Que pasó de aquella nueva normalidad que no acaba de llegar

Que pasó de aquella nueva normalidad que no acaba de llegar

Pues habrá pasado ya algo más de un año del primer confinamiento domiciliario a causa de la pandemia. Ingenuamente hemos pensado que ya habíamos superado la crisis sanitaria, sin embargo, la realidad ha sido una nueva cadena de contagios -cada vez más intensas- que nos ha obligado a regresar, otra vez, al aislamiento domiciliario. No parece que esta situación vaya a tener fin, por lo menos a corto plazo.

Las consecuencias ya se están haciendo notar. Quizás lo que más preocupe es la situación económica. La imposibilidad a la que se enfentan las empresas de trabajar con normalidad va a conducir a muchas familias a vivir una situación muy dura. La desesperanza de los jóvenes y desempleados se está haciendo patente. No se intuye un futuro profesional. Ya de formar una familia, pues, creo que una gran mayoría ni se lo plantea. Lo más perentorio es sobrevivir en el día a día.

No parece que el fin de esta crisis sanitaria esté cerca -por mas veces que se ha anunciado, al final se ha llegado a otra cadena de contagios. No parece que los gobiernos occidentales estén preparados para gestionar la pandemia global del COVID-19.

Pero no todo es economía. Las relaciones sociales parece que van a cambiar drásticamente tras esta traumática experiencia. La prácticamente nula posibilidad de salir y relacionarse -algo tan habitual entre los españoles- está cambiando hábitos y actitudes. Los que, seguramente, sean los más perjudicados: las generaciones más jóvenes. Creciendo en un ambiente de miedo, con una mediocre formación a causa de la imposibilidad de acudir a los centros escolares, … . Me pregunto como se relacionarán socialmente o  qué oportunidades laborales tendrán estos niños cuando sean adultos.

Las generaciones más jóvenes tendrán que adaptarse a un futuro diferente al que hemos conocido. La forma de relacionarse y la incertidumbre que se está generando por la pobre preparación academica que están recibiendo será, sin duda, un lastre en su vida como adultos.

Tampoco parece que los causantes de esta crisis sanitaria vayan a responsabilizarse del daño y de las muertes que han ocasionado. El virus chino, como ya se conoce, tuvo su origen en este país asiático. Sin embargo las esperpénticas investigaciones realizadas así como las más que dudosas conclusiones obtenidas no convencen a nadie. Parece que este desastre global va a quedar impune,

El virus chino -como ya se conoce popularmente- tuvo su origen en unos laboratorios del país asiático. Quien sabe si la pandemia fue algo provocado o accidental. Lo cierto es que pas patéticas investigaciones que se están realizando y las conclusiones obtenidas no convencen a nadie. Bien parece que esta tragedia va a quedar impune.

Lo que si es palmariamente claro es el rédito que muchos gobiernos nacionales están sacando de esta gravísima situación provocada por la pandemia. La indisimulada manipulación social -o el experimento social, como muchos ya lo llaman- bien parece que nos está conduciendo a un nuevo modelo de sociedad. Es evidente que ya nada será igual a como lo hemos conocido. Lo más frustrante parece ser una población adormecida incapaz de reaccionar ante esta manipulación orquestada por lobbies internacionales. ¿Nos conducen, quizás, hacia un nuevo orden mundial globalizado que transciende las identidades nacionales tal y como las conociamos hasta ahora?.

Es frustrante ser testigo de una población adormecida e incapaz de reaccionar ante este siniestro experimento social que se está imponiendo aprovechando la coyuntura generada por la pandemia mundial.

Ya publiqué, hace algunos meses, algunas opiniones sobre este tema pensando ingenuamente que el final de esta crisis mundial estaría cerca: (como afrontar el confinamiento sin morir en el intento, la nueva normalidad en la era post-covid, de regreso a un nuevo confinamiento). Ahora me doy cuenta de lo equivocado que estaba. Quiero creer que algún día terminará esta pesadilla. Lo que si tengo claro ahora mismo es que nuestros hijos y nietos no vivirán de la misma forma en que yo lo hice.

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