Unos de los símbolos portuenses camino de quedar arrinconado en la memoria

Unos de los símbolos portuenses camino de quedar arrinconado en la memoria

Tal y como describo en el título de esta publicación, uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad de El Puerto de Santa María parece que va camino de quedar arrinconado en la memoria. Paseando por la avenida de la Bajamar, es posible ver entre las rejas lo que resta ya de aquella embarcación. Protagonista de miles de historias personales, también en más de una película, continúa a la espera de que alguien se decida ya a rescatarlo. Pero la realidad es que se sigue dando largas a este rescate. Sea por la razón que sea, ahí sigue esperando en el varadero, a orillas del río Guadalete, con daños en su estructura que, en mi modesta opinión, se me antoja que ya son irreparables.

Me gustaría aprovechar la ocasión para rescatar de mi blog personal dos publicaciones que ya escribí dedicándoselas al vaporcito de El Puerto. La primera de ellas: vaporcito de El Puerto de Santa María, aún era posible colarse en el varadero desde el parking ubicado frente al centro de Salud. Fotografié la embarcación sin haber tenido noticias previas de las causas que lo habían llevado a quedar varado en aquel lugar. Su aspecto era lamentable. Sentí pena al recordar que yo mismo, cuando era niño, había tenido oportunidad de realizar el trayecto desde el muelle hasta el puerto de Cádiz.

Intentando satisfacer mi curiosidad, no me fue difícil encontrar artículos de prensa en los que narraban el accidente que provocó el hundimiento de la embarcación. Recogí esa información en otra publicación de mi bitácora: pasado y presente. Ya no era posible acceder al varadero, por lo que las imágenes con las que ilustre el escrito las realicé desde la valla. Intentando esquivar la profusa vegetación propia de la época primaveral, allí seguía cada vez más deteriorado.

Algo se ha hablado desde entonces en algunos medios de comunicación sobre la intención de rescatarlo del triste destino al que todo apunta que se encamina. Proyectos los ha habido de todo tipo: desde restaurarlo e instalarlo en una de las muchas rotondas existentes en la ciudad como ornamentación, hasta convertirlo en un centro de interpretación abierto a todos. No sabría decir si la burocracia entorpece estos proyectos, la dejadez y desidia de políticos y administraciones públicas, la falta de acuerdo con los legítimos propietarios o, tal vez, la crisis sanitaria que le jugó una mala pasada a lo que tiene todos los visos de un nuevo malogrado rescate.

Me pregunto si, por fin, se hiciera algo para darle una segunda oportunidad, ¿qué es lo que podría conservarse de la embarcación original?. La madera -la estructura entera- aparenta haber sufrido los efectos de su abandono. Si al menos sirviera de aleccionador ejemplo de por que la ciudad debe esforzarse por conservar su historia, su patrimonio arquitectónico, artístico y cultural y no permitir que la negligencia o dejación de las autoridades permitieran que se repitiera, de nuevo, algo parecido, algo se habría ganado.

Dudo mucho, empero, que se haya aprendido nada. Sólo es necesario darse un paseo por las calles de El Puerto para apreciar la poca atención que se ha prestado a la conservación de la llamada ciudad de los cien palacios. Edificios en ruinas -algunos de ellos con un trasfondo histórico- se muestran con sus muros descarnados y en una situación de ruina más que evidente. Algún que otro intento de restauración ya se ha hecho, eso es cierto. Lo que también es indudable es que no ha sido suficiente.

vaporcito del puerto y el testimonio de su lenta decadencia hacia lo que es más que evidente que es una dificil recuperación por sus irreparables daños
vaporcito de El Puerto de Santa María

Mucho me temo que, cada vez, está más cerca la hora en que tengamos que despedirnos de una manera de definitiva del vaporcito. Sólo nos quedarán las imágenes en cintas históricas, las coplillas de alguna chirigota o las fotografías que se han ido publicando en redes sociales en las que se da testimonio de su lenta decadencia.

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