Quizás es una de las emociones humanas de más actualidad y más repetidas últimamente. Más aún, promovida desde estamentos políticos, en los que ciertos líderes arengan a sus bases sociales animando a odiar al adversario. No es la primera vez, ni probablemente la última, que algún individuo se deje llevar por estos nocivos sentimientos poniéndolos en práctica contra quien él considera el adversario.

El odio es la venganza de un cobarde intimidado

George Bernard Shaw

Las Redes Sociales se han convertido en el lugar en que, amparándose en un relativo anonimato, se da rienda suelta a los mensajes de odio contra quienes piensan o razonan de forma diferente a la nuestra. Establecer límites en Internet es como poner puertas en el campo. Aún con las medidas que se están tomando -con más o menos sesgo hacía uno de los bandos en litigio- siempre existirá la forma de evitarlas. Tal vez solo la justicia y la imposición de penas severas contra quienes no son capaces de dominarse podría devolver la sensatez en el debate social y político.

El hombre de conocimiento debe de ser capaz no solo de amar a sus enemigos, sino también de odiar a sus amigos

Nietzsche

El odio no es más que una emoción que consiste en desear el mal a una persona. La causa que lo desencadena -apoderándose de la mente del individuo e, incluso, llegando a obsesionarla-, puede venir dada por un nulo control de la ira, envidias o resentimientos. En todos los casos suele existir un denominador común: una afrenta o, tal vez, una situación de desagravio, que se considera injusta y que mueve hacia la venganza. En algún caso, se une a este explosivo coctel la sensación de felicidad que provoca la desdicha de otras personas.

Más se unen los hombres para compartir un mismo odio que un mismo amor

Jacinto Benavente

Este desequilibrio emocional -lo hemos visto en más de una ocasión a lo largo de la historia- puede conducir a una tragedia. Siempre que no se traspase esa línea entre la visión estática y el frenesí que supone desahogarse a costa de la desgracia y el sufrimiento de la persona objeto de odio, todo irá bien. No falta, sin embargo, quien no tiene ningún inconveniente en desfogarse, liberando esa violencia acumulada.

Autores como Nietzcsche afirman que el odio es un arma que sirve para mantener un cierto estado de alerta intelectual. Más aún, en los falsos consensos grupales, solo los aborrecen al antagonista es capaz de actuar con lucidez. Si somos capaces de liberar esa ira que nos provoca una persona o una idea, se convertirá en una emoción puntual. Por el contrario, podemos caer en una espiral de odio crónico que no solo afectará a nuestras relaciones con los demás, llegaría incluso a transformarse en actos violentos.

En mi opinión, seríamos mucho más felices siendo capaces de dominar todas estas emociones, que pueden llegar a ser irracionales en algún caso, y obrar con sensatez, buscando en nuestro interior esa felicidad y paz de espíritu tan necesaria para afrontar con un juicio claro el día a día.

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