La ruina de un estado fallido

La ruina de un estado fallido

A pesar de lo que cabría suponer, más de cuarenta años de democracia, o mejor dicho, de partitocracia alternada por las principales fuerzas políticas del país: la derecha representada inicialmente por alianza popular, -hoy refundada con el nombre de partido popular-, y la izquierda: el partido socialista obrero español, no nos han llevado más que a un modelo de nación que se encuentra quebrado y al borde de una balcanización.

Ni los más optimistas creen que España sea un país lo suficientemente rico como para mantener a 17 parlamentos y una población de políticos creciente. Sin embargo ese es el día a día de nuestro país. Administraciones superpuestas unas a otras mantienen a toda una casta que no produce ninguna riqueza, al contrario, un gasto desproporcionado. Y consecuencia de ello, quedan abandonados proyectos mucho más necesarios para el progreso de España.

En las últimas elecciones, sólo en Andalucía, se crearon más de 700 nuevos ayuntamientos, con lo que ello supone: gastos y más gastos. En lugar de una conveniente recentralización del estado y la eliminación progresiva de éste disparate llamado estado de las autonomías, resulta que los nuevos responsables políticos se esfuerzan precisamente en conseguir lo contrario.

Si el actual estado de las cosas persiste, la que es la nación más antígua de Europa está condenada a desaparecer engullida por el ánimo separatista en destruir a España, la indolencia de la Comunidad Europea, la incontrolada inmigración desde el continente africano y una política que agrede el desarrollo demográfico de nuestro país, por enumerar sólo algunos de los motivos.

En ésta paulatina descomposición de nuestro país ha tenido mucho que ver la cobardía de los sucesívos gobiernos -alternando pp y psoe- por acometer con decisión reformas de cuestiones fundamentales: como la ley electoral. Estar contínuamente dependiendo de partídos nacionalistas y de sus contínuos chantajes a la nación en pro de permitir la gobernabilidad de nuestro país ha supuesto un cáncer que ha provocado metástasis en todos los entresijos del estado.

Todo ello por no hablar de la entrega incondicional a las autonomías de cuestiones tan vitales con la seguridad o la educación. Ésta última ha sido causa del actual clima de sectarísmo y de intoxicación que se vive en muchas regiones de España, como Cataluña o El País Vasco. Ayudado por entes de comunicación, se ha creado un clima de ruptura y de odio entre españoles.

En definitiva, se han perdido esos valores de antaño, de orgulllo por ser español independiente mente de que tu lugar de residencia fuera Cataluña, Castilla la Mancha o Andalucía. Los últimos presidentes nacionales no han hecho sino permitir que se enfaticen las diferencias entre las regiones en vez de incidir en lo que nos une, en nuestra historia común.

No queda otra sino aceptar los errores cometidos y afanarse por refundar un sistema fracasado en uno que potencie a España como nación principal en el mundo y nos ayude a recuperar ese orgullo perdido por nuestra patria. Es una tarea dificil y, por lo que parece, debe ocurrir un cataclismo que abra los ojos a los españoles y nos persuada de que el actual no es el camino a seguir.

1 Comment

  • José espejo

    julio 5, 2019 at 1:24 pm Responder

    La pura realidad, pero ésto no tiene arregló mientras no cambié el sistema que nos dimos en el 78

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