Paseando por la ribera del río Guadalete, frente a la Plaza de la Pescadería -hoy conocida como Plaza del Carmen– se encuentra un edificio de un indudable valor arquitectónico y, a pesar de ello, en un evidente estado de ruina. Es conocido como la Aduana de El Puerto de Santa María aunque, en estos últimos años ha venido sirviendo a distintos fines hasta que, parece ser, ha sido definitivamente cerrado.

Para plantearse el origen de este edificio, habría que remontarse casi al siglo XVII, momento de gran auge comercial en la ciudad. Por aquella época existían unos terrenos bastante codiciados por su ubicación. Pertenecían a un notable comerciante holandés de nombre Gilberto de Mels. Prescindiré de extenderme en este artículo, remitiendo a quien tenga curiosidad a lo publicado en Dialnet. El caso es que estos terrenos acabaron por diversos avatares históricos en manos de la corona, quien destinó los edificios que se hallaban construidos para distintos fines.

En 1702, tras la ocupación de El Puerto de Santa María por las tropas anglo-holandesas fue incautado la propiedad por la Hacienda Real como represalia a Guillermo Mels, por ser ciudadano holandés

En un momento en el que se resintió la economía local, la Real Hacienda decidió instalar en los terrenos de Mels una fábrica de aguardientes y licores. Precisamente el edificio del que hablo en este artículo. Comenzó a construirse allá por los últimos años del siglo XVIII, inaugurándose en 1799.

fotografia de la antigua Aduana de El Puerto de Santa María y la plaza de la Pescadería
fotografia de la antigua Aduana de El Puerto de Santa María y la plaza de la Pescadería

Tras el abandono de la ciudad por las tropas invasoras napoleónicas, en 1813, la antigua aduana ubicada en la plaza del mismo nombre, pasan a las dependencias de la Real Fábrica de aguardientes. En 1829 se declara a Cádiz como puerto franco, con lo que los servicios de Administración de Rentas Unidas Provinciales se centralizan en El Puerto de Santa María. Aún con todo, se perdieron parte de los patios del edificio aduanero vendidos para ser reconvertidos en las bodegas de los señores Carreras, en 1859.

En este año, dado ya su deplorable estado, fue abandonado, trasladándose las dependencias de la Aduana a la Plaza de la Herrería. Durante estos años se inicia en España un periodo desamortizador. Este afectó a muchos inmuebles del puerto, tanto religiosos como pertenecientes al patrimonio estatal. La vieja aduana no fue una excepción a este proceso. El edificio se subastó siendo vendido por algo más de trescientos mil reales de la época a Críspulo Martínez quien inicia las obras para transformarlo en una casa de alquileres de viviendas y locales comerciales.

Hoy sobrevive siendo un testimonio del esplendor de la ciudad en otra época, aunque se percibe como día a día va sucumbiendo al paso del tiempo. El deterioro en su estructura es algo más que evidente.

Solo me queda compartir algunas imágenes del exterior del edificio y uno de los patios interiores alrededor del cual han vivido hasta hace bien poco algunos vecinos de la ciudad.

Fotografías de la fachada exterior del edificio

Patios interiores del edificio

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