En el Barrio Alto de El Puerto de Santa María sobrevive una de esas piezas pequeñas que suelen pasar desapercibidas. Está en la calle Meleros, número 8. Corona el dintel de una vivienda popular. Representa a Santa Clara. Su tamaño es modesto. Su valor histórico y simbólico, no. Betilo la ha identificado como una escultura de medio cuerpo colocada sobre la entrada de la casa, y el planeamiento municipal incluye el inmueble entre los edificios con Nivel IV de Protección Ambiental.
Un origen doméstico y devocional
Las fuentes consultadas no fijan autor ni fecha exacta para la pieza. Sí permiten entender su origen. No parece una obra concebida para un gran programa artístico ni para una fachada monumental. Betilo la describe como una obra sencilla, de escasa calidad artística, pero con fuerte sabor popular. Además, la interpreta como testimonio de la devoción que los dueños de la vivienda tuvieron hacia la fundadora de las Clarisas. Esa lectura encaja bien con su emplazamiento. La imagen nace del ámbito doméstico. Sale a la calle. Y convierte la puerta en un lugar de memoria religiosa.
Santa Clara tenía un lugar propio en la memoria portuense
La elección de Santa Clara no fue casual ni ajena a la ciudad. Su nombre y su culto dejaron una huella clara en El Puerto. Betilo recuerda que la ermita de Santa Clara, vinculada a la implantación franciscana en la ciudad a comienzos del siglo XVI, es la única de las quince ermitas documentadas por Hipólito Sancho para esa centuria que aún se conserva. La misma asociación sitúa su fundación en el contexto de la llegada de los franciscanos en 1517 y recoge la fecha de 1519 para el inicio de su construcción. A ello se suma otro dato significativo: la web oficial de Turismo señala que el antiguo convento de San Miguel Arcángel de las Clarisas Capuchinas conserva una imagen de Santa Clara sobre la portada del acceso al compás. En otras palabras, Santa Clara ya formaba parte del paisaje devocional portuense.
Por qué está en el dintel de la puerta
La clave está en la función del arte religioso callejero. Betilo explica que estas manifestaciones servían para sacralizar el espacio público, promover el culto, proteger el entorno inmediato y exhibir la devoción de los propietarios. En el caso de Meleros 8, la colocación sobre el dintel resulta muy elocuente. El dintel marca el umbral. Separa la calle y la casa. Lo público y lo íntimo. Situar ahí a Santa Clara convertía la entrada en un espacio bajo amparo sagrado. También lanzaba un mensaje visible a todo el vecindario: en esa vivienda había una familia que se reconocía bajo la protección y el ejemplo de la santa.
Qué nos dice su iconografía
Betilo describe la figura con hábito, toca y dos atributos muy precisos: el ostensorio y el báculo. La Santa Sede recuerda que Clara de Asís fue discípula de san Francisco y fundadora de la orden de las Hermanas Pobres, más tarde llamadas Clarisas. El ostensorio remite al episodio milagroso de San Damián, cuando la tradición cuenta que la santa salió al encuentro del peligro con el Sacramento. Por eso simboliza la fe eucarística, la confianza y la protección espiritual. El báculo, por su parte, alude a su condición de abadesa. No habla de poder mundano. Habla de gobierno interior, firmeza y guía. Sobre una puerta, ambos signos adquieren una lectura muy clara: custodia para la casa y dirección moral para quienes la habitan.
Una obra humilde que explica una ciudad
La imagen de Santa Clara de la calle Meleros no impresiona por su tamaño. Impresiona por lo que conserva. Resume una forma antigua de vivir la fe en la calle. Habla de propietarios que quisieron dejar su devoción a la vista. Conecta una vivienda modesta con una tradición mayor, la franciscana, muy presente en El Puerto. Y añade un matiz esencial al caserío del Barrio Alto. No extraña que Betilo reclame su valoración y su protección, ni que el documento urbanístico municipal sitúe el inmueble dentro del patrimonio ambiental del casco histórico. Mirar esta pequeña escultura obliga a mirar mejor la ciudad. A veces el patrimonio más revelador no ocupa una plaza. Apenas cabe sobre una puerta.
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