Detrás de la gran cruz ubicada en el conocido como cerro de Santa Catalina, junto al castillo de Jaén, hay una leyenda que os quiero narrar en éste artículo.

cruz en el cerro de Santa Catalina en Jaén
cruz en el cerro de Santa Catalina en Jaén

Hacía poco tiempo que el rey Fernando III, El Santo había conquistado la Jaén. Después de entrar en la ciudad, decidió subir a la fortaleza que, no hacía mucho, había estado en poder de los árabes. Una vez arriba, llamó a lugar con el nombre de Santa Catalina.

Llegados al extremo del monte desde donde se podía ver la mezquita que se hallaba en la misma ubicación que ocupa actualmente la majestuosa Catedral de Jaén, uno de los capitanes hincó su espada en tierra, de modo que a primera vista pareciera ser una cruz que dominaría la ciudad. Fue tan solo un gesto que pretendía simbolizar el triunfo de las tropas cristianas. Esto agradó al rey, el cual ordenó que se instalara en el lugar una gran cruz que, a la vez, recordada el dominio cristiano sobre la cercana medina así como la efeméride de su conquista.

A partir de entonces se conservó en el lugar una gran cruz, siendo las religiosas del Real Monasterio de Santa Clara quienes se encargarían de costearla y mantenerla en buen estado.

Sin embargo esta tarea se tornó difícil dado que los proverbiales vientos que soplan en la ciudad la derribaron en repetidas ocasiones. Ello obligó a tener que rehacerlas una y otra vez utilizando tanto madera como hierro. Pasado el tiempo, las religiosas abandonaron esta encomienda siendo el Obispado de la ciudad quien asumiría el privilegio de conservar la cruz del castillo de Jaén.

La diócesis cedió el mantenimiento a la familia Balguerías. En 1950, uno de sus miembros, Eduardo, levantaría la actual cruz de cemento armado que, siglo y medio después, aún sigue instalada en el lugar, resistiendo al paso del tiempo.

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