beata María Francisca de la Encarnación
beata María Francisca de la Encarnación

La vida de la Beata María Francisca de la Encarnación permite escribir una página firme de historia local. Hay datos bien documentados: su nacimiento, su profesión religiosa, su muerte martirial, la exhumación de sus restos, los reconocimientos canónicos y su beatificación. También hay puntos que exigen prudencia. No he localizado una fuente pública fiable que detalle, con nombres y fecha exacta, quién promovió la urna actual situada junto al altar mayor de la capilla de las Trinitarias. Sí consta una bendición reciente de un nuevo altar dedicado a la beata, en diciembre de 2023, presidida por el ministro general de la Orden Trinitaria, P. Luigi Buccarello.

Una hija de Martos en la clausura trinitaria

María Francisca Espejo Martos nació en Martos el 2 de febrero de 1873. La documentación vaticana la identifica como natural de Martos, en la diócesis y provincia de Jaén. Ingresó en el Monasterio de la Santísima Trinidad y profesó solemnemente el 5 de julio de 1894. Desde entonces tomó el nombre de sor Francisca de la Encarnación.

La tradición trinitaria conserva un retrato sobrio de su vida. No aparece como una figura pública. Tampoco como una religiosa de cargos brillantes. Vivió en clausura. Rezó. Trabajó. Sirvió a sus hermanas. Ejerció oficios humildes dentro del convento, como enfermera, sacristana, portera y tornera. Esa vida escondida explica parte de su fuerza espiritual. En Martos muchos no la conocían. Ella eligió el silencio del monasterio.

El monasterio trinitario de Martos tenía una profunda raíz local. La fundación se remonta a 1595, impulsada por Aldonza de Rivas. Ocupó un lugar destacado en la vida religiosa de la ciudad, cerca de la antigua Plaza Alta y del eje histórico de la calle Real de San Fernando. Allí vivió Francisca de la Encarnación, en ese lugar maduró su vocación. Allí regresó su memoria tras la muerte.

1936: la comunidad abandona el monasterio

La Guerra Civil rompió la vida ordinaria del convento. En julio de 1936, la comunidad trinitaria sufrió el clima de persecución religiosa que afectó a numerosos templos, conventos y comunidades católicas. La documentación vaticana afirma que el 21 de julio de 1936 expulsaron por la fuerza a sor Francisca y a sus compañeras del monasterio.

Las religiosas buscaron refugio en casas particulares. Sor Francisca se alojó en el domicilio de su hermano Ramón, junto con otras religiosas de su entorno familiar y conventual. No convirtió aquel refugio en una vida cómoda. Según la fuente trinitaria, mantuvo cuanto pudo el ritmo de oración y las costumbres de clausura. Cambió el hábito por ropa negra y un pañuelo, pero no abandonó su identidad religiosa.

La muerte en Las Casillas

El 12 de enero de 1937, unos milicianos detuvieron a sor Francisca. La llevaron a las dependencias municipales de Martos. La fuente trinitaria señala que las autoridades buscaban especialmente a superioras de comunidades religiosas y que confundieron a Francisca con la priora. Esa precisión importa. No murió por ocupar un cargo. Murió por su condición religiosa y por su fidelidad a la fe.

Durante la noche del 12 al 13 de enero de 1937, sacaron de la prisión municipal a un grupo de detenidos. Los llevaron a Las Casillas de Martos. Allí murieron varias personas. Entre ellas estaban sor Francisca de la Encarnación, la beata Victoria Valverde y la madre Isabel de la comunidad de la Divina Pastora. La documentación vaticana resume el hecho con una fórmula clara: Francisca murió cruelmente en Las Casillas de Martos, mientras resistía heroicamente a un hombre que intentó violentarla.

Sobre la causa física de la muerte conviene hablar con precisión. El documento vaticano no entra en el mecanismo concreto. La fuente trinitaria más detallada, basada en el testimonio recogido y en la exhumación posterior, afirma que el agresor la mató con golpes en la cabeza usando la culata de un fusil, tras fracasar el intento de agresión sexual. Una crónica diocesana posterior resume el episodio con la expresión “dándole un tiro”. Por prudencia histórica, el dato seguro queda así: Francisca sufrió una muerte violenta y martirial en Las Casillas, el 13 de enero de 1937, en un contexto de odio a la fe y tras defender su virginidad y su condición religiosa.

En qué se basó la beatificación

La Iglesia no beatificó a María Francisca de la Encarnación por una leyenda local. Tampoco por una simple fama devocional. Roma examinó una causa de martirio. El Vaticano la incluyó en el grupo de Mariano de San José Altolaguirre y nueve compañeros de la Orden de la Santísima Trinidad. El expediente presentó su vida religiosa, la expulsión del monasterio, la detención, la muerte violenta y la fama de martirio.

El proceso siguió varias fases. La causa de sor Francisca tuvo proceso informativo diocesano en 1988. Roma confirmó la validez jurídica de los procesos en los años 1991 y 1992. Después unió varias causas trinitarias en una sola “Positio”. Los consultores teólogos dieron parecer favorable el 2 de abril de 2004. Los cardenales y obispos de la Congregación para las Causas de los Santos reconocieron el martirio el 7 de febrero de 2006. Benedicto XVI autorizó el decreto de martirio el 26 de junio de 2006.

La beatificación llegó el 28 de octubre de 2007 en Roma. Aquel día la Iglesia proclamó beatos a 498 mártires de la persecución religiosa en España durante la década de 1930. El cardenal José Saraiva Martins presidió la celebración por delegación de Benedicto XVI. Entre ellos figuraba la monja marteña Francisca de la Encarnación.

Conviene subrayar un matiz. La posible incorruptibilidad de sus restos no constituyó el fundamento jurídico de la beatificación. Roma fundamentó el reconocimiento en el martirio. Es decir, en la muerte sufrida por fidelidad a Cristo, en un contexto de persecución religiosa, con aceptación cristiana del sufrimiento.

La recuperación de sus restos

La historia de sus restos añade una dimensión patrimonial y devocional muy fuerte. Según la publicación trinitaria de Pedro Aliaga Asensio, a comienzos de julio de 1939 se exhumaron los cuerpos de quienes murieron en Las Casillas durante la noche del 12 al 13 de enero de 1937. La religiosa sor Carmen asistió a la exhumación junto a otras personas. El cuerpo de sor Francisca apareció el último. La fuente afirma que pudieron identificarlo perfectamente.

Después trasladaron sus restos al convento. Allí los expusieron durante tres días a la veneración de los fieles. Luego celebraron funerales solemnes. Finalmente, los enterraron en la iglesia del monasterio, en la zona del crucero. Este traslado de 1939 constituye el primer gran retorno físico de la beata al espacio trinitario de Martos.

El 13 de enero de 1986 se realizó un reconocimiento de los restos. La fuente trinitaria indica que los encontraron incorruptos. El 19 de julio de 2006, antes de la beatificación, se llevó a cabo un nuevo reconocimiento canónico. Ese gesto preparó el camino inmediato hacia la proclamación de 2007.

La urna, el altar y la exposición actual

La devoción a la beata no terminó con la beatificación. La capilla de las Trinitarias conserva su memoria en el propio espacio donde ella vivió su vocación. En enero de 2023, durante el 150 aniversario de su nacimiento, la Diócesis de Jaén describió su cuerpo incorrupto “expuesto a la veneración de los fieles bajo el coro de clausura del Monasterio”. Ese dato documenta la presencia cultual de sus restos en el templo trinitario.

En diciembre de 2023, la Orden Trinitaria informó de la bendición de un nuevo altar dedicado a la Beata Francisca de la Encarnación en la iglesia de la Santísima Trinidad de Martos. Presidió la Eucaristía el ministro general de la Orden, P. Luigi Buccarello. La noticia trinitaria no detalla, al menos en la información pública consultada, quién financió o promovió materialmente la urna actual, ni precisa todos los detalles del traslado interno de los restos hasta su ubicación junto al altar mayor. Por tanto, no conviene atribuir esa iniciativa a una persona o institución concreta sin consultar el archivo del monasterio o la comunidad trinitaria.

Sí podemos afirmar algo esencial. La urna no funciona como una pieza decorativa. Forma parte de un lugar de memoria. Une tres dimensiones: la historia religiosa de Martos, el patrimonio conventual trinitario y el testimonio martirial de una mujer nacida en la ciudad.

Qué debe saber el visitante

Quien entra en la capilla de las Trinitarias no contempla solo una reliquia. Entra en un espacio de clausura, oración y memoria. Allí debe mirar con respeto. La figura de Francisca de la Encarnación no se entiende desde el morbo de la violencia. Se entiende desde una vida sencilla que culminó en el martirio.

El visitante debe saber cinco cosas. Primera: Francisca nació en Martos en 1873. Segunda: vivió como monja trinitaria desde finales del siglo XIX. Tercera: no destacó por poder ni por cargos, sino por servicio humilde. Cuarta: murió el 13 de enero de 1937 en Las Casillas de Martos. Quinta: la Iglesia la beatificó en 2007 porque reconoció su muerte como martirio, no por una tradición legendaria.

También conviene entender el valor patrimonial del conjunto. El monasterio de las Trinitarias forma parte de la memoria urbana de Martos desde el siglo XVI. Su capilla conserva una historia de clausura femenina, devoción popular y continuidad espiritual. La beata añade a ese patrimonio una dimensión humana muy intensa. Su vida conecta la ciudad histórica con uno de los episodios más dolorosos del siglo XX español.

Cronología esencial

María Francisca Espejo Martos nació en Martos el 2 de febrero de 1873. Profesó solemnemente como trinitaria el 5 de julio de 1894. La comunidad abandonó el monasterio por la fuerza el 21 de julio de 1936. Los milicianos la detuvieron el 12 de enero de 1937. Murió en Las Casillas de Martos durante la noche del 12 al 13 de enero de 1937. Sus restos regresaron al monasterio en julio de 1939. La comunidad reconoció sus restos en 1986. La causa recibió el decreto de martirio el 26 de junio de 2006. La Iglesia la beatificó en Roma el 28 de octubre de 2007. En diciembre de 2023, la Orden Trinitaria bendijo un nuevo altar dedicado a ella en Martos.

La Beata María Francisca de la Encarnación pertenece a la historia profunda de Martos. No por el ruido de su vida, sino por la coherencia de su final. Su biografía habla de clausura, obediencia, pobreza cotidiana y fidelidad. Su urna recuerda una muerte concreta, con fecha y lugar. Pero también recuerda una vida entera. Por eso la capilla de las Trinitarias no guarda solo los restos de una beata. Guarda una parte dolorosa, espiritual y patrimonial de la memoria marteña.

Beata María Francisca de la Encarnación
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