La Hermandad de la Entrada de Nuestro Señor Jesucristo en Jerusalén y Nuestra Señora de la Entrega, conocida en El Puerto como la Borriquita, forma parte del paisaje sentimental del Domingo de Ramos portuense. Su historia no arranca en un templo antiguo ni en una cofradía secular. Nace en un contexto muy concreto y muy reconocible: el entorno del colegio San Luis Gonzaga. La propia hermandad fija su fundación en el 13 de julio de 1974 y señala como promotores a un grupo de antiguos alumnos, con Alejandro Güelfo Álvarez como primer hermano mayor. El Ayuntamiento, al repasar su cincuentenario, confirma ese mismo origen y lo sitúa en el ámbito del centro regentado por los jesuitas.
Ese dato explica buena parte de su identidad. La Borriquita surgió del impulso de jóvenes vinculados a la formación jesuítica y a la religiosidad portuense de los años setenta. Todo apunta a que quisieron convertir ese vínculo en una hermandad penitencial propia, con un marcado acento de juventud, catequesis y presencia pública en la Semana Santa. Las fuentes oficiales no publican un acta donde formulen un único motivo fundacional en esos términos, pero la secuencia resulta clara: primero aparece el núcleo humano en San Luis Gonzaga; después llegan la sede parroquial, los titulares y la salida procesional. Es decir, el grupo no quedó en una simple iniciativa devocional. Se organizó con vocación de hermandad estable.
De San Luis Gonzaga a la parroquia del Carmen y San Marcos
La pregunta sobre su sede actual exige una precisión. Hoy la corporación tiene su sede en la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen y San Marcos. No en San Francisco, aunque San Francisco conserve un valor fundacional muy fuerte en su memoria. La propia hermandad afirma que en 1975 trasladó su sede canónica a la parroquia del Carmen y San Marcos. Añade además que fue allí donde comenzó realmente su caminar como hermandad. El Ayuntamiento repite esa cronología al recordar que el traslado a la parroquia del Carmen se produjo un año después de la fundación.
¿Por qué acabó en su actual sede parroquial? Las fuentes oficiales consultadas no desarrollan una explicación cerrada, pero sí permiten una conclusión razonable. La hermandad nació en un ámbito escolar y pronto buscó un arraigo parroquial estable. Ese arraigo lo encontró en el Carmen y San Marcos, desde donde articuló su vida de cultos, gobierno y estación de penitencia. La importancia simbólica de San Francisco no desapareció. De hecho, en 2024 la hermandad llevó allí los actos centrales del cincuentenario precisamente “en homenaje al nacimiento de la Hermandad”. Pero el lugar de crecimiento, continuidad y consolidación quedó fijado en la parroquia del Carmen y San Marcos.
Los primeros pasos de la cofradía
El traslado de 1975 marcó el verdadero arranque institucional. Ese mismo año, un grupo ya numeroso de hermanos adquirió las dos imágenes titulares en el convento de clausura de la Concepción. La hermandad atribuye la iniciativa a la indicación de Eduardo Ruiz-Golluri, que además restauró y transformó ambas tallas. Poco después llegó la primera salida procesional. Tuvo lugar en 1976. Entonces la cofradía procesionó solo con la imagen del Señor sobre la borrica, obra de Ángel Pantoja padre y Álvaro Rendón.
Ese proceso revela una fundación rápida y muy decidida. En apenas dos años, la Borriquita pasó de ser una iniciativa nacida en el entorno de un colegio a convertirse en una hermandad con sede parroquial, titulares propios y presencia en la calle. Ahí radica una de sus claves patrimoniales. No representa una reliquia inmóvil. Representa una forma contemporánea de construir tradición. La ciudad la hizo suya en muy poco tiempo, hasta el punto de que hoy su salida desde el Carmen y San Marcos abre la Semana Santa portuense y ocupa un lugar central en la memoria cofrade local.
La crisis de 1982 y la reorganización
La historia de la Borriquita no avanzó sin tropiezos. La web oficial recuerda un episodio delicado: la suspensión de la salida procesional de 1982. En ese momento la hermandad contaba con 511 hermanos. La propia corporación atribuye aquella ausencia a problemas personales dentro de la junta de gobierno y entre quienes asumían responsabilidades organizativas. El golpe resultó serio para una entidad todavía joven.
La reacción, sin embargo, llegó pronto. Ese mismo año tomó las riendas un grupo de amigos en funciones de junta reorganizadora, con Juan Varo Marchán al frente. Dos años después, en 1984, se constituyó oficialmente la primera junta de gobierno nombrada por el Obispado de Jerez. El detalle no resulta menor. Marca el paso de una etapa fundacional y algo frágil a otra de mayor solidez institucional. También sitúa a la hermandad dentro de la nueva realidad diocesana, ya desligada del anterior marco sevillano que había intervenido en nombramientos previos.
Una hermandad que creció con su parroquia
La documentación oficial del cincuentenario subraya otro nombre importante en su desarrollo: Ramón González Montaño, párroco del Carmen y San Marcos. El documental conmemorativo presentado en 2024 destaca expresamente su relevancia para el crecimiento de la entidad. Esa referencia ayuda a entender que la historia de la Borriquita no se puede separar de la vida parroquial. La hermandad no solo encontró cobijo en el templo. También halló allí dirección espiritual, continuidad organizativa y una base comunitaria para afianzarse.
Ese crecimiento no se ha limitado a la dimensión procesional. El actual hermano mayor, Mario Prieto, define en la web oficial tres pilares para la corporación: caridad, formación y cultos. El programa del cincuentenario reforzó esa idea con actividades divididas en bloques de culto, formación, caridad y convivencia. No se trató de una efeméride decorativa. Sirvió para revisar la historia de la hermandad y, al mismo tiempo, para reactivar su vida interna tras los años más duros de la pandemia, que según la propia junta dañaron a la corporación.
Memoria reciente y patrimonio vivo
La exposición histórica del 50 aniversario permitió mostrar piezas y recuerdos de distintas etapas. Entre ellos figuraban objetos afectados por el incendio sufrido en 2014. Ese dato basta para recordar que el patrimonio de una hermandad nunca queda al margen de los riesgos del tiempo. Aun así, la Borriquita ha sabido convertir esos episodios en memoria compartida y en motivo de reconstrucción. La misma exposición repasó su evolución en paneles quinquenales y mostró enseres, indumentaria y documentación de varias décadas.
Los actos centrales del cincuentenario reforzaron, además, la doble geografía sentimental de la hermandad. San Francisco acogió el triduo extraordinario, el pregón y la salida procesional extraordinaria de 2024 porque allí se recuerda el nacimiento de la corporación. El recorrido concluyó en el Carmen y San Marcos, que representa su sede estable y su presente. Esa unión entre lugar de origen y lugar de madurez resume muy bien su historia.
La Borriquita hoy
En la actualidad, la hermandad mantiene una actividad constante. Su web oficial recoge cultos en honor de Nuestra Señora de la Entrega, cabildos, reparto de papeletas de sitio, traslados de titulares, alquiler de hábitos y hasta un ensayo solidario por las calles de su feligresía durante 2026. No hablamos, por tanto, de una institución que viva solo de su pasado. Hablamos de una corporación activa, con vida parroquial, organización interna y proyección caritativa.
La Borriquita de El Puerto de Santa María nació del impulso de unos antiguos alumnos. Creció en la parroquia del Carmen y San Marcos. Superó una crisis temprana. Reordenó su gobierno. Atesora memoria, patrimonio y devoción popular. Y sigue abriendo cada Domingo de Ramos una puerta simbólica a la Semana Santa portuense. Ahí reside su valor histórico. No solo recuerda un pasado. También mantiene viva una forma concreta de fe, de barrio y de ciudad.





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