Astracanadas del Ministerio de Igualdad

Astracanadas del Ministerio de Igualdad

Ese denominador común de los gobiernos progresistas en España ha sido la creación de ministerios cuya utilidad es más que cuestionable. Más aún, yo diría que totalmente prescindible. Pero ahí están, dispuestos a convertirse en un agujero negro que engulle sin ningún tipo de control recursos que, en un país más sensato estarían destinados a otros fines más productivos.

Que los gobiernos de progreso son máquinas de enriquecimiento de unas élites a costa de la distribución de la miseria para el resto es algo que ya no debería de sorprender. Que mientras que el socialismo -actualmente el social-comunismo de Sánchez e Iglesias- se han ocupado más en promover cuestiones puramente ideológicas antes que focalizar la atención sobre las verdaderas necesidades del país, tampoco es algo que ya nos pille por sorpresa. Ahora bien, en mi humilde opinión, la palma se la lleva el inédito ministerio presidido por la cajera de supermercado aupada de la noche a la mañana a ministra de igualdad.

Desde que la señora Irene está al frente de ese mal llamado Ministerio de la Igualdad, más que otra cosa, ocupado en el reparto de dinero público repartido entre los chiringitos feministas y lobbies lgtbi a partes más o menos iguales, el encargo de absurdos estudios o el cerril empeño por imponer en la sociedad española esa cultura del odio al varón y de la siniestra ideología de género. Ocupaciones más propias de la mente de catetas de pueblo cuya realidad sólamente la perciben a través del prisma de básicos estereotipos o clichés propios de ese género tan patrio de Pajares y Esteso.

No son pocos los desatinos que la primera dama neo-comunista ha protagonizado en la prensa, a cual más estrafalario. Titulares que, sin lugar a duda, generarán vegüenza ajena en las naciones de nuestro entorno. La última astracanada, por centrarse en lo más reciente,  ha sido ese estudio que nos ha costado la no despreciable cifra de casi cincuenta mil euros en el que la frase que mejor lo resume es que el hombre destaca por su tendencia natural en «acercar cebolleta a la mujeres mientras ellas bailan …«. Un juicioso estudio del que, por supuesto, sólo esta generación de feministas tranochadas  están convencidas que supondrá un avance significativo en las libertades sociales y respeto mútuo de los géneros, que duda cabe. Y todo éste espectáculo ante la impresionante  e inexplicable pasividad  de la sociedad española que lo consume con la misma naturalidad con la que yo me tomo una aspirina.

No será la primera y, por desgracia, parece que tampoco la última iniciativa tomada por este inédito ministerio diseñado a medida para ser dirigido por una choni de extrarradio. Hay más bufonadas cuidadosamente registradas en su haber: la sospecha de que el cambio climático es un fenómeno machista que afecta de una manera más intensa a las féminas, la opresión que históricamente han padecido todas las mujeres al preferir el color rosa sobre cualquier otro del arcoiris o su patéticas lágrimas en la celebración de su primer 25-N, sólo por recordar algunas de sus estelares intervenciones.

Por ésto y, seguramente por muchas más cosas que nos queden aún por ver, la XI legislatura de ésta andadura democrática por la que apostó nuestro país hace ya más de cinco décadas pasará a la historia por ser la que estuvo gobernada por ese tragicocómico gobierno de progreso que conseguirá superar de largo a los peores gobiernos en la que, indudablemente, será la época más oscura de la historia de España.

 

No Comments

Post a Comment