Hace algunos meses me colé en el interior de uno de estos palacetes que, con el tiempo, acabaron convirtiéndose en casas de vecinos y, más tarde, fueron abandonados. La falta de mantenimiento ha ido deteriorando su aspecto. Si quienes mandaron construir esta casa la vieran ahora, seguro que les costaría reconocerla.

Sus puertas fueron tapiadas para evitar males mayores. Y ahí ha quedado a la espera de que alguna iniciativa ya sea privada o pública sepa volver a ponerlas en valor. Ya me extrañaría. Este tipo de edificios antes o después terminarán por ser demolidos, dando paso a otros más modernos que ocupen su lugar.

Me quedé con las ganas de explorar más a fondo el edificio, curioseando por sus diferentes estancias y patios interiores. Las circunstancias simplemente me lo impidieron. De todas formas, conseguí hacer algunas fotografías que comparto al final de este escrito. Seguro que había sido una experiencia interesante, a pesar del nauseabundo olor que se percibía en la estancia. Sospecho que no habrá otra oportunidad.

No es el único edificio que comparte esta situación de, cuanto menos, deterioro por no decir de completa ruina. Una de estas avenidas que, en su época estuvieron llenas de vida y que en la actualidad se podría afirmar que no viven su mejor momento.

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