Los restos de la antigua estación de Zufre remiten a una historia mucho más amplia que una simple ruina. Ese edificio formó parte del sistema ferroviario de la Sociedad Anónima Minas de Cala. La empresa lo impulsó para enlazar la sierra minera con San Juan de Aznalfarache. El objetivo resultó claro desde el inicio: sacar mineral hacia el Guadalquivir y, al mismo tiempo, atender el tráfico de mercancías y viajeros de la comarca.
El origen de la estación
La base legal de esta historia arranca en 1902. Ese año, la Administración otorgó a la Sociedad Anónima Minas de Cala la concesión del ferrocarril entre Minas de Cala y San Juan de Aznalfarache. El pliego obligaba a ejecutar todas las obras necesarias y a establecer las estaciones previstas en el proyecto aprobado. En 1905, la propia Gaceta de Madrid ya recogía la aprobación de tarifas para viajeros y mercancías, señal de que la infraestructura ferroviaria había entrado en una fase operativa real.
La documentación oficial accesible no permite fijar aquí un día exacto de inauguración de la estación de Zufre. Aun así, sí permite acotar bien su construcción. La estación existía antes de septiembre de 1911, fecha en la que se concedió el ferrocarril de la estación de Zufre a Santa Olalla. Además, un plano oficial de replanteo fechado en febrero de 1912 sitúa la estación de Zufre en el kilómetro 0 de ese ramal, que llegaba hasta la estación de Santa Olalla en el kilómetro 12,3. Por tanto, la estación debió levantarse en los primeros años del siglo XX, ligada a la construcción de la línea principal de Minas de Cala.
Por qué se construyó y cuál fue su propósito
La estación de Zufre no nació para servir solo al pueblo. Nació para encajar en una red minera y logística. El decreto estatal de 1960, al resumir la historia de la compañía, explica que estas líneas se construyeron para transportar el mineral de hierro de Cala y Téuler, además del cobre de Peña de Hierro y Castillo de las Guardas, hasta los cargaderos de San Juan de Aznalfarache. Ese mismo texto añade otra función clave: mover mercancías y viajeros por la zona atravesada por el ferrocarril. Ahí reside la razón de ser de la estación. Zufre ofrecía un punto de enlace entre la sierra, las explotaciones mineras y la salida fluvial hacia Sevilla.
El sistema no terminaba en la vía. En 1905, el Estado habilitó el muelle construido por la empresa en San Juan de Aznalfarache para embarcar minerales y desembarcar carbón, material ferroviario y maquinaria para minas. Esa decisión muestra que la estación de Zufre formaba parte de una cadena completa. El mineral salía del interior serrano, cruzaba la red ferroviaria y alcanzaba un punto de embarque conectado con mercados más amplios.
El papel histórico de la estación en la sierra de Huelva
La estación desempeñó una función comarcal de primer orden. No solo canalizó la salida del mineral. También articuló comunicaciones cotidianas. En 1907, la Gaceta de Madrid publicó subastas para transportar la correspondencia pública a caballo desde la estación de Zufre a Zufre y Higuera, y también desde la estación de Zufre a Santa Olalla. Ese dato demuestra que la estación ya actuaba como puerta de entrada y salida para el correo y, por extensión, para la vida económica y administrativa del entorno.
Su influencia llegó también a la economía local. Una página oficial del Ayuntamiento de Zufre recuerda que la maquinaria de un molino harinero del municipio llegó a la estación de Zufre por el ferrocarril de las Minas de Cala y desde allí siguió en carro hasta el pueblo. Ese detalle, pequeño en apariencia, revela mucho. La estación no solo atendía tráficos mineros. También acercaba tecnología, suministros y oportunidades a una localidad serrana que dependía de conexiones lentas y costosas.
El ramal a Santa Olalla reforzó todavía más ese papel. La concesión de 1911 y el plano de 1912 convierten a Zufre en cabecera del nuevo tramo. La estación pasó a ejercer una función de distribución dentro de la propia red de la compañía. Ya no era solo una parada intermedia en la línea minera principal. Se convirtió en un nodo con capacidad para ordenar movimientos hacia otro sector de la sierra.
El declive de la estación y el final de la línea
La prosperidad no duró para siempre. El propio decreto de 1960 explica que, desde 1930, el transporte de minerales y mercancías cayó de forma acusada. La empresa redujo gastos al máximo. En 1941 suprimió incluso el transporte de viajeros. A ese deterioro se unieron dos problemas más: el agotamiento paulatino de las minas y la pérdida de utilidad del puerto fluvial de San Juan de Aznalfarache por falta de calado. El resultado fue la petición de levantamiento de las líneas. El Estado autorizó en 1960 la resolución de las concesiones y el abandono de la explotación.
Con ese cierre terminó la vida ferroviaria de la estación. Sin trenes, sin carga minera suficiente y sin una red portuaria competitiva, el edificio perdió su función original. Quedó como testigo mudo de un modelo económico que había transformado la sierra onubense durante décadas.
Patrimonio ferroviario y memoria del paisaje
Hoy la antigua estación de Zufre posee un valor patrimonial evidente. La Diputación de Huelva respaldó en 2021 la protección del conjunto formado por estaciones, puentes, viaductos, embarcaderos, depósitos de agua, cocheras y la propia plataforma del antiguo ferrocarril de Minas de Cala hacia San Juan de Aznalfarache. La estación de Zufre forma parte de ese legado. No se trata solo de conservar un edificio. Se trata de conservar la memoria material de una red que ordenó la economía, la movilidad y el paisaje de media sierra.
La construcción de la presa de Zufre en las décadas finales del siglo XX cambió por completo el escenario. La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir sitúa la presa de Zufre entre las grandes obras levantadas en la provincia de Huelva en el periodo 1986-2002. Ese nuevo paisaje hidráulico alteró el viejo valle ferroviario. Por eso, cuando los restos de la estación reaparecen, no solo aflora una ruina. Aflora la huella de dos grandes obras públicas superpuestas: primero el ferrocarril minero y después el embalse.
En esa superposición reside su fuerza simbólica. La estación de Zufre cuenta la historia de una sierra que buscó salida para sus minerales, conectó pueblos aislados y después volvió a cambiar con la ingeniería del agua. Sus muros no hablan solo de trenes. Hablan de trabajo, de transporte, de paisaje y de memoria. Por eso merecen atención, estudio y protección.
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