Metáfora del cerrado

Metáfora del cerrado

La realidad que hoy vivimos está cambiando rápidamente. Apenas casi ya no podemos evaluar lo que ocurre en nuestro mundo con los parámetros que veníamos usando hasta ahora. Sin embargo, algo parece que permanece constante: la degeneración de las democracias occidentales en manos de una partitocracia dirigida por mentes cuyo único objetivo es su propia supervivencia. Las decisiones que cabría esperar que tomasen los políticos elegidos en éstas pseudodemocracias no buscan, siquiera ni lo intentan, el bien común. Al contrario, su día a día viene regido por satisfacer las necesidades de la formación política a la que representan.

Sin caer en la simple generalización -pues si que hay algún que otro político honesto plenamente consciente de su responsabilidad y de la transcendecia que tiene para todos sus decisiones políticas-, aparentemente los titulares de los medios de comunicación, o las redes sociales, transmiten otra visión bien diferente: una guerra de intereses, sin el más mínimo escrúpulo hacia quiene quiera que sean los perjudicados.

Crisis sanitaria, crisis social, crisis económica y una más que evidente incapacidad para tomar decisiones coherentes

La crisis sanitaria provocada por la pandemia del covid-19 va mal, muy mal. Parece que se están dando palos de ciego intentando ver si, al menos por azar, se encuentra con una solución que acabe con ésta pesadilla.

En todo éste caos social y con una amenazante crisis económica, posiblemente de una intensidad sin precedentes en la historia de la humanidad, en el circo mediático y politico de nuestro país no se percibe la más mínima intención de unidad entre las fuerzas políticas.

El interés que parecen tener las fuerzas progresitas de retornar a una realidad pretérita, fracasada o un apoyo descarado a los regímenes autoritarios más crueles del planeta, el esfuerzo por desacreditar cualquier iniciativa de una autoridad que no pertenezca a sus propias siglas o la obstinada necesidad de negar cualquier realidad que represente a nuestra nación parece ser el objetivo de las formaciones de izquierda en España.

Frente a ésto tenemos a una derecha más dividida que nunca, ineficaz, enlodada en sus propias querellas internas. Una derecha amordazada por sus propias debilidades y complejos, por su incapacidad de gestionar una oposición real y contundente a éste despropósito que viene ya desde los tiempos de Zapatero.

¿Qué podemos esperar los españoles en éste más que siniestro escenario?. Más cuando algunas iniciativas políticas que devolvieron la ilusión a muchos españoles han caido en los mismos pecado -sino peores- de las formaciones políticas que llevan alternandose en el poder desde hace algo más de cuarenta años.

Aquella generación que llegó con la transición democrática en España ha visto trocadas todas sus esperanzas de futuro en lo que aparentemente parece que podría calificarse como una pesadilla.

Nuevos confinamientos

Muy lejos ya aquellas pretensiones que auguraban un retorno a la normalidad con la llegada de los calores estivales, la realidad ha sido bien distinta. Con la llegada del otoño, el número de contagiados, de enfermos, a pesar de las decisiones que pretenden resistirse a otro confinamiento, quizás más polongrado, crece día a día.

No parece que se encuentre solución al problema. Tampoco que se de una respuesta clara al por qué de estos incrementos tan rápidos de contagios, máxime cuando la realidad en muchas otras naciones de Europa parecen decir lo contrario: un progresivo control de la pandemia y una reducción significativa de contagiados.

Parece que en España algo se está haciendo mal. Y mientras tanto, se pierde el tiempo creándo polémicas artificiales sobre el desalojo de los monjes del Valle de los Caidos o la demolición de la gran cruz que presiden el conjunto monumental. En éso pierden el tiempo nuestros políticos, esforzandose seguramente por desviar la atención de los problemas más acuciantes que se nos vienen encima a todos los españolitos.

¿Qué alternativa queda?. Pues parece que la ocurrencia comunmente aceptada es la de construir cerrados artificiales en donde encerrar a los ciudadanos y privarlos de la normalidad, de la nueva normalidad o de cualquier otra que hubieran conocido hasta ahora. Desposeidos de cualquier minimo derecho de tránsito, de emprendimiento, de trabajo o de quién sabe lo que vendrá en el futuro.

¡Eso si!, tranquilitos, sumisos y bien adoctrinados. Lo ideal para permetuar un régimen que, en cualquier dirección en que mires, se corrompe cada día más. Esto, seguramente, parece lo más preocupante de todo: la sumisión que la población está mostrando ante todo lo que está pasando desde casi comienzos de éste año -por no decir desde los tiempos de Zapatero, Rajoy o el actual pacto de gobierno de Iglesias-Sánchez-.

Si hay un idiota en el poder es porque quienes los eligieron están bien representados

Mahatma Gandhi

Aparentemente una población profundamente ideologizada, incapaz de percibir la realidad tal y como es, no tal y como la pretenden mostrarla los políticos o los mayoritariamente manipulados medios de comunicación/Redes sociales, incapaz del más mínimo sentido crítico, yo diría que está abocada a un desastre seguro.

España se encuentra en una encrucijada histórica. De facto, el país ya casi ha dejado de existir como una nación unida, habiendo territorios que están unidos tan sólo por las cuantiosas cantidades de dinero que el gobierno central regala a cambio de mantener la ficción de una España unida y no de una España ya completamente balcanizada.

Ingenuos son los que piensan que de Europa recibiremos ayuda. Nada más lejos de eso, máxime cuando a las potencias europeas les conviene más una España débil y dividida. De los únicos aliados que pueden proteger nuestra integridad territorial frente a las constantes amenazas de paises norteafricanos, parece que el gobierno nacional no procura cuidar éstas relaciones tan vitales.

Una desastrosas desindustrialización que nos hace, cada día más, depender de la producción de naciones extranjeras, una ausencia de vigilancia de nuestras fronteras, abiertas de par en par a la inmigración ilegal, unos gravísimos deficit de seguridad frente a tragedias como el narcotrafico, una justicia cada día menos independiente, una desprotección de la educación y una ausencia de cualquier valor que nos haga sentir orgullosos de nuestra nación, una sanidad cada día con menos recursos, un sistema autonómico que más que trabajar por un proyecto común está desintegrando a España, por lo hablar de los costes que suponen y que nuestro país no podrá soportar por mucho más tiempo, una economía doméstica que se hunde a ojos vista …. .

Podríamos seguir pero ¿para qué?. Si frente a todo éste panorama, hay una población incapaz de reaccionar como no sea con aplausos durante el estado de alarma o con pequeñas manifestaciones que no sirven absolutamente para nada, sin ánimo de ser pesimista, mal futuro nos espera para los que vivimos el momento y para las futuras generaciones.

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