visita a la muralla de Tucci

Al menos desde el punto de vista estético, hubiera sido interesante que se conservara la mayor parte del recinto amurallado de Martos. Lamentablemente en Martos, al menos hasta la actualidad, ni se ha sabido ni se ha querido realizar un esfuerzo serio y eficaz para conservar el patrimonio arquitectónico e histórico de la ciudad, bien éste hubiera sido religioso, militar o civil. Poco o nada ha quedado. Algo quizás escrito en crónicas de autores foráneos o locales que describen cuál fue el aspecto de la villa giennense. De la fortaleza situada en lo alto de la Peña, apenas quedan vestigios de su esplendor pasado, un nulo anhelo por su conservación, así como por protegerlo de las manos de malvados e ignorantes que se divierten erosionando con su vandalismo las edificaciones que, parcialmente, aún quedan en pie. Algo parecido se puede decir de la muralla que protegía a la villa de Martos. Su aspecto debió de ser imponente, en su época de esplendor. Hoy tan sólo tres o cuatro torres y algunos fragmentos de la muralla dan testimonio del nulo amor que han dispensado los marteños por su patrimonio, al fin y al cabo, por su propia identidad.

No solo éstas edificaciones militares han sufrido el maltrato del tiempo, de la indolencia de las autoridades o del olvido. Muchas edificaciones, generalmente de origen religioso: iglesias, capillas, … aunque también de origen civil, como el palacio de la marquesa de Blancohermoso, en su tiempo situado en la calle Triana, cerca de la torrentera conocida en Martos como el arroyo del gato o del abrevadero para el ganado que, actualmente, se encuentra en vías de restauración -aunque a mi parecer jamás debió perderse ni volverá a encontrar el esplendor que una vez tuvo-. Edificios que contuvieron enormes tesoros artísticos. De los que han conseguido mal que bien pervivir, quedaron desnudos de contenido que un día albergaron. Todos ellos destruidos, quemados, convertidos en humo por la sinrazón humana, por el sectarismo de tal y cuál ideología que no comprendía que fuera cual fuera su origen, en ellos estaba impreso el trabajo y la identidad de generaciones de marteños. Nuestra propia identidad que define quienes somos, nuestro carácter, nuestras tradiciones, o las experiencias almacenadas, el saber hacer transmitido de padres a hijos que sin duda enriquecen nuestro legado.

Quizás en un tímido intento por acercar nuestra historia, nuestro pasado a las nuevas generaciones, se recuperó una de las torres, cercana al nuevo santuario de la Virgen de la Villa. No sólo era necesario recuperar este edificio, también es necesario acercarlo al ciudadano de a pie. Invitarlo a que lo visite. Que recupere recorriendo sus escaleras, contemplando sus muros qué hubo en tiempos pasados en la ciudad; para qué servía y, en fin, las vivencias de los hombres que habitaron en él. Debería ser un recurso y una obligación para los escolares visitar estas construcciones y ser partícipes y conocedores de la historia local, lamentablemente en ocasiones olvidada cuando no despreciada.

Ganas tenia de visitar el interior de ésta torre, de contemplar el paisaje que antaño contemplaron otras personas: verdaderamente impresionante. Se me ofreció la oportunidad cuando me enteré que determinados días, tan sólo unas cuantas horas por la mañana permanecería abierto -de forma gratuita- para cualquiera que desease visitarla. Cierto que, ya los últimos escalones antes de llegar a lo alto de la torre me costó bastante esfuerzo, sobre todo por mi falta de forma física, pero debo decir que mereció la pena. Desde lo alto pude apreciar cuál sería el recorrido de la muralla. Se veían localidades cercanas a Martos e incluso el interior de recintos que normalmente están vedados a los visitantes como los patios del convento de las hermanas trinitarias. También una vista espectacular de la parroquia de Santa Marta y de la plaza de la Constitución. No se apreciaba demasiado bien, empero, la trayectoria que la muralla debió seguir en dirección al Santuario de la Virgen de la Villa, quedando en suspenso la idea de que o bien hubo alguna otra torre que permitiera que dicho santuario quedase dentro del recinto amurallado ( al menos así se muestra en la maqueta que podemos contemplar en el segundo piso de la torre ), o bien como he leído en alguna parte, el Santuario permaneciese justo a extramuros; esto invita a pensar que esta iglesia cristiana antaño fue sede de otra confesión, acaso dedicada a un Dios Romano, acaso una mezquita musulmana, …. no sabría que pensar.

En cualquier caso, me atrevería a hacer un llamamiento a todos los marteños para que hagan un esfuerzo y visiten la torre, conozcan su pasado, su identidad como marteños, su historia. Nada de esto puede hacerles mal, si acaso enriquecerlos.

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