Nuevo orden mundial

Nuevo orden mundial

A punto de finalizar la segunda década del siglo XXI, la actualidad en el mundo está cada vez más agitada. El año que pasará a la historia como el de la pandemía amenaza con romper la realidad a la que estabamos acostumbrados. Los acontecimientos que se narran diariamente en los medios de comunicación no transmiten otra cosa sino la evidencia de una imposición, sin concesión alguna en el modo de pensar. En la certidumbre de que una minoría de la sociedad trata de subyugar a una mayoría que ya está mostrando signos más que evidentes de que se están socavando los cimientos de sus convicciones.

Una élite de líderes a nivel mundial está promoviendo una particular visión utópica dirigida a moldear a la humanidad fundamentada en sus propios criterios, eliminando a todos aquellos individuos que consideren prescindibles en su modelo, ejerciendo su influencia sobre la población mundial, promoviendo movimientos migratorios de unas zonas del planeta a otras, financiando todo un cosmos de asociaciones o fundaciones con un objetivo claro: el adoctrinamiento de la población, su sometimiento a un pensamiento único y, por supuesto, controlado. Más aún, hacer todo lo necesario sin importarles si con eso amenazan la soberanía e, inclusive, la integridad territorial de muchas naciones. No son pocos los paises y entidasdes políticas supranacionales se están convirtiendo en complices de ésta agenda globalista.

Últimamente, y más a menudo de lo que yo quisiera, me asalta la inquietante duda de si todo éste tinglado de la pandemia mundial, no se trata sino de una fase más de un plan global establecido para desestabilizar a los ya pocos ámbitos nacionales que oponen resistencia a subordinarse al globalismo y a siniestras ideologías como la de género.

Parece que la Unión Europea, más que trabajar por la preservación de una cultura y unos valores propios, pretende más bien renegar de su identidad cultural y cooperar con el movimiento en favor del pensamiento único, de nuevos valores que amenazan con romper definitivamente con los heredados en su larga historia, reescribiendo ésta con el propósito de modelar a una nueva sociedad obediente a una élite que la gobierna, dispuesta a ser sometida a una dictadura que dictamine cómo tiene que pensar, en se qué tiene que creer o cuáles deben ser los valores aceptables, en fin que dirijan todos y cada uno de los aspectos de la vida.

Son poquísimos ya los paises que, en Europa, se resisten a someterse a éste chantaje cediendo su soberanía y la de sus ciudadanos. A pesar de toda la maquinaria puesta al servicio de éste propósito, aún hay líderes y sectores de la población que se niengan a someterse.

Denunciar estas realidades, bajar a la arena política e involucrarse en una lucha para defender una opinión que difiera de la oficial, la identidad del viejo continente se convierte, de facto, en un peligroso juego en el que, como poco, te atribuirán calificativos despectivo y, en el peor, poner en marcha todos los recursos a su alcance hasta conseguir silenciarte.

Creo, sinceramente que, sin una reacción pronta, oportuna y contundente, este lobby globalista acabará por triunfar. La libertad tal y como la conocemos acabará por ser olvidada, reemplazada por la oscura influencia de éste poder en la sombra.

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