En esta pequeña localidad cerca de Jaén, sobre el conocido como cerro de San Marcos, en la parte más alta de la ciudad, se erige el Castillo de la villa. Uno más de los varios centenares de fortalezas y torres repartidas por todo el territorio de la actual provincia jiennense.

Su origen datan de la época almohade, durante la ocupación de más de siete siglos de los musulmanes en la Península Ibérica. Más tarde, tras la reconquista, se realizaron reformas de ampliación del perímetro amurallado. Se encuentra dividido en dos espacios bien diferenciados: La Alcazaba y El Alcázar. Empero, en la zona noroeste de la fortaleza se construyó la iglesia de Santa María. Más tarde se le adosaría la que sería la torre-campanario que, aún siendo de nueva planta, quedaría integrada en recinto amurallado.

Cruzando la entrada principal podemos apreciar la hermosa portada gótica ornamentada con los escudos heráldicos de las familias Messia y Guzmán. Esto no es más que un símbolo de la unión de los señoríos de La Guardia con el de Santa Eufemia, El Guijo, El Viso y Torrefranca. Llama también la atención las cabezas de león que flanquean las puertas.

puerta principal del Castillo de La Guardia

Tras su conquista por Fernando III El Santo, como paso previo a la toma de Jaén, siendo parte importante de las defensas de la capital del reino, de ahí viene su nombre. Años más tarde, en 1331, formaría parte del señorío de La Guardia, a cuyo frente estaba la familia Ruiz de Baeza. Durante el reinado de Felipe II, se transformó en marquesado. En esa época se inauguró una gran actividad constructiva que ha legado el estilo renacentista que aún conserva la localidad jiennense.

El Castillo perdió de forma p, su carácter militar y estratégico. Se convirtió, entonces, en un entorno meramente palaciego. Estuvo habitado hasta la misma invasión de las tropas napoleónicas. Su ruina llegó cuando el ejército francés en retirada, tal como hiciera en otros lugares de Andalucía, provocó un fuego que afectó gravemente a la estructura del castillo.

Merece la pena dedicar algunas horas para conocer el patrimonio que aún conserva la ciudad de La Guardia.

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