Volver la vista hacia atrás y preguntarse: ¿valió la pena?

Volver la vista hacia atrás y preguntarse: ¿valió la pena?

Va ya casi para un año que tome la dificil decisión de pedir la baja de VOX, de un proyecto social y político en el que desembarqué hace ya más de cinco años en mi patria chica de Jaén y en el que seguí colaborando prácticamente a jornada completa en Cádiz. Se dice pronto, algo así como tres años ocupando la responsabilidad de vicesecretario provincial de comunicación.

Tuvimos que afrontar muchas campañas electorales -así de convulso ha sido el panorama político en España en los últimos años- a sabiendas que no nos jugabamos nada, tan sólo ser espectadores de cómo las fuerzas políticas consolidadas de nuestro país se repartían diputados, senadores o concejales. Estuve contribuyendo con mi tiempo, mi dinero y mi trabajo a edificar éste proyecto en la provincia de Cádiz. Y lo hice con mis aciertos y mis errores hasta que mis circunstancias personales unidas al clima que se generó dentro del partido, las discrepancias, los enconados enfrentamientos se hicieron irreconciliables. Siendo consciente de que ya no se me permitía aportar nada, ni generaba en mi la ilusión con la que participé desinteresadamente en él durante tanto tiempo, creo que fue la opción más sensata.

Pasados ya unos meses en los que, tras de haber intentado seguir aportando algo al proyecto político de VOX, esta vez desde un humilde portal digital de información que opté por cerrar con la certeza de que ni siquiera éste trabajo era apreciado, decidí olvidarme definitivamente de todo. La palabra más apropiada para describir éstos momentos quizás sea la de desilusión, pero no por los valores que defendí durante tantos años, más que nada por el proceder de una parte del equipo humano que gestiona la sucursal de la formación política en la provincia gaditana.

Volviendo la vista atrás, reflexionando sobre todos los acontecimientos que fueron jalonando mi participación en el partido durante todos éstos años, en todas mis decisiones personales, no encuentro razones para no sentirme orgulloso de mis aportaciones. Me impliqué totalmente, aún a costa de desatender mi vida personal y laboral. Si algo tengo que lamentar es precisamente ésto: poner por delante los intereses del partido antes que los míos propios. Y eso, sin duda, lo he pagado muy caro. Lamento ésto y mi tremenda ingenuidad al pensar que éste nuevo proyecto político vendría acompañado de renovadas actitudes, diferentes a las que nos tenían acostumbrados los partidos políticos, con una vocación de servicio y no como un trampolín desde el que vivir de la política. Me equivoque también con ésto.

En contrapartida, tuve ocasión de participar en una revolución en la vída política de España cuyo resultado ha sido una docena de diputados autonómicos -actualmente el número se ha reducido- más de cincuenta diputados en el Congreso de los Diputados y un buen número de concejales repartidos entre las principales ciudades de la provincia de Cádiz. Sin duda yo estuve allí, yo participé en éste éxito, trabajé me involucré en un proyecto en aquel momento muy ilusionante. Fui testigo, en primera fila, de los actos públicos que se organizaron aquí en Cádiz, en Madrid con el evento de VistaAlegre, en Sevilla, … en fin, del proceso que convirtió a VOX en el partido que actualmente participa activamente en las instituciones locales, regionales y nacionales. Sin lugar a dudas, fueron momentos emocionantes, intensos, enormemente ilusionantes.

Si hubo discrepancias, no fue con el partido, ni con los líderes nacionales, ni con las ideas y valores que defendí durante muchos años. Si las hubo fue con aquellas personas cuyo compromiso desinteresado con el partido no era tan firme como ellos mismos presumían. Muchos de ellos pensaron erroneamente que haber estado durante la larga travesía previa a que VOX alcanzara relevancia en el panorama político les garantizaría una  recompensa. Y para complicar todo aún más, se abrieron las puertas de par en par todos aquellos oportunistas que se acercan a la política en el momento justo y en el lugar adecuado, sin exponerse ni estigmatizarse con los calificativos de «fascistas» o  de «extrema derecha«. Una forma de actuar que yo jamás he compartido ni nunca he sido capaz de hacerlo. Los admiro por su habilidad, un ingenio que yo nunca he tenido, un comportamiento que no puedo justificar ni aceptaré jamás.

En el último año la convivencia entre los componentes fue dificil, muy dificil. La certeza de que en las próximas elecciones quizás se obtuvieran resultados cambió por completo las actitudes de algunos de los miembros del partido.

En general un mal ambiente de trabajo se impuso sobre lo que en otra época fue amistad y compañerismo. Estas intensas desavenencias generaron facciones dentro de la formación que provocaron no pocos problemas. La competencia por posicionarse generó disputas internas. Para colmo, la llegada de candidatos de mano de la dirección nacional del partido creó aún más malestar y discordias entre unos y otros. Estoy convencido de que, al menos, uno de los germenes de que el ambiente de trabajo se degradara rápidamente fueron precisamente éstas circunstancias.

Todo éste mal ambiente afectó profundamente mi salud. Por éste motivo, traté de ir delegando áreas que me descargaran de trabajo.

Durante mi etapa como vicesecretario tuve algunos encontronazos con algunos responsables que estaban por debajo de mi en el organigrama. Creo recordar que mi intuición me engañó sólamente en un caso: Antonio Gallardo, su capacidad de trabajo y su compromiso con el partido quedó más que demostrado.. En el resto de las personas en las que desconfié o, simplemente, desaconsejé que permanecieran en sus responsabilidades a la dirección provincial acerté de pleno. Uno tras otro crearon graves problemas al partido y, quizás por denunciar con demasiada vehemencia estas situaciones, recibí a posteriori calificativos tan difamatorios: dejar las cunetas llenas de cadáveres o desmoralizar al equipo, por citar sólo algunos de ellos.

Uno de los personajes protagonistas durante mi última etapa en el partido fue Ana María Ros. La conocí en San Fernando, de la mano del actual congresista y concejal Carlos Zambrano. Me la presentó como una oportuna candidata para hacerse cargo de las redes sociales en la localidad isleña. Sin duda ha sido uno de los personajes del partido más profundamente odidados y admirados. Merecería todo un artículo para hablar sobre ella, tanto de lo positivo como de lo negativo, una persona que sin duda ha ejercido una influencia positiva en mi, estoy convencido de ello.

Su llegada al partido fue providencial para mi. Si algo tengo que decir de ella es que sus profundos conocimientos en marketing, en redes sociales, su increible vitalidad su capacidad resolutiva ante cualquier problema fue una bocanada de aire fresco para mi. En el momento en el que el partido requería de un especialista en comunicación con habilidades que superaban las que yo poseía en ésta área fue, sin duda, ella. Fue el pilar en el que se asentaron los éxitos de VOX en la provincia. Gran parte de los logros conseguidos fueron mérito suyo. Y es una realidad dificil de obviar, a pesar de que muchos que vieron frustradas sus aspiraciones se nieguen a hacerlo. A Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar.

Reconociendo sus méritos personales y profesionales, y habiendo compartido muchos momentos de trabajo juntos, y durante varios procesos electorales, no todo fue un lecho de flores. Debo reconocer que no siempre estabamos de acuerdo con todo. A pesar de ello, y siendo coherente con mi máxima de que al partido no se viene a hacer amigos … traté de ignorar esas pequeñas desavenencias, al menos mientras trabajé con ella. Además, supongo que a ella mi carácter tampoco le resultaría fácil soportarlo, sobre todo por que es innegable que nuestras personalidades son muy diferentes.

Cuando, finalmente, asumió el cargo de vicesecretaria de comunicación, y a pesar de que muchos traten de negarlo, los éxitos continuaron con brillantez. En mi opinión, cometió errores y entró en un juego que era completamente innecesario a la vista de sus cualidades profesionales. En cualquier caso, es algo que a mi ya no me concierne. Intercambiamos en alguna ocasión nuestras respectivas opiniones entre su forma de trabajar y cómo lo habría enfocado yo. Pero la responsable y quien debía tomar las decisiones era ella, fueran buenas o malas. Lo innegable es que el partido alcanzó los objetivos marcados.

Los últimos confusos y convulsos acontecimientos que se han ido sucediendo en el partido, y el que el denominador común en todos ellos era Ana María, han provocado que los últimos tiempos en el partido hayan sido difíciles. Queda por ver cuál será la continuidad de VOX en Cádiz y si éstas realidades afectarán o no al partido en las próximas elecciones.

 

Durante estos últimos meses, he intentando guardar silencio sobre toda esta experiencia, sobre las buenas y también sobre las malas. Quizás ésta publicación no es más que un epitafio de mis vivencias dentro de un proyecto al que me acerqué sin tener ninguna experiencia previa, convencido -aún lo estoy-, ilusionado y con la certeza de que estaba trabajando por una causa justa.

En el proceso, quedé maltrecho, frustrado, desilusionado pero aún manteniendo mis convicciones personales, los valores que me unían a VOX. Fue una experiencia muy intensa. Pero, también, con el convencimiento de que va a ser dificil que me vuelva a involucrar en algo parecido. Y si lo hago, por supuesto no será firmando una carta en blanco como lo hice en su momento, lo haré asegurándome que mis contribuciones sean apreciadas y valoradas.

A la pregunta de que si estoy arrepentido, diré que no. En todo caso, me arrepiendo de haber confiado de algunas personas que no merecieron ni mi amistad ni mi ayuda. Pero como se suele decir: el conocimiento de los hombres no va más allá de su experiencia.

1 Comment

  • Anaroski

    noviembre 23, 2020 at 9:55 pm Responder

    Buenas noches Antonio. Muchas gracias por las palabras que me dedicas en este artículo que me ha encantado.
    Dices que he cometido errores por supuesto, el más grande de todos ellos ha sido no haber sido capaz de volverte a ilusionar para que sigas aquí con nosotros.

    Seguramente que algo habré hecho mal en este sentido y seguiré reflexionando para ver que puedo hacer, porque soy muy cabezona.

    Lo que si te puedo decir es que si bien es cierto que al partido no se viene a hacer amigos para mí ha sido un gran honor haberte conocido y considerarte amigo mío.

    Un fuerte abrazo.

Post a Comment