Como bien sabréis los que seguís mi blog que una de las temáticas más frecuentes es la de compartir las fotografías que realizo con mi cámara de aquellos lugares de interés que visito o mi entorno inmediato. Pocas veces, por no decir casi ninguna, comparto fotografías que no son mías -a excepción, claro está, de las que me sirven para ilustrar los artículos dedicados a mis reflexiones personales-.

Hoy, sin embargo, voy a romper con este hábito. Quiero compartir una fotografía que, en mi opinión, resulta perturbadora. Seguro que nadie en sus cabales desearía ni en la peor de sus pesadillas encontrarse con algo así. Mucho menos experimentar el terror que sentiría vivir como civil en un lugar en el que se esté desarrollando una guerra y que, en el momento más inesperado, un siniestro artefacto similar al que muestro en la imagen pudiera acabar con tu vida.

Prescindiré de contaros cómo llegó hasta mi poder esta fotografía. Tampoco creo que sea imprescindible decirlo. Tan solo diré que no es más que un testimonio de una época pasada en la que una sociedad fracasó en su convivencia enzarzándose en una guerra fratricida. Algo que, sin duda alguna, debería servirnos a las generaciones que vinimos después como una enseñanza de lo que puede llegar a conducir la intolerancia y la irracionalidad.

Pensé en un momento en crear una narración ficticia que girara alrededor de semejante artefacto. Empero, por más que me quedé mirando la imagen, no me inspiraba nada en absoluto. ¿Qué podría decir de un objeto que acabó con la vida de muchos inocentes?.

Mi intención inicial fue la de poner este artículo en la sección que he titulado como: fotografiando mi entorno. Pero, en vista del resultado del escrito, creo que es más apropiado es incluirlo en mis reflexiones personales.

Me conformaré tan solo con compartir la fotografía y esperar que no inspire ningún sentimiento tóxico. Al contrario, me gustaría que sea nada más que una curiosidad que, tras ser liberada de su mortífera carga, sirva para exponer en alguna exposición e invitar a reflexionar a quien la vea de lo afortunados que somos viviendo en una sociedad que resuelve sus problemas con el diálogo y no con la violencia.

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