Desde pequeños se nos ha enseñado que es censurable el predisponerse a un comportamiento egoísta. Prestarse demasiada atención a uno mismo en tanto que olvidas por completo tener en cuenta a los demás suele ser descrito como una conducta inmoral y antisocial. En la medida en la que te tomas lo anteriormente dicho a rajatabla puede desembocar en que te conviertas en una persona infeliz y frustrada. El darse a los demás, a menudo, no tiene una contrapartida. Sueles dar más de lo que recibes, olvidándote por completo de ti. Y eso te puede llevar a una espiral de desdicha.

No creo que haya duda alguna en que existe una personalidad egoísta insana. Personas que viven obteniendo de los demás lo que desean o quieren. Y para conseguir su objetivo no dudan en utilizar cualquier recurso que tengan a mano. Generalmente conducen a una relación compleja en la que, la persona mangoneada más pronto que tarde busquen vengarse movidos por el rencor o el resentimiento. Estos manipuladores emocionales acaban quedándose solos.

Planteemos esta cuestión desde una óptica diferente. Vamos a considerar el egoísmo con un enfoque positivo. Hablo de la importancia de priorizar nuestra salud física y mental. En definitiva sentirse bien consigo mismo sin que por ello deba acompañarnos un sentimiento de culpa.

Sin duda habría que encontrar el equilibrio justo. Poner en práctica la manida frase que afirma que si quieres ayudar a los demás, primero deberás ayudarte a ti mismo. No parece que esté de más cultivar hábitos saludables. Dedicar tiempo a cuidar de nuestro aspecto personal, a comer de forma sana, de las emociones o poner en práctica hobbies que nos interesan. Probablemente sea el camino para mejorar tu autoestima, liberarte de la ansiedad, sentirte más seguro de ti mismo e, incluso, establecer tus propios límites y saber decir que no sin que esto te genere ningún tipo de emoción negativa.

Todo este cambio en tu forma de pensar y de plantearte la vida, sin lugar a dudas, transformará la relación con los demás. Perseguir nuestra propia felicidad no tiene necesariamente que convertirnos en seres insensibles incapaces de ser conscientes de las necesidades de los demás. Cuando afirmo que es bueno ser egoísta, me refiero a que es necesario dediquemos tiempo a nosotros mismo y prestemos atención a nuestro cuidado personal, sin que por ello terceras personas se vean afectadas. Dicho de otro modo, nunca podremos interactuar de forma saludable y constructiva con los demás si no entendemos de antemano la importancia que tiene mantener una relación sana con nosotros mismos.

Pienso que esta es una interesante cuestión sobre la que merece la pena reflexionar.

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