Es una de las entradas al casco histórico de la ciudad de Martos. Como ocurre en muchas otras vías urbanas de la localidad tuccitana, se caracteriza por su empinada cuesta y por sus casas señoriales a uno u otro lado de la vía. Muchas de estas se encuentran en la actualidad en un estado bastante deteriorado, cuando no abandonadas.

Desde aquí es posible iniciar diferentes rutas a través de las cuales conocer el patrimonio cultural, arquitectónico e histórico de la ciudad. Más o menos a la mitad hay unos soportales bajo los cuales, parece ser, hubo habilitados refugios para que los marteños pudieran protegerse en tiempos muchos más convulsos del siglo pasado.

Por esta calle se puede subir caminando, aunque habrá que tener cuidado el peatón pues las aceras son estrechas y dejan poco espacio de separación con el tráfico rodado que circula por allí. Obvio se puede ir en coche. Alguna anécdota hay de conductores de camiones despistados que se dejaron guiar por los navegadores y se quedaron atascados. Os comparto un vídeo publicado en youtube de uno de estos casos.

Al final de esta calle se halla el monasterio de las Hermanas Trinitarias y la iglesia conventual, la fachada lateral del actual consistorio tuccitano en el que se encuentran incrustadas lápidas y columnas de épocas romanas. Y de allí a la plaza de la Constitución en donde encontrarás edificios emblemáticos tales como la Real Parroquia de Santa Marta, la portada del consistorio, la capilla de Jesús o el Casino de la Amistad.

Por cierto que, durante el recorrido, a la derecha quedan algunos restos de la antigua muralla que rodeo la ciudad en épocas pasadas.

Como imagináis, he querido dedicar un artículo a una de las puertas de entrada de la ciudad de Martos, paso obligado para quienes deseen conocer la historia de la villa. Os invito a que compartáis este artículo y me dejéis escrito en la sección de comentarios vuestras opiniones o aportaciones.

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