Entre la localidad de TorredelCampo y Fuerte del Rey, en la provincia de Jaén, se encuentra en lo alto del cerro de San Antón las ruinas de un viejo castillo, quizás uno de los más notables en estas latitudes y cuyo objetivo fue el control del paso entre localidades tan importantes como Andújar, Martos, Arjona o Jaén.

En lo alto de este cerro se han encontrado restos que dan testimonio de asentamientos ibéricos, fundamentalmente romanos e incluso visigóticos. El origen de la fortaleza se cree que fue una obra iniciada en tiempos de la presencia musulmana en la península ibérica. Está datada allá por el siglo XII. Desde la ocupación del territorio por parte de Fernando III durante la reconquista, se acometieron reformas que le dieron al castillo la fisonomía que ha llegado hasta nuestros días.

El origen del actual emplazamiento de Torredelcampo se relaciona con el oppidum ibérico de Cerro Miguelico.

El castillo ha sido escenario de acontecimientos históricos fundamentales en la historia de España. Particularmente, durante el siglo XV. Sin embargo, bien iniciado el siglo XVI, comenzó una progresiva decadencia. De la aldea del Berrueco, próxima al castillo, y en la que existía una pequeña ermita y una escuela, fue abandonándose hasta el actual estado de ruina. Solo quedan en pie algunos almacenes en donde se guardan aperos de labranza y casas cuyos habitantes están dedicados casi por entero a tareas agrícolas relacionadas con el cultivo del olivar.

Alrededor de este castillo circulan algunas leyendas. La más significativa narra como una bandada de cigüeñas volaron en círculo sobre la fortaleza horas después de que Pedro Girón, maestre de la Orden de Calatrava, llegara para pernoctar en él antes de continuar su viaje hacia Segovia. Cuentan que el extraño comportamiento de estas aves sobresaltó a la comitiva y los residentes de la zona. Se consideró un signo de mal agüero. No en vano, días más tarde, en Villanueva de la Rubia, Pedro Girón moriría en extrañas circunstancias.

Se ha tratado de dar explicación a este inexplicable acontecimiento. Algunos abogan por una conjura planeada por el entonces rey Enrique IV, quien ordenó la muerte del maestre tras arrepentirse de haberle ofrecido el casamiento de su hermana. Otros, en cambio, afirman que fue envenenado durante la cena.

Resulta muy interesante, pues, la visita a estas ruinas dada la historia que atesoran y el particular entorno paisajístico que la rodea. Una opción que no hay que dejar pasar para quienes deseen conocer más sobre la historia de España y, particularmente, de la riqueza monumental existente en la provincia de Jaén.

Comparto algunas fotografías de las ruinas de este castillo.

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