Principios de la comunicación y la propaganda política

Principios de la comunicación y la propaganda política

Gran parte del éxito de las campañas de marketing político ha venido dado por un control de los medios de comunicación. A través de ellos, los partidos políticos han podido difundir sus principios ideológicos. En algunos casos extremos, se ha conseguido adoctrinar a la sociedad, orientándolos a un pensamiento único y controlado. No hay más que abrir un libro de historia para verificar ésta afirmación. Inclusive está ocurriendo en la actualidad en pseudo-democracias en Europa.

En éste artículo enumeraré los que se conocen como 11 principios de la propaganda política. Principios que, a día de hoy, son la base de muchas estrategia de marketing.

principio de simplificación y del enemigo único

Este principio consiste en: adoptar una única idea, un único símbolo, e individualizar al adversario en un único enemigo.

La fidelización a una ideología renunciando explicitamente a las demás es un ejemplo típico de éste principio.

Es un principio dificil de conseguir. Es necesario crear una identidad, unos símbolos y unos valores con los que las personas se identiquen totalmente. Con ello se consigue hacer creer que: «todo el que no pertenezca a una ideología particular, es considerado un adversario«.

principio del método de contagio

Es un principio que, en cierta medida complementa el anterior. El individuo no sólo quiere verse identificado con una ideología y unos valores particulares, además engloba a los que no participan de sus valores en una única categoría.

Independiente de que los valores ideológicos de los que son considerados como enemigos puedan ser dispares, teniendo cada uno de ellos virtudes o defectos, serán incluidos de todas formas en una única clase.

Con ello se trata de culpar de todo los problemas algo o a alguién que no comparte una ideología o valores concretos.

principio de la transportación

Simplemente consiste en culpar al adversario político de los errores propios.

Los políticos no están dispuestos a conceder que se han equivocado o que han cometido graves errores durante su gestión. Prefieren persuadir al público objetivo de que el adversario político comente los mismos errores y de que éstos son mucho más graves.

Aunque es una practica muy cínica, es muy común verla en la actualidad en los periódicos o noticias de televisión. Si no es posible negar las malas noticias, es necesario enmascararlas con otras que consigan distraer a la sociedad.

principio de la exageración y la desfiguración

Este principio implica exagerar cualquier anecdota del adversario, por trivial que ésta sea, en un asunto muy grave. Con ello reforzaremos nuestra posición respecto a los que no comparten la misma ideología.

Tratar de inventarse algo, y para algunas ideologías la mentira es un arma política, es arriesgado, pero suele funcionar. Se consigue atribuirle al adversario conductas o pensamientos negativos, discriminatorios, … etc.

principio de la vulgarización

El mensaje que lanzamos a los afiliados o al público objetivo al que esté destinado debe de estar diseñado para que lo entienda, sin dificultad, el menos inteligente de los receptores.

Aunque pueda pensarse que trabajar en mensajes simples y sencillos puede ser contraproducente para personas intelectualmente preparadas, el hecho es que son fácilmente asumidos por la masa.

El marketing en partidos políticios debe entender claramente a quién se le está hablando y diseñar mensajes que pueda entender ese público sin ninguna dificultad, sin necesidad de tener que explicarlos.

principio de orquestación

Es un error tratar de argumentar enumerando múltiples razones para captar votantes cuando, lo más lógico, es focalizarse en las dos o tres razones que animaran al individuo a votar por el partido.

Las campañas que diseñen los partidos políticos deben basarse en un pequeño número de ideas y repetirlas usando diferentes enfoques hasta que el público objetivo las haya interiorizado

Como parte de éste principio, se reconoce el hecho de que: si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad.

principio de renovación

En este principio, de lo que se trata es de no entrar en una batalla dialéctica con el adversario político. Por el contrario, ir lanzando mensajes sucesivos de manera que siempre llevemos la iniciatíva. Hay que lanzar continuamente informaciones o argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el rival político responda, el público ya esté interesado en otra cosa.

Así, conseguimos que cuando los rivales políticos no puedan contrarrestar el ritmo creciente de argumentaciones.

principio de la verosimilitud

Es decir, construir argumentaciones a través de los llamados globos sonda o de informaciones fragmentarias

La credibilidad de nuestros argumentos que apoyan nuestra estrategia política dependerá de que nuestro público objetivo pueda encontrar razones para creerlas.

En realidad cualquier información, por estravagante que sea, puede ser creída si cuenta con la suficiente cobertura en los medios de comunicación. Solo un grupo muy pequeño del público objetivo se tomará la molestia de verificar éstas informaciones o el argumentario, y muchos menos comprobarán si la información en particular es cierta o completa.

principio de la silenciación

Este principio se basa en el sentido común:

  • si una información o argumento no te es favorable, simplemente no le des publicidad
  • si no se sabe qué decir sobre algún tema, mejor estar callado.
  • si no tengo argumentos convincentes para apoyar una afirmación, es mucho mejor no afirmar nada.
  • si la noticia o el argumento favorece al rival, hay que intentar acallarlo o que se le de menor publicidad posible.
  • si no se puede evitar que el rival haga publicidad, intentar que la publicidad propia se encuentre por todas partes solapando la de nuestro adversario político.
  • controlar la forma y el momento en el que los medios de comunicación que son afines publican informaciones sobre el partido.
  • intentar por todos los medios que los medios de comunicación que no sean leales publiquen informaciones sobre nuestro adversario político.

En definitiva: acallar las cuestiones sobre las que no tenemos argumentos convincentes y acallar las noticias en los medios de comunicación que puedan favorecer a los rivales políticos contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

principio de la transfusión

La propaganda suele operar, a menudo, sobre la base de un sustrato preexistente o de un complejo colectivo de odios o prejuicios.

Es mucho más fácil incrementar el interés basandose en estas convicciones culturales o sociales que crear unas nuevas a partir de cero.

Se trata, pues, de hacer una asociación de ideas, tomar prestados unos valores que ya están posicionados y unir mentalmente la ideología política a éstos valores.

principio de la unanimidad

Se trata de crear una falsa percepción de la unanimidad lanzando mensajes que intenten convencer a la gente de que «piensa como todo el mundo«.

Tenemos propensión a escoger una opción si pensamos de que todo el mundo han optado por ésta misma opción. Está comprobado que si situamos a un individuo y le convencemos de que todo su entorno se decantan por una determinada ideología, él sentirá una inclinación natural a alinearse con éstas ideas antes aún de seguir su propía lógica o tener un criterio minimamente crítico.

Conseguir convencer de que a todo el mundo sigue una ideología, unas ideas políticas, o considerar normal una realidad, llevará a los disonantes o excepticos a unirse finalmente a la masa. Los que no participen de éste «pensamiento único», quedarán marginados.

conclusión

Todos estos principios, con casi un siglo de existencia, han tenido éxito en muchos regímenes y han sido empleados ampliamente por muchas organizaciones políticas, manteniendo en la actualidad su vigencia.

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