Un viaje sin equipaje

Un viaje sin equipaje

No sabría decir cuanto tiempo llevo en este lugar ni como he llegado. Permanezco con la mirada fija en el horizonte. Reflexiono sobre lo que dejo atrás. En unos minutos voy a iniciar un largo viaje sin equipaje. No conozco cuál será el destino. Tampoco me preocupa demasiado hacia donde pueda ir. Sin embargo, siento cierta desazón de lo que dejo aquí.

Me encuentro apoyado sobre una barandilla de madera que bordea un río. Apenas puedo ver la orilla de enfrente. Todo está en silencio. Solo se percibe el murmullo de la corriente de agua. Una agradable brisa acaricia mi piel. Me encuentro en una profunda paz. A pesar de ello, no dejo de preguntarme si mi familia, mis amigos conservarán un buen recuerdo de mí. Reflexiono sobre si mi vida ha tenido algún sentido.

A mi izquierda hay un embarcadero de madera que se adentra en el río. Al final hay una pequeña barca. Sé que debo subirme a ella para alcanzar a la otra orilla. No imagino que encontraré allí. Me pregunto si habrá alguien esperando arribe en mi destino. Por ahora aguardaré, no hay ninguna prisa por embarcar. No tengo otro sitio a donde ir, pero esperaré. Aún no ha llegado el momento.

Sé bien que no regresaré jamás a esta orilla. No volveré a ver a mis familiares. Tampoco a mis conocidos, a los que me apreciaron y a los que me despreciaron. Seguiré vivo solo en su memoria. O tal vez, me olvidarán pronto perdiéndome en la bruma del tiempo. Esta es mi única preocupación en este momento.

Miro a mi alrededor. Estoy sentado en la barca. Las pequeñas olas de la corriente balancea suavemente la embarcación. Queda ya muy poco para iniciar mi viaje. Echo una última mirada a esa orilla en la que me asomé tantas veces. Allí quedarán las personas que he conocido a lo largo de mi vida. Muchos otros ya realizaron este viaje. Al menos yo, aún sigo recordándolos.

La corriente me aleja despacio. Esa barandilla sobre la que, a un momento estuve apoyado, cada vez se hace más pequeña. Mi ánimo no se ha alterado lo más mínimo por la partida. Me siento relajado. Tengo una extraña sensación de felicidad a pesar de que no se a donde voy ni si voy a reencontrarme con quienes ya marcharon.

Mis padres, también mis abuelos, me enseñaron que, cuando llegara el momento de emprender este viaje, me reencontraría con de nuevo con mis seres queridos. Allí estarían pacientemente esperando. Me recibirían con alegría. Me acogerían y me llevarían con ellos. Me ilusiona que esto llegue a pasar. Quiero abrazar a de nuevo a mis abuelos. Hace ya muchos años que no los veo. Deseo en lo más profundo de mi ser volver a estar en su compañía. En ese lugar desconocido aguardaré a los que lleguen allí en algún momento futuro. En ello confío.

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