Me he pasado toda esta tarde rebuscando entre mis redes sociales algo que pudiera inspirarme para traducir en palabras mi actual estado de ánimo. Al fin he dado con un artículo el cual me ha sugerido la forma en que podría expresarme.

Estos últimos meses no han sido para mí una época que merezca la pena ser recordada. Quizás no es exagerado afirmar que vivo en mis generosas carnes las consecuencias de haber tomado demasiadas malas decisiones en estos últimos años. Amén de frecuentar compañías que no me han aportado nada bueno.

Aún con todo no pienso tirar la toalla frente los reveses de la vida. La extenderé sobre la arena de la playa y me quedaré tumbado encima de ella hasta que el sol llegue a su ocaso. Permanecerá pegada a mí como si se tratase de algún órgano vital o una valiosa parte de mi existencia. No me apartaré de ella por más que el universo se empeñe en hacerme desistir. Pienso mantenerme firme por más que las circunstancias traten de persuadirme de lo contrario.

De una forma u otra dejo claro cuáles son mis intenciones actuales. La vida parece interesada en castigar con dureza mi pasada tozudez a la hora de defender causas que prejuzgué nobles. Lo pensaba entonces y lo hago ahora. Solo ha cambiado en mí la forma de actuar. Más de uno me calificó como traidor y desleal. Y sí que tienen razón. Lo fui, sin duda, pero conmigo mismo. Ahora solo me queda cosechar el fruto de lo que imprudentemente sembré y aprender de mi irresponsable comportamiento.

No hay mejor lección que la de los propios errores. Lo ideal sería no cometerlos. Pero ya no tiene remedio. Lo sensato es no mortificarse. A toro pasado, solo me queda mirar hacia adelante y seguir con mi vida. Ahora bien, ni perdono, ni olvido. Y mucho menos tiraré la toalla.

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