XXI en mejores condiciones. Una lastima.

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