monasterio de nuestra señora de la victoria

monasterio de nuestra señora de la victoria

Aparentemente aislada. En los terrenos en donde aún se discute si instalar o no la terminal de autobuses del puerto. Un edificio imponente que, según he oido decir, también fue el antiguo penal de El Puerto. No entraré en descripciones más exactas por carecer de los suficientes conocimientos en éste tema. Sin embargo, destaca la notable diferencia de estilo entre la propia iglesia, a la izquierda, y el edificio aledaño que, por suponer algo, se trataría de las celdas del penal. En cualquier caso, esta última afirmación sería una simple especulación. Ni está abierto este complejo al visitante, ni tengo datos para afirmar con rotundidad la finalidad de ese edificio. Todo el conjunto enmarcado en unos sencillos jardines.

Nada más entrar a la iglesia percibes la magnitud del edificio. En los momentos de esplendor debió tener un aspecto soberbio. Se notan, empero, el declive del tiempo en sus muros. También hecha en falta un proceso de conservación notable. Aún así, en esta ocasión se ha llegado a tiempo, permitiendo al visitante contemplar el edificio en un estado medianamente conservado. Mejor  que otros en los que, por desgracia, el paso del tiempo y la indolencia de los responsables de la conservación han permitido que los muros cargados de historia se hayan venido abajo. Insisto, este por fortuna no es el caso. Llama la atención los lienzos que cubren el suelo y algunas paredes del templo. Imaginé que sería por una sencilla causa de conservación o rehabilitación. De todas formas, nadie me supo contestar a esa pregunta.

Si que he de decir que el par de televisiones que andan colgadas de los muros con el fin de informar de una manera gráfica al visitante rompen la estética del edificio. Seguro que habrá otro sistema que de una forma más discreta y, siempre a petición del visitante, pueda proporcionarle esa misma información en un dispositivo que se integre más en el edificio. Realmente la solución encontrada en este momento huele más a provisionalidad que a otra cosa.

A la derecha, justo a la entrada de la iglesia, hay una puerta que conduce a un patio. Esta puerta, como digo, nos da acceso a un claustro. Muy sencillo, pero a la vez elegante. Justo enfrente, encontrará el visitante unas salas en las que, ocasionalmente habrá expuesta alguna muestra de arte, pintura u otros temas relacionados. En mi visita solamente encontré unos paneles que, en mi modesta opinión podrían haberse evitado instalarlos. Tampoco resulta muy estética la aparatosa rampa que conduce a los baños; justo al lado de éstos hay una puerta con una reja cerrada. Detrás de esta reja es posible ver una estrechisima escalera que, de nuevo vuelvo a especular, conducirá al edificio en donde estaban las celdas del penal.

En conjunto éste edificio es una joya, una más del envidiable patrimonio de palacios -muchos de ellos en franca decadencia- que podemos encontrar en el Puerto de Santa María. Un patrimonio que debería de generar por las autoridades competentes un notable esfuerzo de conservación, a la par de convertirlos en centros culturales permanentes tanto para los visitantes locales como para los foráneos. Un reclamo cultural para generar turismo y transito de viajeros aquí en El Puerto de Santa María.

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