bodega harmony
bodega harmony

Hay bodegas que no solo guardaron vino. Guardaron poder. Guardaron comercio. También ambición. Guardaron también silencios.

La antigua bodega Harmony, en la calle Valdés de El Puerto de Santa María, pertenece a esa clase de edificios que explican una ciudad sin necesidad de levantar la voz. Su fachada parece discreta. Sus iniciales apenas llaman la atención del paseante. Pero detrás de ese nombre extranjero aparece una historia atlántica. Una historia de capitales, familias, vino, arquitectura industrial y decadencia patrimonial.

Hoy el antiguo conjunto Harmony no funciona como una sola bodega. El tiempo lo ha dividido en varios espacios conocidos: Buenos Aires, Cuvillo Valdés, El Alambique y 501. Todos proceden de un mismo origen bodeguero levantado en 1835 en el Campo de Guía, el gran ensanche industrial del vino portuense del siglo XIX. Betilo identifica este conjunto como uno de los testimonios más interesantes de aquella expansión bodeguera.

El Campo de Guía: una ciudad para el vino

Para entender Harmony hay que mirar primero el lugar. La bodega no nació en cualquier punto de El Puerto. Se levantó en el Campo de Guía, junto a la calle Valdés, en un espacio que la ciudad convirtió en un gran paisaje bodeguero durante el siglo XIX.

El Ayuntamiento de El Puerto define el Campo de Guía como “un ensanche industrial del siglo XIX”. La expresión resulta exacta. Allí no se improvisaron simples almacenes. La ciudad ordenó un espacio para la crianza, el comercio, la tonelería y el movimiento de vinos hacia el mercado exterior.

El historiador Javier Maldonado Rosso lo describió como un polígono industrial bodeguero singular. Su interés reside en su trama urbana y en su condición de ensanche industrial planificado en el primer tercio del siglo XIX. Aquel espacio se desarrolló junto al Guadalete, cerca de la antigua ermita de Guía, y canalizó capitales de comerciantes e indianos que reorientaron sus negocios hacia la vinatería.

Por eso Harmony ocupó aquel lugar. La calle Valdés ofrecía anchura, orden urbano y proximidad al circuito comercial del vino. El proyecto original colocaba los cascos de bodega al norte de la calle y los trabajaderos al sur. La bodega necesitaba grandes naves, patios, almizcates, ventilación alta y espacios de trabajo complementarios. El Campo de Guía reunía esas condiciones.

Los Carrera Laborde y la construcción de 1835

Betilo sitúa el origen material del conjunto Harmony en 1835. Según su investigación, los hermanos Carlos y Pedro Antonio Carrera Laborde construyeron las bodegas que después formarían el núcleo de Buenos Aires, Cuvillo Valdés, El Alambique y 501. Aunque nacieron en Pamplona, procedían familiarmente de Oloron, en el Bearne francés. Su apellido original, Carrère, acabó castellanizado como Carrera.

El proyecto lo diseñó el maestro mayor Diego Filguera. El núcleo bodeguero contaba con cuatro cascos en torno a un patio central. Por detrás lindaba con el callejón de San Diego. Dos cascos principales se colocaban perpendiculares a la calle Valdés. Tenían cuatro naves, cubierta a dos aguas y almizcates en los laterales exteriores. Los otros dos cascos, menores, completaban el conjunto.

La obra no avanzó sin conflictos. Betilo recoge los problemas derivados del primer diseño del Campo de Guía, trazado por Valentín de los Ríos en 1833 y modificado en 1835 por Torcuato José Benjumea y Juan Daura. Además, Diego Filguera chocó con Fernando Moreno, aparejador que dirigió la construcción. El enfrentamiento llegó al punto de que Moreno dejó su nombre en el dintel de una puerta con una inscripción poco habitual en una bodega.

Ese detalle resulta muy revelador. En las bodegas se solían colocar iniciales del propietario, no del constructor. Harmony, sin embargo, conserva una huella de conflicto profesional en la propia arquitectura.

Pedro X. Harmony: una fortuna atlántica detrás del nombre

El nombre Harmony no procede de una familia portuense tradicional. Conecta El Puerto con América, Cádiz y el gran comercio atlántico del siglo XIX.

Betilo vincula el apellido Harmony con Pedro Ximeno de la Riva, nacido en Villagarcía de Arosa en 1777. Este capitán mercante viajó con frecuencia a Norteamérica. Allí entabló relación con los Harmony Brothers, comerciantes asentados en Estados Unidos. Adoptó el nombre Pedro X. Harmony tras aquella relación familiar y empresarial.

La investigación publicada en Gente del Puerto amplía el perfil de Peter X. Harmony. Lo presenta como comerciante, banquero, empresario textil y hombre de gran fortuna en Nueva York. También señala su vinculación con negocios moralmente oscuros del mundo atlántico, incluido el tráfico de esclavos con centro en La Habana. La historia bodeguera de El Puerto, como tanta historia mercantil del siglo XIX, no siempre permite una lectura cómoda.

Aquí conviene separar dos planos. En el plano formal, Carlos y Pedro Antonio Carrera Laborde figuran como constructores. En el plano patrimonial y económico, la documentación estudiada por Betilo y Gente del Puerto sitúa a Pedro X. Harmony y a su entorno familiar en el origen real del negocio. Francisco Ximeno, hermano de Pedro, residía en Cádiz y mantenía relaciones comerciales estrechas con él. Además, estaba casado con Isidra Carrera Laborde, hermana de los constructores.

Las iniciales PH, visibles en los medios puntos de las puertas, refuerzan esa lectura. Betilo las relaciona con Pedro Harmony, fundador de la saga.

Una bodega llamada Buenos Aires

El nombre posterior de una parte del conjunto, Bodega Buenos Aires, añade otra capa simbólica. Gente del Puerto indica que Francisco construyó en 1835 la bodega inicialmente denominada Harmony y conocida después como Buenos Aires, en la calle Valdés. El autor considera extraño ese nombre dentro del nomenclátor bodeguero portuense, donde abundaban las advocaciones religiosas.

Una hipótesis la relaciona con Santa María del Buen Aire, patrona vinculada al mundo marinero y a la navegación de Indias. La propia investigación advierte que ese supuesto aún necesita confirmación. Por tanto, conviene presentarlo como hipótesis, no como certeza.

Lo seguro es que Harmony representaba mucho más que una bodega. Era una marca familiar. Era una inversión. Era una puerta entre Cádiz, El Puerto, Nueva York y el mundo atlántico.

Qué vinos y productos circularon por Harmony

La documentación disponible no permite reconstruir una lista completa de los vinos que comercializó Harmony desde su origen. Betilo sí afirma que la bodega aparece en estadísticas de exportación hasta 1850. Ese dato confirma su actividad comercial, pero no detalla todas sus etiquetas ni todos sus tipos de vino.

El rastro más claro aparece en la etapa posterior. Tras la muerte de Francisco X. Harmony en 1850, su viuda y sus sobrinos continuaron la sociedad. Más tarde, José Arvilla recibió las bodegas de la acera norte de la calle Valdés y acabó vendiéndolas a Osborne. En esa operación entraron la solera y la marca Fino Amontillado Coquinero, uno de los vinos míticos portuenses. Betilo también recoge que, en 1914, Osborne anunciaba en El Eco Portuense el Finísimo Coquinero y el Amontillado Fino Quinta.

La acera sur tomó otro camino. Fernando A. Terry Carrera, nieto de Carlos Carrera Laborde, impulsó allí la elaboración de brandy, entonces llamado coñac. Importó un alambique de Inglaterra y estableció instalaciones de elaboración, envejecimiento y embotellado. A comienzos del siglo XX, Terry cubrió sus botellas de brandy con mallas de seda confeccionadas por mujeres portuenses, las famosas malleras.

Por tanto, Harmony no debe entenderse como una etiqueta única y estática. Sus naves acogieron vino de exportación, soleras de fino y amontillado, y después procesos ligados al brandy portuense. El conjunto cambió de manos. También cambió de función.

De Harmony a Terry, Osborne y 501

La muerte de Francisco X. Harmony en 1850 abrió una nueva etapa. La sociedad pasó primero a manos de su viuda. Después actuaron sus sobrinos. Betilo cita la denominación Sobrinos de la Viuda de X. Harmony y señala que esta sociedad se mantuvo hasta 1906, año en que se disolvió.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, el Marco de Jerez sufrió una crisis profunda. El mercado británico redujo su demanda. La filoxera obligó a replantar viñedos. Muchas bodegas perdieron capacidad financiera. Betilo presenta estos dos factores como motores de los cambios de propiedad que afectaron al conjunto Harmony.

A partir de ahí, la antigua unidad se fragmentó. Terry consolidó su presencia en la acera sur. Osborne adquirió parte de las bodegas de la acera norte. Uno de los cascos pudo desgajarse hacia Cuvillo. El conjunto dejó de responder a una sola lógica empresarial. Cada pieza siguió su propio destino.

En 1938 Fernando Terry del Cuvillo adquirió bodegas y viviendas en la calle Santísima Trinidad y trasladó allí parte de la producción. En los años sesenta, Carlos y Javier Terry del Cuvillo se instalaron en las antiguas bodegas de la calle Valdés y registraron la marca 501. En 1993 la empresa pasó a un grupo inversor bajo el nombre Bodega 501 del Puerto. Betilo marca entonces el inicio de un declive de final incierto.

Las causas del declive

El declive de Harmony no tuvo una sola causa. Llegó por acumulación.

Primero pesó la crisis internacional del jerez. El mercado británico ya no absorbía el vino con la misma fuerza. Después llegó la filoxera. La plaga obligó a replantar el viñedo y debilitó a muchas casas bodegueras.

También influyó la fragmentación patrimonial. La antigua bodega dejó de funcionar como un conjunto compacto. Sus partes pasaron por distintas manos. Algunas se integraron en Terry. Otras en Osborne. Otras tomaron caminos propios.

Por último, el siglo XX modificó el modelo industrial. Las grandes firmas concentraron producción. Algunas bodegas perdieron uso. Otras encontraron funciones nuevas. Muchas quedaron como contenedores patrimoniales en espera de una salida urbanística. Harmony acabó dentro de esa tensión: conservar la memoria o convertir el patrimonio en simple suelo disponible.

Estado actual: patrimonio dividido y futuro pendiente

El PEPRICHYE, aprobado definitivamente por el Pleno municipal el 28 de abril de 2021 y publicado en el BOP el 4 de junio de 2021, regula hoy el marco de protección del conjunto histórico de El Puerto. El Ayuntamiento ofrece en su web los documentos normativos y las fichas urbanísticas del plan.

Betilo resume la situación actual del antiguo conjunto Harmony pieza por pieza. La Bodega Buenos Aires cuenta con nivel III de protección estructural. Presenta desuso y mal estado de conservación. El plan la incluye en el AER-06 San Bartolomé y le asigna destino comercial.

El edificio conocido como El Frigorífico, construido por Osborne en los años setenta en el almizcate norte de Buenos Aires, se encuentra vacío y en desuso. Betilo indica que su fachada muestra un fuerte deterioro. El PEPRICHYE le asigna nivel IV y uso residencial dentro del mismo ámbito de revitalización.

La Bodega 501 conserva en buen estado la zona de oficinas inmediata a la calle Valdés. El plan le otorga nivel III. Además, el AER-02 Bodegas 501 reserva suelo para equipamiento y servicios públicos en la fachada de Valdés y plantea uso residencial en la zona industrial interior.

El Alambique, muy transformado respecto al conjunto inicial, permanece en desuso. El plan le asigna nivel IV. La bodega Cuvillo Valdés, en cambio, mantiene un estado relativamente bueno y el AER-06 San Bartolomé le asigna usos comerciales.

No conviene hablar, por tanto, de una bodega Harmony recuperada. La documentación disponible permite hablar de un conjunto histórico fragmentado, protegido de forma desigual y pendiente de una solución equilibrada. He localizado referencias recientes a obras y proyectos, pero no una fuente oficial que confirme una rehabilitación integral concluida del conjunto completo. Por rigor, el artículo debe mantener esa cautela.

Qué debe mirar el viajero

Quien pasee por la calle Valdés debe mirar despacio. Harmony no se revela al visitante apresurado.

Hay que buscar las iniciales PH en los medios puntos de algunas puertas. Hay que observar la escala de las fachadas. Hay que imaginar los cascos de bodega, el patio central, los trabajaderos y los almizcates. Hay que entender que la arquitectura del vino no se limitaba a almacenar botas. Construía ciudad.

La antigua bodega Harmony habla del auge del comercio portuense. Habla de familias extranjeras integradas en el negocio del jerez. Habla de capital atlántico, de vinos finos, de brandies, de soleras y de marcas que sobrevivieron a sus dueños. También habla de abandono y de decisiones urbanísticas difíciles.

El Puerto de Santa María no puede explicar su identidad sin estas bodegas. El Campo de Guía no es un decorado industrial viejo. Es una página abierta. Harmony ocupa una de sus líneas más densas. Y todavía espera una lectura a la altura de su historia.

antigua bodega harmony
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patrimonio bodeguero en campo de guía en El Puerto de Santa María
patrimonio bodeguero en campo de guía en El Puerto de Santa María
fachada sur de la antigua bodega
fachada sur de la antigua bodega

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