Será, sin duda, uno de los templos más queridos y visitados de la ciudad de Cádiz. Ubicado a espaldas de la Catedral y junto al museo catedralicio –antiguo Palacio Episcopal-, es una de las visitas que no hay que perderse cuando paseas por la ciudad.

Esta iglesia tiene una larga historia. No en vano, fue mandada construir por el rey Alfonso X el Sabio, siendo considerada la Catedral de la ciudad hasta bien entrado el siglo XIX. Bajos sus cimientos se han encontrado los restos de un templo visigodo, muy anterior a la actual edificación. Y casi, con toda seguridad, sobre estas ruinas se construyó una mezquita árabe durante el tiempo de ocupación en la península ibérica. Probablemente reutilizarían los materiales existentes, como ha pasado tantas veces en la historia, un edificio anterior para construir sobre él uno nuevo.

La fisonomía actual, empero, ha sido resultado de las reformas y rehabilitaciones que ha sufrido el templo a lo largo de su historia. De hecho, estuvo a punto de desaparecer a causa del incendio provocado por las tropas anglo-holandesas durante su asalto a la ciudad de Cádiz. Quedo prácticamente destruido, habiendo de ser reedificado de nuevo, salvo algunos elementos como la bóveda de la capilla bautismal.

El rey Alfonso X el Sabio mandó construir el templo con la intención de ser enterrado, a su muerte, entre sus muros. Este deseo no llegó a cumplirse dado que, finalmente, recibió sepultura en la ciudad de Sevilla

La iglesia proyecta un sentimiento de sencillez tanto en el exterior como en el interior. Destaca, sin embargo, el magnífico altar de estilo barroco. También llama la atención las capillas en las que se encuentran las imágenes titulares de varias de las cofradías y hermandades más queridas de la ciudad de Cádiz y que más devoción despiertan entre los gaditanos.

Para quienes quieran conocerlo, diré que es uno de los templos que puede visitarse gratuitamente, siendo solo un día a la semana cuando permanece cerrado.

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