reducto de San Judas
reducto de San Judas

Aquí, donde la marisma manda y la sal dibuja el horizonte, nació el Reducto de San Judas. Lo levantaron para cerrar el paso por los caños de Sancti Petri. Lo armaron con artillería que cruzaba fuegos con San Pedro y Los Ángeles. La Isla de León defendió desde aquí su frontera de agua en los años decisivos de 1810–1812. El reducto actuó como bisagra entre la guerra y las salinas. Mezcló fango, mimbres y piedra ostionera con pólvora y disciplina.

Hoy, el polvorín y las huellas de su planta aún cuentan historias. El viento trae ecos de guardias, de mareas vivas y de salineros que aprovecharon sus muros. Este artículo recorre su origen, su propósito y su papel en la defensa de San Fernando. También reúne anécdotas, explica su declive y describe su estado actual. Una visita a San Judas no sólo mira ruinas. Lee un paisaje que unió estrategia y oficio.

Origen y emplazamiento

Nació en pleno asedio gaditano (6 de febrero de 1810–24 de agosto de 1812). Se integró en la “primera línea” que cerró los pasos de marea hacia la Isla de León, aprovechando la defensa natural de caños y marismas. Ese contexto explica su trazado adelantado y su coordinación con otras posiciones del sector de Sancti Petri.

Se asentó en la orilla fangosa del caño de Sancti Petri, dentro de la Salina de los Ángeles. Ocuparon una pequeña ensenada entre las baterías de San Pedro y Los Ángeles, con frente a las bocas de Bocasquilla y del caño de Chiclana. La ubicación permitía dominar el cruce de caños y negar el paso hacia la Isla del Vicario.

La Junta de Andalucía identifica el inmueble como “Polvorín de la Batería de San Judas” y lo sitúa expresamente en el entorno del caño de Sancti Petri/Salina de los Ángeles dentro del Sitio Histórico del Legado de las Cortes y la Constitución de 1812 (BIC). Esa ficha oficial fija su referencia y protege el enclave y su paisaje salinero inmediato.

Como otras obras avanzadas del sector, lo levantaron con materiales del medio. Emplearon fango compactado y sal, con fajinas al exterior y refuerzos interiores de madera y barricas. Por eso hoy pervive sobre todo el polvorín: planta rectangular, muros de piedra ostionera y cubierta abovedada con respiraderos.

Quién impulsó su construcción y cuándo

Las obras de fortificación en La Isla se aceleraron desde diciembre de 1809. El jefe de escuadra Francisco Javier de Uriarte dirigió el refuerzo de baterías, reductos y cortaduras en Gallineras y Sancti Petri. En ese programa se encuadra San Judas, que ya operaba en 1810 dentro del dispositivo que frenó el avance francés.

Propósito táctico

Cerró el paso por los caños. Controló el cruce entre Bocasquilla y el caño de Chiclana desde una posición adelantada. Coordinó tiro cruzado con San Pedro y Los Ángeles para negar cualquier intento de vadeo hacia la Isla del Vicario. Así formó un tapón artillero en la primera línea de defensa de la Isla de León.

Su misión principal: barrer el canal a lo largo. Enfiló el caño de Sancti Petri y hostigó posiciones enemigas cercanas. Alcanzó el molino de Montecorto y la batería de Villa, y desorganizó puestos inmediatos. Ese fuego longitudinal impedía asentamientos de pontones y baterías flotantes en los estrechos.

El armamento respaldó esa táctica. Montó ocho piezas: cuatro cañones de a 24 para tiro de barrera y cuatro de a 12 para respuesta flexible. En 1823 volvió a operar con cuatro bocas de fuego cuando el frente volvió a tensarse. La combinación de calibres permitió cubrir distancias cortas y medias en un paisaje de mareas y fango.

El entorno natural hizo de aliado. Marismas, caños y corrientes estrecharon los accesos y forzaron al enemigo a entrar en embudos bajo fuego cruzado. San Judas aprovechó esa geografía y la integró en el sistema defensivo bahía-adentro.

Cómo era el reducto de San Judas

Tuvo planta trapezoidal. Lo construyeron con fango y sal. Forraron el exterior con fajinas y reforzaron el interior con barricas. Montó ocho bocas de fuego: cuatro cañones de a 24 y cuatro de a 12. Aún se reconoce el polvorín: planta rectangular, muros gruesos de piedra ostionera y cubierta abovedada con respiraderos.

Papel histórico

Durante el asedio de 1810–1812 sostuvo el frente de los caños. Integró la “primera línea” junto a sus baterías vecinas y a los puestos de Gallineras. Volvió a armarse en 1823, durante la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis, aunque ya con cuatro piezas. El reducto mantuvo entonces su función de hostigar el paso por el caño.

Anécdotas y escenas de vida

Tras la guerra, el polvorín siguió útil. Lo aprovecharon los salineros y los cultivos marinos. A su lado quedaron bombas hidráulicas para manejar los niveles de agua de la salina. Sobre el terreno aún se ven cimentaciones, restos de muros y los fondos de tres tinajas que guardaban agua potable para la dotación. Los viejos sillares de ostión llegaron a “viajar” a otras obras de la zona.

Del auge al declive del reducto

Terminó el asedio y cambió la tecnología militar. La línea de caños perdió sentido estratégico. A mediados del siglo XX, rellenos y movimientos de tierras taparon parte de su planta. La extracción de piedra aceleró el deterioro. Así empezó la larga decadencia del reducto.

Estado de conservación y protección

Hoy pervive el polvorín y la base del reducto. El inmueble figura en la Guía Digital del IAPH como “Polvorín de la Batería de San Judas”. Forma parte del Sitio Histórico del Legado de las Cortes y la Constitución de 1812, declarado Bien de Interés Cultural por la Junta de Andalucía (Decreto 51/2012, BOJA 15/03/2012). El PGOU de San Fernando recoge además restos de cimentación y solería de esta batería.

Por qué importa el reducto de San Judas

San Judas explica la defensa de La Isla con una arquitectura hecha de lo que la marisma brinda: fango, sal y mimbres. Muestra el ingenio táctico de 1810 y el pulso de la industria salinera que prolongó su vida. Es un testigo humilde, pero clave, del asedio que alumbró las Cortes y la Constitución de 1812.

Cómo verlo hoy

Se alcanza por los senderos del Carrascón y la vuelta de afuera, en plena marisma. El entorno conserva el paisaje salinero y el carácter de frontera natural que dio sentido a San Judas. El polvorín muestra grietas y pérdidas de fábrica. Conviene respetar cerramientos y no acceder al interior. Se visita mejor con marea media y calzado adecuado.

reducto de San Judas
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patrimonio histórico de la localidad de San Fernando
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superviviente de la guerra de la Independencia en España
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fortificaciones históricas en la ciudad de San Fernando
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