Malos precedentes

Malos precedentes

Los gobiernos socialistas en España se han convertido en sinónimo de recesión económica, mala gestión, subida de impuestos y despilfarro. Los sucesivos ejecutivos han tenido como denominador común el desprecio de las clases trabajadores a las que dice defender.

Aparentemente se cumplió el presagio de Alfonso Guerra cuando afirmaba que: a España no la iba a conocer ni la madre que la parió. La era de Felipe Gonzalez acabó con una profunda crisis económica que elevó las cifras del paro a niveles que no se conocían desde hacía décadas.

La recuperación durante la época -que no la regeneración que necesitaba España para corregir los graves errores cometidos durante la transición- durante el gobierno de Aznar sucumbió dramáticamente aquel 11-M, para quienes no lo recuerdan los atentados de los cercanías en Madrid. Zapatero, al frente de un nefasto equipo de ministros y altos funcionarios iniciaron lo que años más tardes roza prácticamente la balcanización del país, una polarización de la sociedad cada vez más intransigente, políticas sectarias, un ataque a los pilares democráticos y la ruina económica.

A pesar de los esfuerzos por negar e ignorar la realidad de la recesión cuyos efectos ya se dejaban sentir en Europa, sus efectos dejaron más que tocada a la economía nacional. De nuevo una ingenua y acomplejada derecha vino al rescate para recuperar el destrozo que el progresismo había ocasionado en España. De nuevo, no se acometieron las reformas ni se derogaron las leyes promulgadas durante la época de Zapatero.

Durante los dos intervalos de gobierno conservador y, por supuesto, durante las etapas de Felipe Gonzalez y Zapatero, los gobiernos nacionales estuvieron en manos de los chantajes independentistas y de partidos políticos regionales catalanes y vasco. Algo que, como hemos visto en la actualidad, nos llevará a varios intentos de golpes de estado separatistas.

El tercer triunfo progresista en las urnas, de la mano de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, nos ha llevado a una situación catastrófica. La pésima gestión de la pandemia, las decenas de miles de muertos producidos durante el año, los intentos evidentes por tratar de socavar lo poco que queda de democracia, con tintes claramente totalitarios y con una hoja de ruta ideológica alejada de cualquier necesidad del país o de la clase trabajadora a la cuál sigue desprecia. El triunfo de las fuerzas independentistas vascas y catalanas que, ya de facto están desmembrando el país, el acoso a los pocos medios de comunicación libres, por no hablar de censura, se están convirtendo en los principales hitos que marcarán ésta etapa social-comunista.

El socialismo ha destrozado la economía nacional, ha polarizado la sociedad, ha minado la educación, ha abierto las fronteras de par en par a la avalancha de inmigrantes ilegales que llegan a España y otras tantas áreas esenciales para el país. Pero, también hay que decir que los acomplejados gobiernos conservadores representados por el Partido Popular no han sido capaces de revocar las disparatadas legislaciones del progresismo español.

La pregunta es: si cuando el país recupere la cordura y vuelva a invocar en las urnas a ejecutivos más sensatos que trabajen por el país -si es que llega ese día y no acabamos antes en una situación similar a la de Venezuela- los gobiernos sean capaces de librarse de complejos y luchar por la regeneración democrática que España está pidiendo a gritos.

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