Desconfianza justificada

Desconfianza justificada

Hoy lunes, aún siendo extraordinario este tercer artículo que rompe mi usual programación semanal, me parece oportuno desarrollar una puntualización que, estoy convencido, será bastante interesante para muchos y puede estimular un debate sugestivo.

Esta mañana publiqué un artículo de un tema, al que ya hice referencia en más de una ocasión: hablo de la conservación del patrimonio de cualquier lugar,más concretamente de la estación de ferrocarril de Martos. Es un lugar histórico para la localidad giennense y por ello merece un trato digno, al menos esta es mi opinión.

En la publicación de mi blog, sin embargo, manifiesto abiertamente el que el edificio en particular no haya recibido la debida atención por parte de las autoridades por muchas décadas, propiciando en el lugar un ambiente favorable al vandalismo y la acumulación de basura. Esta es una realidad inapelable a la vista de cualquiera que haya paseado por la zona.

Uno de mis lectores, al que agradezco sinceramente su comentario, me informa de los planes que se tienen aprobados para el lugar. Aún a pesar de afirmar «… que no tengo idea …», pienso que estoy en mi derecho de opinar sobre el particular, aunque estas opiniones no puedan transmitir más que desesperanza por el futuro de éste patrimonio marteño.

Ciertamente he leido recortes en la prensa anunciando su rehabilitación para ponerla en valor de nuevo. A pesar de todo, mantengo mi desconfianza. Nos es un caso único el de Martos, en muchos lugares suceden cosas parecidas, aunque ésto pueda proporcionar poco consuelo.

Bien sea por que aún carece de presupuesto, bien por que éste es insuficiente para acometer el proyecto, por lo que sea, los plazos suelen ir alargándose, y el interés va decreciendo hasta caer en el olvido.

Las fotografías, realizadas por mi, son de junio de éste año. El vídeo, fue realizado en marzo de 2014. Cinco años median entre unas y otras. La zona sigue deteriorada, llena de basura y en el edificio no se intuye ninguna pista que me invite a pensar que exista una actividad febril ocupada en su rehabilitación.

Siento transmitir este fatalismo, pero mi experiencia vital me ha demostrado que no es inteligente creer en las promesas de los políticos, por bien intencionadas que éstas sean, e independientemente de su signo politico. Celebraré que, al fin, se complete el proyecto y la estación de ferrocarril de Martos vuelva a tener el aspecto que tuvo en sus mejores tiempos, aunque su uso sea diferente; siempre en beneficio de la ciudad. Pero hasta que no lo vea, sencillamente, no lo creeré.

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