La bodega Cuvillo Los Moros no cuenta una sola historia. Cuenta varias. Habla del empuje bodeguero del siglo XIX. Habla del Campo de Guía como ensanche industrial del vino. Habla de comerciantes portuenses y gaditanos. Y habla también de una segunda vida patrimonial, vinculada hoy al Archivo Municipal de El Puerto de Santa María.
Conviene empezar con una precisión. Bajo el nombre de bodegas Cuvillo Los Moros se agrupan dos bodegas contiguas situadas en torno al número 17 de la calle Los Moros. Betilo indica que ambas formaron parte del conjunto de bodegas de Cuvillo hasta la desaparición de esta firma a mediados de los años ochenta del siglo XX. La primera alberga desde 2010 el Archivo Municipal Central. La segunda sirve hoy como casa de la Hermandad del Rocío de El Puerto.
El origen: una iniciativa bodeguera del siglo XIX
La investigación publicada por Betilo permite situar el origen documentado del primer casco en 1834. Su promotor fue José Jiménez, natural de El Puerto. No era solo bodeguero. También actuaba como marchante de ganado, comerciante de aceite y administrador de rentas. Ese perfil explica bien el contexto. La bodega nace dentro de una economía local muy dinámica, donde el vino convivía con otras actividades mercantiles.
El proyecto original de esta primera bodega se conserva en el Archivo Histórico Municipal de El Puerto de Santa María, dentro de la sección de Policía Urbana, año 1834, legajo 81, expediente 3. Betilo señala que el expediente incluye plano de planta y alzado, con informe firmado por el maestro mayor Diego Filgueras el 13 de mayo de 1834.
Aquí aparece un matiz importante. El planeamiento municipal citado en la documentación del PEPRICHyE identifica la “Bodega Cuvillo-Los Moros” como una bodega catedral fechada en 1860, formada por dos cascos dispuestos perpendicularmente. Esa ficha parece referirse al conjunto bodeguero en su configuración posterior. Betilo, sin embargo, documenta el primer casco en 1834. Por prudencia, conviene distinguir entre el primer proyecto conocido y la evolución posterior del conjunto.
Una bodega muy gaditana
Betilo define estas bodegas como “muy gaditanas” por una razón concreta. Buena parte de las bodegas del Campo de Guía nacieron por impulso de comerciantes gaditanos. En este caso ocurrió algo distinto. Al menos una de ellas la levantó un portuense, José Jiménez, y después pasó por manos de varios propietarios gaditanos.
Tras su construcción, José Jiménez mantuvo la propiedad poco tiempo. En 1838 todavía figuraba como exportador de vinos de El Puerto. En 1843 la bodega salió a subasta judicial para saldar deudas con la compañía gaditana Lacave y Echecopar. Esta empresa se quedó con la finca. Más tarde, en 1865, Lacave Echecopar vendió la casa y bodegas de El Puerto al hacendado gaditano Carlos Federico Rudolph.
Rudolph desarrolló una actividad vinatera breve, pero intensa. Betilo recoge que en 1874 ya figuraba como primer exportador de vinos de El Puerto. Tras su muerte, la bodega San Carlos pasó a manos de Carlos Cuvillo Izquierdo, que la compró en pública subasta en 1892. La documentación consultada por Betilo no permite precisar cuándo adquirió Cuvillo la bodega conocida como Cossío.
Cossío, San Carlos y el mundo Cuvillo
Durante la etapa de Cuvillo, el conjunto recibió denominaciones internas. A la primera bodega la llamaban bodega Cossío, por su propietario anterior. Allí se guardaban soleras de vino. A la segunda la conocían como bodega San Carlos, en referencia a Carlos Cuvillo. Esta segunda bodega acogió las oficinas de la firma.
Este dato resulta esencial. La bodega no funcionó solo como un gran contenedor de botas. También articuló funciones administrativas, comerciales y de gestión. En el mundo del Marco de Jerez, la oficina, el casco de crianza, el patio de trabajo y los espacios de expedición formaban una misma unidad económica.
Detrás del primer casco existió además un patio trabajadero de tonelería, con salida al callejón de San Diego. Betilo señala que ese patio se cubrió después y dio origen a una bodega conocida entonces como San Diego, denominada en el PEPRICHyE como bodega Los Molinos. Este dato confirma la dimensión productiva del conjunto. Allí no solo reposaba el vino. También se manipulaban botas, se organizaban trasiegos y se resolvían tareas auxiliares propias de la actividad bodeguera.
Qué actividades vinícolas se desarrollaron
La documentación disponible permite hablar con seguridad de varias funciones. La primera fue la crianza de vinos. José Jiménez aparece vinculado a esta actividad desde el origen. La segunda fue la conservación de soleras, documentada en la bodega Cossío durante la etapa de Cuvillo. La tercera fue la gestión administrativa y comercial, vinculada a la bodega San Carlos. La cuarta fue la tonelería y trabajo de patio, asociada al espacio posterior con salida al callejón de San Diego.
También existió una clara dimensión exportadora. José Jiménez figuraba como exportador en 1838. Carlos Federico Rudolph alcanzó un lugar destacado en la exportación vinatera portuense en 1874. Más tarde, el fondo documental de Cuvillo y Cía., conservado en el Archivo Municipal, recoge documentación de la empresa desde principios del siglo XX hasta los años noventa. Dialnet resume que ese fondo fue donado por sus propietarios al Archivo Municipal en 1994.
Aun así, conviene evitar una afirmación que las fuentes no sostienen. No he localizado una relación completa y oficial de todos los vinos criados en cada casco de la bodega Cuvillo Los Moros desde sus inicios. Sí consta la existencia de soleras y de actividad exportadora. También consta la vinculación de Cuvillo con el negocio del vino hasta su desaparición como firma bodeguera.
Arquitectura bodeguera
La bodega que hoy ocupa el Archivo Municipal presenta una singularidad. Betilo indica que se levantó en paralelo a la calle Los Moros, cuando lo habitual en el Campo de Guía era disponer los cascos perpendiculares a la vía para ocupar menos fachada. Esa decisión responde al momento de su construcción. En 1834, la calle Los Moros aún no había alcanzado la densidad bodeguera posterior.
La fachada responde al lenguaje sobrio del patrimonio bodeguero portuense. Muestra simetría, horizontalidad y escasa decoración. Los huecos altos permiten la entrada de luz y ventilación. El edificio buscaba funcionalidad antes que ornamento. La bodega necesitaba estabilidad térmica, aireación y grandes espacios diáfanos para la crianza.
Su planta regular organiza tres naves longitudinales. Betilo describe dieciocho pilares de piedra arenisca, catorce exentos y cuatro adosados a los muros laterales. Sobre ellos apoyan arcos semicirculares. La cubierta a dos aguas y la viguería mantienen un buen estado tras la restauración.
De casco bodeguero a Archivo Municipal
La bodega perdió su función vinícola tras la desaparición de Cuvillo como empresa bodeguera en los años ochenta. Su recuperación llegó desde el patrimonio público. El Ayuntamiento rehabilitó el casco de la calle Los Moros como Archivo Municipal. La intervención permitió dar uso público a una arquitectura industrial que corría el riesgo de quedar como pieza residual del antiguo Campo de Guía.
El Ayuntamiento documenta que el nuevo archivo comenzó a recibir en 2012 parte de la documentación histórica y administrativa que permanecía en depósitos de la Zona Franca de Cádiz. La sede de la calle Los Moros ofrecía capacidad para unas 26.000 cajas y más de 800 metros cuadrados de superficie.
En 2014, el propio Ayuntamiento recordaba que el Archivo Central Municipal ocupaba un casco de la antigua bodega de la calle Los Moros, rehabilitado para acoger documentación municipal. También destacaba el ahorro de más de 35.000 euros anuales al finalizar el convenio de custodia externa con Zona Franca.
Ese mismo año, la Concejalía de Patrimonio Histórico anunció una exposición permanente en el Archivo Central Municipal sobre la rehabilitación de la antigua bodega y su adaptación como archivo. La exposición explicaba el proceso de recuperación del edificio y las funciones del nuevo equipamiento documental.
Lo que no conviene afirmar
No hay que forzar la historia. La documentación consultada no permite identificar con seguridad al promotor de la segunda bodega, hoy casa de la Hermandad del Rocío. Betilo señala expresamente que se desconoce quién la mandó edificar y cuál fue su fecha de construcción.
Tampoco he localizado una fuente oficial que detalle, con precisión completa, la evolución de cada marca o vino criado en estos cascos desde 1834 hasta el cierre de Cuvillo. Por eso resulta más riguroso hablar de crianza, soleras, actividad exportadora, oficinas, tonelería y trabajo bodeguero, sin atribuir etiquetas concretas no verificadas.
Un patrimonio que cambió de oficio
La bodega Cuvillo Los Moros resume una parte esencial de El Puerto. Nació al calor del negocio vinatero. Creció dentro del Campo de Guía. Pasó por manos de comerciantes, exportadores y bodegueros. Después perdió su función original. Pero no perdió su sentido.
Hoy guarda documentos en lugar de botas. Conserva memoria en vez de vino. Y, de algún modo, mantiene intacta su vocación: proteger el paso del tiempo dentro de sus muros.

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