Un hallazgo inesperado

Un hallazgo inesperado

Uno de los momentos más relajantes para mi es pasear por los pinares de la sierra cercana a mi ciudad. Es fácil llegar allí. Amaneciendo, recorro los senderos abiertos en busca de la fotografía del día. Intentando no perder detalle, buscando el encuadre y el ángulo adecuado.

Durante éstas rutas es corriente encontrar basura abandonada. Alguno que otro con una falta absoluta de civismo la habría dejado tirada. Cuando me es posible -o cuando lo recuerdo- antes de salir de casa, me gusta llevar una bolsa de basura en mi mochila. Así puedo, en la medida de lo posible, recoger  éstos objetos y tirarlos más tarde en algún contenedor.

Aquella mañana, sin embargo, encontraría algo totalmente inesperado. En mis habituales caminatas de fin de semana, llamó mi atención semienterrada en la tierra una pieza de metal de una forma más o menos cilindrica. Lo primero que pensé es que sería  una botella o algún recipiente metálico. Me acerqué para examinarlo más de cerca y con intención de recogerlo.

Me detuvo en seco reconocer en aquella pieza de metal lo que parecía un proyectil. Retrocedí unos pasos consciente del peligro que suponia que esa arma que había permanecido alli, semioculta posiblemente muchísimos años a juzgar por su aspecto oxidado, explorara en aquel preciso instante.

Sin duda que lo primero que había que hacer era olvidarse del paseo y caminar aprisa para dar parte del hallazgo, intentando a la vez memorizar en lugar preciso en el que lo había encontrado.

Durante el camino de vuelta, expeculaba alguna razón que explicara cómo y porqué aquella bomba había llegado allí. Un arma destinada a destruir, permaceción allí cualquiera sabe cuanto tiempo olvidada, testigo mudo de tiempos más convulsos, sin haber llegado a cumplor el propósito para el cuál fue diseñada y construida.

Me pregunto cuántos artefactos de estos habrán quedado postergado en algún lugar recóndito de aquellas sierras. Yo espero que ninguno y, de haberlo, confio en que la imprudencia no acabe haciéndolos estallar y llevandose por delante la vida de algún incauto que no es consciente del peligro que corre.

Sin lugar a dudas, un hallazgo inesperado en aquella mañana de sábado.

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