Camino por la calle Micaela de Aramburu en El Puerto de Santa María. Esta vía discurre muy cerca del cauce del río Guadalete. Observo la fachada de un bar tradicional. Un gran retablo cerámico capta mi atención de inmediato. Esta obra representa un ejemplo magnífico de la azulejería publicitaria andaluza. Los comerciantes usaban estos mosaicos para decorar y anunciar productos al mismo tiempo. El mural embellece la calle. También cuenta historias sobre la identidad local. La composición fusiona elementos del mar, del río y de las bodegas. Los colores vivos reflejan la luz del sur de manera espectacular. Este rincón artístico invita al caminante a detenerse. Su estampa resume la esencia viva de la región.
El sabor de la tierra: Fino Coquinero
El objetivo principal del mosaico es publicitar el Fino «Coquinero», un vino icónico de las célebres Bodegas Osborne, fundadas y arraigadas en El Puerto de Santa María. Se trata de un vino generoso perteneciente a la D.O. Jerez-Xérès-Sherry, elaborado con uva de la variedad Palomino Fino. Destaca por tener una crianza bajo velo de flor más prolongada de lo habitual para un fino, alcanzando alrededor de seis años y medio, lo que le otorga una alta graduación natural y un sabor punzante, seco y muy salino. En el centro derecho de la composición resalta una gran botella clásica de la marca, acompañada a la izquierda por las tradicionales botas de roble que se emplean para el sistema de envejecimiento mediante soleras y criaderas.
La Coquinera: Símbolo de esfuerzo y tradición
La mujer mayor que aparece en el centro, vestida de manera tradicional con falda clara, delantal, mantoncillo azul y flor en el pelo, es una coquinera. Lleva en sus manos una cesta plana, típicamente usada para transportar y vender la pesca del día. El nombre del vino rinde homenaje precisamente al arduo trabajo de estos mariscadores y mariscadoras locales, quienes históricamente se han dedicado a recolectar pequeños moluscos en el litoral de la bahía. Hoy en día, esta figura es todo un símbolo inconfundible del folclore y las fiestas de la ciudad.
Nostalgia en el río: El mítico Vaporcito
A la derecha de la botella de vino se ilustra una embarcación de pasajeros navegando por el río, reconociéndose como el Adriano III, inmortalizado en la cultura popular como «El Vaporcito de El Puerto». Inaugurada en 1955, esta motonave fue la encargada de cruzar diariamente la bahía para conectar la ciudad con Cádiz, en travesías que duraban unos cuarenta y cinco minutos. Su figura llegó a ser tan emblemática que la Junta de Andalucía lo declaró Bien de Interés Cultural. Lamentablemente, el barco se hundió en agosto de 2011 tras colisionar con una escollera del puerto gaditano y quedó abandonado en estado de ruina, convirtiendo esta imagen del azulejo en una estampa profundamente nostálgica.
El Guadalete y la esencia marinera
El río Guadalete abraza toda la escena desde el fondo. Sus aguas reflejan la vida diaria de la ribera. Las gaviotas aportan mucho dinamismo a la pintura. Unas aves vuelan libres por el cielo azul. Otras caminan tranquilas por la arena amarilla del muelle. En la esquina inferior derecha descansan varios aparejos marineros. Una gran red verde se amontona junto a unas cuerdas. Estos objetos subrayan la intensa actividad pesquera de la zona. El río sustentó la economía de muchas familias durante décadas. El artista integró todos estos detalles con gran maestría. El mosaico supera ampliamente su función publicitaria original. Esta pared de azulejos custodia el rico legado marinero, vitivinícola y humano de El Puerto de Santa María.
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