De regreso a un nuevo confinamiento

De regreso a un nuevo confinamiento

La situacion que vivimos actualmente  no invita a ser optimista. Las esperanzas puestas tras finalizar el estado de alarma, antes del verano, no han sido las esperadas. El retorno a una normalidad cotidiana parece aún muy lejos de retornar a nuestra rutina cotidiana. La recesión económica superará con creces las previsiones que se han venido anunciando desde el pasado mes de Junio. El futuro se presenta más incierto que nunca.

Queda palmariamente claro que la nefasta gestión del gobierno de España para hacer frente a ésta crisis sanitaria supera con creces las peores espectativas. Más interesados en imponer cuestiones ideológicas que, por otra parte no debería sorprender a nadie, los perpetúen en el poder, olvidan las necesidades reales de nuestro país. O peor aún: las ignoran.  Su hoja de ruta parece que está claramente trazada.

Visto lo visto, no parece que las medidas que se están tomando inviten a pensar en que ésta segunda ola -que parece inevitable- se afronte con medidas sensatas cuyo objetivo sea el de mitigar en la medida de lo posible sus nefastas consecuencias.

El cáncer de la autonomías no ha contribuido en nada a contener la amenaza del COVID. Tampoco parece que esté preparada para afrontar lo que llegará después. Sólo parecen haber acrecentado enormemente la confusión, la desigualdad, la total ausencia de solidaridad entre los distintos territorios de España.

Parece evidente que sólo sirve para mantener a un número ridículo de políticos, asesores y demás interesados en vivir del dinero publico. Cada día los ciudadanos deben hacer frente a más impuestos y cada vez más altos.

La llegada de esta pandemia mundial ha cambiado la realidad tal y como la conociamos. Parece inevitable adaptarse a una nueva realidad con nuevas reglas y nuevas formas de relacionarse.

Sin embargo, a pesar de que la norma ha sido aceptada por practicamente todos, todavía quedan quienes no están dispuestos a acatar las mínimas normas sanitarias para procurar evitar los contagios.

Es obvio que tanto las autoridades nacionales como las organizaciones internacionales llevan dando durante demasiado tiempo palos de ciego. Se han ido publicando  desde el principio normas que se han contradecido con las anteriores una y otra vez. Que aumente la desconfianza no debería resultar extraño. Pero a pesar de todo, es irresponsable adoptar una postura indolente ante la grave realidad sanitaria tratando de ignorarla. 

Definitivamente parace claro que cuanto antes aceptemos que debemos olvidar como vivíamos antes de la pandemia y adaptarnos a los tiempos que nos toca vivir mejor para todos.

Pero esto no significa que permanezcamos ajenos a la amenaza real del actual gobierno de cercenar nuestras libertades personales.

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