guardiana del guadalquivir
guardiana del guadalquivir

Cruzar el puente de Andújar significa pisar un suelo codiciado durante siglos. Iberos, romanos, visigodos y musulmanes pelearon por este enclave. No fue casualidad. La ciudad ocupa una posición privilegiada en el valle medio del Guadalquivir.

Los datos confirman su importancia histórica. Fue cabeza de un reino de taifa, sede de la firma de las capitulaciones de Bailén en 1808 y hoy custodia el Parque Natural más emblemático de la provincia. Andújar fusiona la fuerza de la sierra con la riqueza del aceite. Aquí, el patrimonio no se esconde en vitrinas; se respira en cada calle de su casco antiguo, declarado Bien de Interés Cultural.

Orígenes: entre el mito y la arqueología

La identidad de Andújar encierra una paradoja histórica fascinante. Aunque sus habitantes portan con orgullo el gentilicio «iliturgitanos», la arqueología moderna ha reescrito el mapa. Las fuentes oficiales confirman que la antigua ciudad ibera y romana de Iliturgi no se encontraba bajo el suelo de la actual Andújar, sino en el cerro de Maquiz, cerca de Mengíbar.

La verdadera antecesora romana de Andújar fue Isturgi.

Isturgi y la industria del Imperio (Los Villares)

A pocos kilómetros del actual casco urbano, en la pedanía de Los Villares, duerme un gigante de la historia económica romana. Allí se asentó Isturgi. Las excavaciones arqueológicas en este yacimiento han revelado una de las mayores factorías de cerámica de la Península Ibérica.

Durante el siglo I d.C., los hornos de Isturgi produjeron toneladas de terra sigillata hispanica (la famosa cerámica roja de mesa). Sus alfareros estamparon miles de piezas que viajaron por todo el Imperio. Isturgi no era solo una ciudad; era un motor industrial a orillas del Betis.

El nacimiento de Andújar: 853 d.C.

Si Isturgi fue el motor económico romano, la Andújar actual es hija de la estrategia militar islámica. El casco histórico que hoy pisamos no tiene una fundación romana, sino musulmana.

Los textos históricos mencionan el nombre de Anduyar por primera vez en el año 853. Fue el emir Muhammad I quien ordenó fortificar este enclave. Necesitaba controlar el valle y proteger a la población de las revueltas internas y los ataques externos. Así nació la ciudad medieval: como un hisn (fortaleza) infranqueable.

El trazado laberíntico de sus calles y los restos de muralla almohade (siglo XII) certifican este origen. Andújar, por tanto, es el resultado de un traslado: la población bajó de los cerros y se movió de la antigua ciudad industrial romana hacia la nueva plaza fuerte islámica para dominar el río definitivamente.

Un papel histórico decisivo

Andújar consolidó su estatus como pieza clave en el tablero geopolítico del sur de España tras la caída del Califato. Su control garantizaba el dominio sobre la entrada al Valle del Guadalquivir, lo que la convirtió en un objetivo prioritario para la Corona de Castilla.

El año 1225 marcó el gran punto de inflexión. El rey Fernando III «El Santo» incorporó la ciudad a la cristiandad mediante un pacto con el gobernador almohade, evitando un asedio destructivo. Esta anexión transformó a Andújar en un baluarte fronterizo fundamental. La ciudad operó durante décadas como punta de lanza logística para el avance de las tropas castellanas hacia el Reino Nazarí de Granada. Los reyes la dotaron de fueros y privilegios para asegurar su repoblación y defensa, conscientes de su valor militar.

La estabilidad de la Edad Moderna trajo consigo una revolución urbanística y social. Durante los siglos XVI y XVII, la ciudad vivió su particular Siglo de Oro. Una poderosa oligarquía local, encabezada por linajes como los Cárdenas o los Valenzuela, invirtió sus rentas agrarias en piedra y arte. Estos nobles levantaron los palacios, conventos y torres que hoy definen el casco histórico. Andújar dejó de ser solo una plaza fuerte para convertirse en una urbe señorial que rivalizaba en influencia con otras capitales del reino.

Siglos más tarde, la Guerra de la Independencia devolvió a la ciudad al primer plano de la historia europea. En 1808, el general francés Pierre Dupont estableció en Andújar su cuartel general antes de enfrentarse a las tropas españolas. Aunque las armas sonaron en la vecina Bailén, la diplomacia tuvo su sede aquí. Las famosas Capitulaciones de Bailén se firmaron el 22 de julio de 1808 en la Casa de Postas de Andújar. Este documento certificó la primera derrota en campo abierto de un ejército de Napoleón y otorgó a la ciudad el título de «Muy Noble y Muy Leal».

La riqueza económica: de la arcilla al aceite

La historia económica de Andújar nace ligada a la geología del valle del Guadalquivir. La abundancia de arcillas de alta calidad en las riberas del río propició el primer gran motor de riqueza local durante la dominación romana. Los talleres de Isturgi funcionaron como un auténtico complejo industrial. Sus artesanos estandarizaron la producción de cerámica terra sigillata y aprovecharon la navegabilidad del antiguo río Betis para la exportación masiva. Andújar no solo abastecía el mercado local; sus vasijas y platos viajaban en barco hasta los puertos principales del Mediterráneo, integrando a la ciudad en las grandes rutas comerciales del Imperio.

El paso de los siglos desplazó el foco económico desde el torno del alfarero hacia el trabajo de la tierra. La fértil vega del Guadalquivir permitió durante la Edad Moderna una agricultura diversa y pujante, donde el cereal y los cultivos industriales como el algodón o el lino compartían espacio con la vid. Sin embargo, la especialización agraria terminó por imponer el monocultivo del olivar. La expansión de este árbol transformó el paisaje y la economía. Andújar se consolida hoy como una de las mayores potencias productoras de aceite de oliva del mundo. Las cooperativas y almazaras locales procesan millones de kilos de aceituna picual cada campaña, convirtiendo este «oro líquido» en el pilar fundamental del Producto Interior Bruto municipal.

Pero la economía iliturgitana no vive solo de la agricultura. La Sierra de Andújar aporta un valor añadido único a través del aprovechamiento cinegético y forestal. La ciudad ostenta el título de Capital de la Montería, atrayendo cada temporada a un turismo internacional de alto poder adquisitivo que dinamiza la hostelería y los servicios. Paralelamente, la biodiversidad del Parque Natural ha fomentado una industria apícola de excelencia, situando a la miel de la sierra como un producto gourmet muy demandado.

En la actualidad, la ubicación estratégica de la ciudad ha redefinido su vocación comercial. El paso de la autovía del Sur (A-4) por su término municipal ha convertido a Andújar en un nodo logístico e industrial de primer orden para la provincia de Jaén. Los polígonos industriales acogen empresas que aprovechan esta conectividad para la distribución de mercancías a nivel nacional. La ciudad ha sabido evolucionar: mantiene sus raíces en la tierra y el aceite, pero mira al futuro apoyándose en la industria de transformación y el sector servicios.

Andújar en la actualidad

Hoy, Andújar actúa como cabecera de comarca y polo industrial. Su ubicación junto a la autovía A-4 la convierte en un centro logístico de primer orden en la provincia de Jaén. Mantiene un equilibrio difícil pero exitoso: impulsa la industria moderna mientras protege su joya natural, el Parque Natural Sierra de Andújar, el último gran refugio del lince ibérico.

Patrimonio Histórico: qué no te puedes perder

Explorar el casco histórico de Andújar equivale a leer las capas de la historia de España en sus fachadas. La monumentalidad de la ciudad refleja la riqueza que acumularon sus nobles y la importancia estratégica de su ubicación. El itinerario comienza inevitablemente sobre el agua.

El Puente Romano actúa como la gran puerta de entrada. Sus catorce ojos salvan el cauce del Guadalquivir y conectan la ciudad con la campiña. Aunque la tradición lo atribuye al periodo del emperador Septimio Severo, la estructura actual responde a profundas reformas medievales y modernas. Este viaducto garantizó durante siglos el cobro del pontazgo, un impuesto fundamental para las arcas locales. Su robustez ha resistido las históricas crecidas del río y sigue siendo el símbolo de la ingeniería civil iliturgitana.

Ya en el entramado urbano, la Iglesia de Santa María la Mayor domina el espacio. Este templo sintetiza la transición artística andaluza. Sus constructores levantaron el edificio sobre los restos de la antigua mezquita aljama, aprovechando su orientación. El visitante atento observará el diálogo entre la solidez del gótico en su estructura y la delicadeza del renacimiento en su portada. Sin embargo, su mayor tesoro permanece resguardado en el interior. Una de las capillas custodia el lienzo La Oración en el Huerto, obra firmada por El Greco. La presencia de este cuadro certifica el poder de mecenazgo que ejercieron las familias locales en el siglo XVI.

A poca distancia se alza la Iglesia de San Miguel, otro gigante de piedra que compite en majestuosidad. Su torre, de aspecto militar y robusto, recuerda que en esta frontera la fe y la defensa iban de la mano. El interior sorprende por la amplitud de sus naves y la riqueza de su retablo barroco. Este edificio ejemplifica la arquitectura gótica isabelina, muy frecuente en la zona tras la conquista cristiana, y destaca por la armonía de sus proporciones espaciales.

La arquitectura civil rivaliza con la religiosa. El Palacio de los Niños de Don Gome representa la cumbre del poder nobiliario. Su fachada de ladrillo y piedra, flanqueada por torreones defensivos, impone respeto al viandante. La portada principal exhibe con orgullo la heráldica de los linajes propietarios, proclamando su estatus social. El edificio funciona hoy como sede del Museo Arqueológico y permite admirar un patio interior de columnas toscanas que estructura toda la vivienda.

El legado defensivo islámico también pervive entre las construcciones modernas. Los lienzos de la Muralla Almohade y el Torreón de la Fuente Sorda atestiguan el pasado de Andújar como plaza inexpugnable. Estas fortificaciones de tapial (tierra compactada) protegieron a la población andalusí ante el avance de los reyes castellanos y hoy se integran en el tejido urbano como cicatrices de la historia.

El patrimonio de Andújar trasciende la ciudad y conquista la sierra. En la cima del cerro más alto se encuentra el Santuario de la Basílica de Nuestra Señora de la Cabeza. El edificio actual es fruto de la reconstrucción llevada a cabo por la Dirección General de Regiones Devastadas tras su destrucción total durante el asedio de la Guerra Civil en 1937. Este lugar no es solo un centro de peregrinación para la romería más antigua de España; es un icono etnográfico que vertebra la identidad cultural de toda la comarca.

El Santuario de la Virgen de la Cabeza

No podemos hablar de Andújar sin mirar a la sierra. En el Cerro del Cabezo se alza el Santuario de la Virgen de la Cabeza. Acoge la romería más antigua de España. Más allá de la fe, este lugar representa la identidad cultural de toda una región y fue escenario de un asedio dramático durante la Guerra Civil Española.

Andújar resume la historia de Andalucía: romanos emprendedores, árabes constructores, reyes cristianos y nobles renacentistas. Todos dejaron su huella en esta tierra de olivos y granito.

¿Conocías la distinción entre Isturgi e Iliturgi? Te leo en los comentarios.

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