Café para todos

Café para todos

La década de los, época en España en la que la transición de un modelo de estado autoritario  a uno que pretendía ser democrático ha pasado a la historia como un momento de reconciliación entre españoles junto a un proceso social y político que pretendía devolver la libertad a toda una nación. Más de cuatro décadas después, no parece que se haya avanzado mucho en la pretendida libertad democrática, más bien todo lo contrario. Tampoco la situación del país, próxima a una balcanización, parece haber mejorado de una manera significativa respecto a los años en los que el general Franco dirigió los destinos de España. Ese proceso de reforma llamado transición aparentemente sólo sirvió para establecer los cimientos de lo, a posteriori, ha sido la ruina del país.

Con la frase de «café para todos» se concedieron autonomías en donde nunca habían existido. Todo para satisfacer los deseos intensamente nacionalistas de vascos y catalanes. Todo un despropósito de concesiones, una tras otra, que bien parece acabará con la desaparición de una de las naciones más antíguas del viejo continente.

Pero de todas éstas concesiones,  la más nefasta de todas ellas ha sido la competencias en educación. Ello ha traido consecuencia no sólo que recientemente se haya prescindido en algunas regiones del español como lengua vehicular, también ha permitido a los sucesivos gobiernos regionales a trabajar en un adoctrinamiento de generaciones enteras que han crecido aprendiendo a odiar todo lo que es español.

Lejos de proporcionar una formación que ayude al país a superar los retos del futuro y progresar entre las naciones más avanzadas del planeta, se ha preferido combatir a los estudiantes que destacan por sus méritos, creando en su lugar a una masa de estudiantes mediocres, sin ningún espíritu de superación. Para colmo de males, los sucesivos planes de estudios nacionales no han contribuido a romper éste despropósito en el que han venido trabajando la administraciones nacionalista sino que, al contrario, han generado más fracaso escolar con niveles, en las escuelas y universidades, más propios de paises tercermundistas que de una nacion, como pretende ser España, ubicada entre las más avanzadas y desarrolladas del planeta.

De ésta manera, poco futuro se augura para España, si no cambian las cosas y de una manera lo suficientemente contundente como para olvidar éste último tercio del siglo XX y lo que llevamos del XXI de democracia.

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