En Cádiz, algunas casas-palacio cuentan la historia de la ciudad mejor que muchos libros: hablan de linajes, de comercio, de prestigio urbano y, también, de etapas de decadencia y recuperación. La Casa Palacio Lasquetty, en la calle Santa María, se sitúa a un paso del entorno catedralicio y dentro del barrio que mejor conserva el pulso popular del casco histórico.
Orígenes: una casa-palacio del Cádiz barroco
Las fuentes municipales describen la Casa Lasquetty como una casa-palacio construida a principios del siglo XVIII. Su arquitectura responde a un Cádiz que crecía como plaza mercantil y atlántica: familias con recursos buscaban presencia en el centro urbano, cercanía a los espacios de poder y una vivienda que funcionara como emblema social.
El inmueble se reconoce con facilidad por su portada de mármol blanco, sobria y monumental a la vez. Cádiz conserva pocas entradas tan elocuentes: un umbral que no solo protegía la intimidad familiar, también marcaba jerarquía.
Promotores: la familia della Rosa y el apellido Lasquetty
El Ayuntamiento vincula la casa-palacio a la familia della Rosa (Lasquetty). Ese matiz importa: el nombre popular no siempre coincide con el primer impulsor, pero sí con el apellido que terminó fijándose en la memoria urbana. La casa, en definitiva, quedó asociada a una identidad familiar reconocible en la Cádiz histórica.
Quién vivió aquí: del ámbito noble a la vida cotidiana del barrio
Como ocurre con otras fincas señoriales del casco histórico, el edificio no mantuvo de forma permanente un uso estrictamente aristocrático. La propia administración autonómica documenta, ya en el siglo XXI, un proceso de intervención ligado a la transformación de infravivienda en el conjunto de inmuebles de Santa María 7, 9, 11 y 13, identificado expresamente como “Casa Lasquetty” dentro de un área de rehabilitación concertada. Ese dato confirma que, con el tiempo, el caserón asumió dinámicas residenciales más densas, propias de los “patios” y casas de vecinos del Cádiz intramuros.
Arquitectura: una lección de piedra, mármol y patio
La descripción oficial de Turismo de Cádiz ofrece claves muy concretas:
- Fachada y portada: mármol blanco, un solo cuerpo, vano rectangular y molduras; pilastras toscanas.
- Patio: planta cuadrada con columnas toscanas de mármol en las esquinas y arcos de medio punto rebajados.
- Escalera: tipo convento; pasamanos de mármol blanco con decoración tallada.
No son detalles menores. El patio ordena la casa y articula la circulación, la luz y la ventilación. La escalera “conventual” aporta funcionalidad y solemnidad. La piedra ostionera (tan gaditana) y el mármol construyen un lenguaje de permanencia.
Además, la documentación del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) cataloga el bien dentro de la tipología “casas palacio” y lo integra en su repositorio patrimonial, un indicio claro de su interés cultural y arquitectónico.
Papel en Cádiz: símbolo urbano y termómetro social
La Casa Palacio Lasquetty desempeñó un papel doble en la ciudad.
Primero, funcionó como señal de prestigio: una fachada con portada de mármol en una vía histórica no aparece por casualidad. Marca estatus, inversión y voluntad de representación en el espacio público.
Después, la evolución hacia fórmulas de residencia popular (hasta llegar a escenarios de infravivienda en el entorno) convirtió el edificio en un termómetro social del casco histórico: el mismo inmueble pasó de exhibir poder a reflejar las tensiones de habitabilidad que muchas fincas antiguas sufrieron en Cádiz intramuros. La intervención promovida desde el ámbito autonómico, licitada en 2005 para la transformación de infravivienda, encaja en las políticas urbanas que buscan mantener población residente y mejorar condiciones sin expulsar la vida del centro.
Función actual: patrimonio habitado
Hoy, la Casa Lasquetty se entiende como patrimonio habitado: un edificio histórico con valor arquitectónico que mantiene un uso residencial tras procesos de rehabilitación y mejora de la habitabilidad en su entorno inmediato. Para el visitante, su lectura principal se hace desde el exterior y, cuando existe ocasión, desde la comprensión del patio como corazón de la casa gaditana.




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