olivo milenario en Castillo de Locubín
olivo milenario en Castillo de Locubín

Cuando uno se acerca a Castillo de Locubín, el paisaje habla antes que el propio pueblo. Lomas cubiertas de olivos se suceden sin pausa. La provincia de Jaén reúne más de 66 millones de olivos. Forma el mayor “bosque humanizado” de olivar del mundo y la capital mundial del aceite de oliva. En este extraodinario entorno natural se esconden más de un olivo milenario.

En la Sierra Sur, este mar verde ocupa casi toda la tierra cultivada. Cooperativas y pequeñas explotaciones familiares mantienen un modelo olivarero intenso pero muy ligado al territorio. En medio de esas fincas, algunos árboles llaman la atención. No solo por la producción. También por la edad, el porte y la historia que sugieren sus troncos retorcidos.

Uno de esos árboles vive en el paraje de La Meloja, a las afueras de Castillo de Locubín. Los vecinos lo conocen como “el olivo milenario”. No hay placa oficial ni centro de interpretación. Solo un árbol enorme, una finca de labor y una carretera comarcal que pasa a su lado.

La Meloja: un paraje olivarero con nombre propio

La Meloja se encuentra muy cerca del núcleo urbano. Es un paraje agrario que combina olivares, pequeñas explotaciones y las instalaciones de la cooperativa olivarera SCA Agraria San José, que figura en la documentación de Dcoop con dirección en “Paraje de la Meloja s/n, 23670 Castillo de Locubín”.

El paisaje tiene la estética típica de la Sierra Sur. Bancales de olivos sobre suelos arcillosos y calizos. Caminos rurales que conectan cortijos y almazaras. Y, de vez en cuando, algún gigante vegetal que rompe la monotonía de las hileras.

Entre los contenidos divulgativos sobre oleoturismo en la zona, varias publicaciones y redes sociales destacan un gran olivo a pie de carretera, cerca del acceso a Castillo. Lo muestran como ejemplo de los árboles monumentales que aún se conservan en este término municipal. En este contexto se sitúa el olivo milenario de La Meloja.

Un olivo que nace en varios troncos

Las fotografías y testimonios describen un árbol de copa muy ancha y tronco complejo. El olivo arranca desde una sola base, pero pronto se divide en varios brazos gruesos. Algunos se inclinan hacia el suelo. Otros se elevan con fuerza y sostienen una copa densa, que da sombra a buena parte de la embocadura de la finca.

Las raíces afloran en la superficie. Forman nudos y relieves que recuerdan a otras especies viejas, como encinas o alcornoques centenarios. La corteza ya no es lisa. Presenta oquedades, grietas y retorcimientos que delatan muchas décadas de podas, heladas y cosechas.

No existe, de momento, una ficha técnica pública que recoja datos exactos de perímetro, edad estimada o volumen de copa. Ningún estudio dendrométrico aparece en los catálogos oficiales. La denominación de “milenario” nace del propio territorio. Los especialistas saben que el olivo (Olea europaea) puede vivir siglos y, en condiciones favorables, superar ampliamente el milenio.

La comparación con otros olivos datados en la cuenca mediterránea refuerza esa idea. En Cataluña o el Maestrat, por ejemplo, olivos con perímetros similares se han fechado en más de 1.500 años. En Jaén no se ha medido con la misma precisión cada ejemplar, pero la fisonomía del árbol de La Meloja encaja con esos grandes veteranos.

Castillo de Locubín y sus árboles monumentales

El olivo de La Meloja no vive solo. El término de Castillo de Locubín ya figura en rutas y publicaciones sobre olivos singulares de la provincia. La web Esencia de Olivo, dedicada al oleoturismo jiennense, recoge el caso del Olivo de la Era de la Zarza, situado junto a la carretera local que une el municipio con la N-432. Lo describe como un árbol monumental de unos nueve metros de altura y un tronco que alcanza varios metros de perímetro.

Otros artículos y rutas de senderismo destacan que este olivo produce todavía centenares de kilos de aceituna en campaña y se ha convertido en parada habitual para viajeros y fotógrafos.

El caso de la Era de la Zarza demuestra algo importante. En Castillo de Locubín no solo se cultiva el olivo como recurso económico. También se empieza a mirar a ciertos ejemplares como patrimonio natural y cultural, con valor por sí mismos.

El olivo milenario de La Meloja encaja en ese mismo patrón, aunque aún no aparezca en los listados de árboles singulares. Forma parte de un paisaje agrario vivo, pero también de una memoria colectiva que se reconoce en estos gigantes vegetales.

Un árbol dentro de la vida cotidiana del olivar

El olivo de La Meloja se integra en una finca privada ligada a la familia y al trabajo agrícola. No se trata de un árbol aislado en un jardín histórico. Convive con las labores diarias del campo:

  • La recogida de la aceituna, cuando las cuadrillas colocan los mantos bajo la copa.
  • Las tareas de poda, que buscan equilibrar producción y conservación.
  • El tránsito de tractores y remolques hacia la cooperativa cercana.

Este uso cotidiano no resta valor al árbol. Al contrario. Muestra cómo el olivo milenario sigue cumpliendo su función productiva mientras ofrece un plus paisajístico y simbólico.

En las últimas décadas, la Sierra Sur ha empezado a impulsar experiencias de oleoturismo que combinan visitas a almazaras, catas de AOVE y recorridos por olivares singulares. Asociaciones de desarrollo rural y entidades públicas presentan estas actividades como una manera de diversificar la economía local y reforzar el vínculo entre el visitante y el paisaje del olivar.

El olivo de La Meloja encaja muy bien en ese tipo de propuestas. Permite explicar, a pie de campo, cómo un árbol puede sostener al mismo tiempo producción, historia y belleza.

Olivos monumentales: por qué importa conservarlos

Especialistas en árboles monumentales y viveros dedicados a olivos de gran porte insisten en el valor de estos ejemplares. No solo destacan su tamaño o su edad. También su papel como pequeños ecosistemas, refugio de fauna y memoria viva del paisaje agrícola mediterráneo.

En Jaén, iniciativas de divulgación sobre “olivos singulares” recuerdan que cada ejemplar de este tipo ayuda a:

  • Mantener el paisaje tradicional del olivar.
  • Aumentar el atractivo turístico de zonas rurales.
  • Conectar a las nuevas generaciones con la cultura del aceite más allá del producto.

El olivo de La Meloja contribuye a ese relato. Muestra la continuidad entre el pasado agrícola y el presente. Habla de familias que cuidan la misma tierra durante siglos. Y ayuda a comprender que Jaén no solo se mide en toneladas de aceite, sino también en árboles concretos, con nombre y apellidos.

Un cierre entre sombras de olivo

El olivo milenario de La Meloja no tiene cartel oficial ni bar con terraza al lado. No necesita muchas palabras. Su tronco habla con cicatrices de podas antiguas. Sus ramas muestran cómo el olivar de Jaén aguanta sequías, heladas, guerras y cambios tecnológicos.

Castillo de Locubín forma parte de ese mar de 66 millones de olivos que aspira a reconocimiento mundial.mercacei.com+2Diario ABC+2 El árbol de La Meloja añade un matiz humano. Recuerda que, detrás de cada hectárea de olivar, hay historias concretas. Y que algunos árboles merecen que nos detengamos un momento, dejemos el coche a un lado y escuchemos lo que cuentan sus raíces.

olivo milenario en el paraje de La Meloja - fotografía cortesía de María Pulido
olivo milenario en el paraje de La Meloja – fotografía cortesía de María Pulido
tronco enraizado en milenios de crecimiento
tronco enraizado en milenios de crecimiento
ramas que han sido avareadas por generaciones en este paraje de Jaén
ramas que han sido avareadas por generaciones en este paraje de Jaén

Visitas: 227

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí