fuente de los albarizones
fuente de los albarizones

La fuente de los Albarizones, a las afueras de Jerez de la Frontera, parece una simple fuente rural junto a la carretera. Sin embargo, detrás de sus caños y de su frente de piedra late una historia larga. Habla de la sed de una ciudad, de viejas obras hidráulicas y de aguadores que caminaban hasta aquí cada día.

Un manantial en tierra de albariza

El topónimo Los Albarizones alude al blanco de los suelos de albariza. Ese mismo blanco define una amplia campiña situada al sudeste de Jerez, cerca del río Guadalete y del monasterio de la Cartuja. En ese entorno aflora un importante acuífero, conocido en la bibliografía hidrológica como Montealegre. La fuente de los Albarizones se alimenta de ese nivel de arenas cementadas que asoma en el llano de Caulina.

Los catálogos andaluces de manantiales sitúan la fuente a unos 3 kilómetros de Jerez, junto a la carretera hacia Los Barrios y muy próxima a la Cartuja. La describen como un punto de agua muy antiguo, ligado a un manantial que brota al pie de una ladera suave. Durante siglos, ese manantial se conoció también como “fuente de la Alcubilla”, nombre que recuerdan los inventarios históricos y las fichas técnicas.

Origen: captaciones andalusíes y una ciudad sedienta

El agua sube aquí a la superficie desde época islámica. Un documento técnico de la Junta de Andalucía define la fuente de los Albarizones como un punto de origen árabe, situado en las proximidades del monasterio de la Cartuja. En la Edad Media, Jerez crece protegida por sus defensas, pero sacrifica la cercanía a buenos manantiales. La ciudad se apoya sobre todo en pozos interiores, con agua de calidad discutible y alto riesgo de contaminación.

Los estudios sobre el abastecimiento medieval describen una ciudad literalmente “sedienta”. El Cabildo intenta una y otra vez traer agua limpia desde fuentes del término. Encarga proyectos a maestros e ingenieros de prestigio. Sin embargo, casi todos los intentos fracasan por falta de recursos, por problemas técnicos o por sequías que complican las obras.

En ese contexto, la zona de Montealegre y sus afloramientos de manantial cobran importancia. Entre ellos destacan Pedro Díaz y la Alcubilla/Albarizones, mencionados como puntos de agua de mejor calidad que los pozos urbanos.

La obra del siglo XVI: canalizar el agua hacia Jerez

A mediados del siglo XVI, el Ayuntamiento de Jerez decide apostar de forma decidida por el manantial de Los Albarizones. Las fuentes documentales sitúan en torno a 1543 el descubrimiento y la organización de las antiguas captaciones de origen andalusí. Desde entonces el Cabildo impulsa una conducción que lleva el agua desde esta zona hasta las inmediaciones de la ciudad.

Los regidores financian la obra y contratan a maestros de albañilería y cantería. La conducción llega hasta un aljibe extramuros conocido como La Alcubilla, muy próximo a la actual Ermita de Guía. Se trata de la primera traída estable de agua de manantial hacia Jerez. Crónicas y estudios modernos subrayan este logro como el único proyecto de abastecimiento que prospera en el siglo XVI, frente a muchos otros que quedan en papel.

En este sistema, la fuente de los Albarizones cumple un papel doble. Funciona como punto de captación en el campo y también como abrevadero y lugar de carga para aguadores y campesinos. A la vez, alimenta por gravedad los depósitos y fuentes urbanas de La Alcubilla y, más tarde, la fuente de San Telmo. Investigaciones recientes sobre proyectos hidráulicos del XIX recuerdan que este manantial mantuvo durante siglos esa función de “origen” de las aguas que bebía la ciudad.

Forma y arquitectura de una fuente rural

La fuente se organiza hoy como una obra de piedra adosada al terreno. Un frente rectangular recoge el agua que brota del manantial. Un caño sencillo vierte el chorro a una pila, que se prolonga hacia los lados en forma de abrevadero para animales. El conjunto se apoya en un pequeño ensanche junto al camino y mira hacia la campiña de albariza.

Los inventarios de manantiales la clasifican como “fuente rural” y “abrevadero”, asociada a un caudal muy bajo. Indican un acceso sin dificultad y un uso público limitado, más ligado a la memoria y al paisaje que al abastecimiento cotidiano. Esta ficha técnica refuerza la idea de que nos encontramos ante una obra hidráulica sencilla, pero estratégica, que articula campo y ciudad.

La remodelación de 1944: de infraestructura a monumento

En el siglo XX, Jerez afronta nuevos retos de abastecimiento y proyecta la gran traída de aguas de Tempul. En paralelo, el Ayuntamiento cuida algunos manantiales históricos como elementos de identidad. En este contexto, el arquitecto municipal Fernando de la Cuadra interviene sobre la fuente de los Albarizones en 1944.

De la Cuadra refuerza su carácter monumental. Levanta un gran frente de piedra labrada, organiza el paramento con pilastras y relieves y corona el conjunto con remates piramidales. En el centro coloca el escudo de Jerez, tallado en arenisca. El blog especializado Entorno a Jerez destaca precisamente ese escudo como uno de los ejemplos más singulares de la heráldica municipal en el paisaje rural jerezano.

La intervención cambia por completo la percepción de la fuente. El manantial deja de ser sólo un punto de agua útil y se convierte también en un hito visual en la entrada del término. La piedra dialoga con la blancura del suelo y con las líneas del viñedo cercano. La obra enlaza así la tradición hidráulica del XVI con el urbanismo planificado de la posguerra.

Aguadores, flamenco y memoria popular

La historia de la fuente no se entiende sólo desde la ingeniería. Los estudios sobre la vida cotidiana en el Jerez preindustrial describen la figura del azacán, el aguador que sacaba agua de pozos y fuentes cercanas a la ciudad y la vendía en plazas como Plateros. Cada día, carros y bestias recorrían el camino desde los manantiales del término.

La tradición flamenca sitúa aquí uno de sus relatos más célebres. Muchos autores recuerdan a Tío Luis de la Juliana, cantaor mítico del siglo XVIII, como aguador de oficio. La memoria oral lo presenta llevando agua desde la fuente de los Albarizones hasta Jerez. Esa imagen aparece en estudios sobre cante jondo y en análisis de la poesía flamenca que lo citan como “niño-aguador ambulante, hondo abuelo del cantar”.

De este modo, la fuente entra también en el imaginario del flamenco. No sólo sirve agua. Inspira coplas, configura paisajes sonoros y aparece en ilustraciones y fotografías de aguadores que se detienen bajo su frente de piedra. Algunas publicaciones recientes sobre la historia del abastecimiento urbano reproducen estas imágenes como símbolo del Jerez anterior a Tempul.

Estado actual y valor patrimonial de la fuente de los albarizones

Hoy la fuente de los Albarizones forma parte del inventario municipal de inmuebles de Jerez como bien de titularidad pública. El documento la localiza a pie de la carretera Jerez-Algeciras y la vincula expresamente al antiguo trazado de infraestructuras hidráulicas de la ciudad.

Los registros de manantiales y las campañas de divulgación la señalan como “monumental fuente de los Albarizones” y la incluyen entre los cinco enclaves más representativos del patrimonio hídrico jerezano, junto al manantial de Tempul o la laguna de Medina. Organizaciones ambientales y grupos de estudio del Guadalete la incorporan además a rutas y proyectos de sensibilización, conscientes de su valor como punto de contacto entre el río, la campiña y la ciudad.

El caudal del manantial resulta hoy muy escaso. Los técnicos hablan de aguas que brotan con dificultad y de presiones sobre el acuífero por cambios en los usos agrícolas y por nuevas captaciones cercanas, como las Minas de la Cartuja. El agua ya no abastece a la ciudad ni sostiene el oficio del aguador. Se reserva, cuando fluye, para usos menores de riego o abrevadero y, sobre todo, para la memoria.

Quien se acerque hoy a la barriada rural de Los Albarizones encontrará una fuente que resume varias capas de historia. Bajo sus sillares laten captaciones andalusíes. Sobre su frente de piedra se lee un escudo diseñado en pleno siglo XX. Entre ambos tiempos se abre una larga cadena de caminos, aguadores, leyendas flamencas y proyectos hidráulicos que hicieron posible que Jerez bebiera, por fin, agua de manantial. La fuente ya no sacia la sed física de la ciudad. Satisface, en cambio, una sed distinta: la de comprender el territorio y reconocer en él un patrimonio que une paisaje, historia y cultura.

fuente de los albarizones
fuente de los albarizones
heraldica en el frontal de la fuente
heraldica en el frontal de la fuente

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