las cruces
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Entre las laderas de la Sierra de San Cristóbal se esconde un rincón poco conocido y cargado de memoria. Dos columnas solitarias flanquean un viejo camino de tierra. Hace décadas, cada una coronaba una cruz de hierro. Hoy solo quedan los fustes y los pedestales. Marcan el antiguo límite entre los términos municipales de El Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera, en el paraje conocido como Puerto de las Cruces.

Este pequeño “puerto” resume siglos de historia compartida. Habla de pleitos por lindes, de vinos que bajaban al Guadalete, de caminos reales hacia Cádiz y de la lenta desaparición de una ruta que unió a diario ambas ciudades.

Origen del camino entre Jerez y El Puerto

La conexión entre Jerez y la bahía se remonta a la Edad Media. Los historiadores documentan ya entonces un “camino de Sidueña” que cruzaba marismas y arroyos en dirección al Guadalete. Un amojonamiento de 1434 menciona este camino en la dehesa de los Buhedos de Garciagos, cerca del arroyo Guadajabaque.

Durante los siglos XVI y XVII, los comerciantes del vino se quejan sin descanso del mal estado del camino de El Portal. El tránsito de botas hacia el embarcadero resultaba lento y peligroso. Parte del negocio se escapaba hacia otros puertos de la bahía, como El Puerto de Santa María y Sanlúcar.

En el siglo XVIII la presión crece. El incremento de las exportaciones de vino desde el embarcadero de El Portal obliga al cabildo jerezano a proponer un nuevo camino carrozable. En 1754 la Corona aprueba un programa de obras públicas que incluye “la construcción de un camino desde la ciudad al Puerto de Santa María, del que partiría un ramal hasta el embarcadero del Portal”.

De esa iniciativa nace el arrecife o Camino de Sidueña. El cabildo envía en 1755 al ministro de Gracia y Justicia de Fernando VI un plano detallado del “camino proyectado llamado de Zigüeña, desde la ciudad de Xerez al término de la ciudad del Puerto de Santa María”, con una calzada que baja al Guadalete para carga y descarga de mercancías.

El 5 de abril de 1755 comienzan las obras. El historiador Bartolomé Gutiérrez relata cómo el rey autoriza la venta de 450 caballerías de baldíos para financiar el proyecto. El corregidor, el marqués de Alcocebar, y varios diputados supervisan los trabajos. El cabildo celebra la conclusión del arrecife y del muelle de El Portal el 23 de septiembre de 1757, coincidiendo con el cumpleaños de Fernando VI.

El camino parte de la Puerta del Arroyo, atraviesa las antiguas playas de San Telmo, sigue hacia El Portal, cruza el Guadalete y remonta por el olivar de Cartagena hasta el arroyo Mata Rocines. Un puente de sillería salva el cauce. Desde allí el trazado asciende hasta un pequeño collado en la Sierra de San Cristóbal: el futuro Puerto de las Cruces, donde el camino entra ya en término de El Puerto de Santa María.

Poco después, este mismo trazado se integra en el Camino Real de Madrid a Cádiz y se convierte en la primera gran ruta carrozable entre Jerez y El Puerto.

El “Puerto de las Cruces” y la frontera entre términos

En ese collado de la Sierra de San Cristóbal, junto a los actuales accesos a los depósitos de agua, el Camino Real alcanzaba el límite entre los términos de Jerez y El Puerto. Entorno a Jerez describe el lugar como un pequeño puerto natural en el que el camino corona la loma y desciende hacia la bahía.

Allí se levantan dos columnas sobre pedestales de piedra, una a cada lado del camino. Las fuentes señalan que estas columnas marcaban de forma visible el cambio de jurisdicción municipal. El paraje adopta así el nombre de Puerto de las Cruces.

El topónimo encaja con otros muchos “Puertos de la Cruz” o “Puerto de las Cruces” de la geografía gaditana, donde cruces de piedra o de madera señalaban collados, pasos de montaña o lugares de especial importancia en la red de caminos.

Origen de las columnas coronadas por dos cruces

Las columnas del Puerto de las Cruces se alzan en la ladera sur de la sierra. Betilo, asociación de defensa del patrimonio de El Puerto, destaca que un documento expositivo sobre una fotografía de 1956 indica que marcaban “los límites entre los términos municipales de Jerez y el Puerto de Santa María” y que las autoridades las levantan en la Edad Moderna “a causa de los numerosos pleitos sobre la demarcación entre ambas poblaciones”.

No conocemos el nombre de un promotor individual. Las investigaciones apuntan a una decisión institucional. Todo indica que los cabildos de Jerez y de El Puerto, o la Corona a través de sus representantes, acuerdan fijar sobre el terreno la frontera discutida. Las columnas, con sus cruces de hierro, actúan como mojones solemnes, visibles desde lejos, en un punto clave del Camino Real.

Entorno a Jerez precisa que, una vez terminado el camino de Sidueña, el arrecife continúa desde el Puerto de las Cruces hacia Sidueña y desde allí desciende hasta El Puerto de Santa María. Las columnas se sitúan exactamente donde finaliza el tramo proyectado por el cabildo jerezano y comienza el término portuense.

Las cruces desempeñan así una doble función. Por un lado, marcan el límite administrativo. Por otro, señalan un paso estratégico en la red viaria que conecta Jerez con su “puerto” de El Portal y con el puerto marítimo de El Puerto.

Quién las mandó levantar y con qué propósito

Las fuentes coinciden en el contexto, pero no en los nombres propios. El texto de Betilo habla de “Edad Moderna” y vincula las Cruces a pleitos por linderos entre Jerez y El Puerto. Los autores de Entorno a Jerez recuerdan el carácter oficial del proyecto del camino de Sidueña, impulsado por el Ayuntamiento de Jerez y aprobado por la Corona.

Resulta razonable interpretar que las columnas nacen de esa misma lógica institucional:

  • el camino tiene carácter público y estratégico;
  • el collado marca un cambio de jurisdicción;
  • los pleitos por la línea de término generan tensión entre ambas ciudades.

La solución pasa por fijar físicamente la frontera. Los cabildos pactan el punto y lo resaltan con dos columnas rematadas por cruces de forja, un símbolo cargado de significado religioso y jurídico. No se trata de un simple mojón de piedra. Funciona también como recordatorio de la autoridad de cada ciudad a uno y otro lado del camino.

Del Camino Real al abandono del trazado histórico

Durante décadas, el Camino Real por San Telmo, El Portal y el Puerto de las Cruces constituye el principal eje entre Jerez y El Puerto. Gente del Puerto lo define como “el primer camino carrozable entre ambas poblaciones”, trazado en el siglo XVIII precisamente para evitar la dura cuesta de Matajaca. Además, señala que a comienzos del XIX la primera carretera nacional de Madrid a Cádiz sigue este mismo itinerario.

A mediados del XIX, los proyectos de mejora viaria se multiplican. El puente de Mata Rocines, en el mismo arroyo que cruza el camino de Sidueña, se refuerza para soportar el tráfico creciente. Entorno a Jerez explica que el puente original del XVIII da paso, ya en el XIX, a una obra de mayor entidad, sobre la que se apoya la carretera nacional.

En la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, los ingenieros trazan nuevos itinerarios más directos entre Jerez y El Puerto. Gente del Puerto subraya que la carretera que cruza el puente de Matarrocines termina por “desplazar definitivamente” al camino que bajaba por El Portal.

Más tarde, la construcción de la N-IV y de la autopista entre Jerez y la bahía margina aún más el viejo Camino Real. El trazado por San Telmo, El Portal y el Puerto de las Cruces queda relegado a vía secundaria, y en muchos tramos se convierte en simple carril de servicio o camino rural.

En la práctica, el abandono como ruta principal se produce de forma gradual:

  • primero deja de ser Camino Real;
  • después pierde el papel de carretera nacional;
  • finalmente queda absorbido por la red de caminos agrícolas y accesos a infraestructuras como los depósitos de la sierra.

Estado actual de las Cruces

Pese al retroceso del camino, las Cruces resisten. Entorno a Jerez destaca que aún se conservan las dos columnas sobre sus pedestales, aunque faltan las cruces de forja que coronaban los fustes y que dieron nombre al paraje.

Betilo compara una fotografía histórica de 1956 con imágenes recientes. La entidad confirma que las cruces metálicas desaparecieron y que solo permanecen “como mudos testigos” las columnas de piedra.

Hoy el lugar se integra en un paisaje de matorral, viñas y caminos de tierra en la ladera sur de la Sierra de San Cristóbal, cerca de los accesos a los depósitos de agua. El entorno mantiene un fuerte valor paisajístico. También conserva restos de otras infraestructuras históricas, como el puente de Mata Rocines asociado al Camino Real y al acueducto de Tempul.

Las columnas muestran huellas de erosión, pérdidas de material y ausencia total de elementos de protección. Forman parte de ese patrimonio “menor” que rara vez entra en catálogos oficiales, pero que explica como pocos la historia del territorio.

Un rincón para imaginar la antigua frontera

Quien se acerca hoy al Puerto de las Cruces ya no escucha el traqueteo de las carretas ni el bullicio de los arrieros. El camino es un carril de tierra. El tráfico se ha desplazado a pocos kilómetros, por la autovía y la carretera moderna.

Sin embargo, basta detenerse entre las dos columnas para leer el paisaje. Al norte se intuye la traza del viejo camino de Sidueña que venía de Jerez. Al sur se abre la bajada hacia la bahía y hacia El Puerto de Santa María. Entre ambas direcciones, una frontera histórica que las Cruces recuerdan con discreción.

Ese es quizá su mayor valor actual. No solo cuentan una historia de pleitos y lindes. También hablan de la antigua relación entre Jerez y El Puerto, de la importancia de los caminos en la economía del vino y de cómo pequeños hitos de piedra pueden fijar, durante siglos, la memoria de una línea invisible sobre el territorio.

las cruces
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columna a un lado del camino
columna a un lado del camino
columna al otro lado del camino
columna al otro lado del camino

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