Hace ya algún tiempo escribí en uno de mis blogs una reflexión que hoy quiero recuperar. Quizá no conserve las mismas palabras. Quizá la redacción cambie. Sin embargo, deseo mantener intacta la idea que quise transmitir entonces.
El título puede sonar inquietante. Lo sé. Pero no nace de una intención oscura. No invita a rendirse. Al contrario. Habla de resistencia. Habla de vida. Habla de esa fuerza que aparece cuando creemos que ya no nos queda nada.
A veces confundimos el deseo de desaparecer con otra necesidad más profunda. No queremos acabar con la vida. Queremos acabar con el dolor. Queremos silenciar una angustia. Queremos dejar atrás una parte de nosotros que pesa demasiado.
El sentido del proverbio
Existe un proverbio árabe que resume esta idea con una fuerza enorme. Viene a decir que, cuando alguien cree que quiere morir y cae al mar, en pocos segundos empieza a luchar por sobrevivir. Entonces descubre algo esencial: no quería morir. Solo quería matar algo que llevaba dentro.
Estas palabras no hablan de muerte. Hablan de instinto. Hablan de supervivencia. Hablan de esa reacción íntima que surge cuando la vida nos coloca al borde del abismo.
A poco que pensemos en ello, entendemos su verdadero significado. Incluso cuando nos sentimos derrotados, una parte de nosotros sigue buscando aire. Incluso cuando regresan recuerdos dolorosos, esa parte intenta abrir una salida. No siempre la vemos. No siempre la sentimos cerca. Pero existe.
Cuando la vida pesa demasiado
Todos atravesamos momentos de zozobra, angustia o incertidumbre. Nadie vive siempre fuerte. Nadie mantiene siempre el control. Hay días en los que el pasado vuelve sin avisar. Hay días en los que una herida antigua sangra como si acabara de abrirse.
En esos momentos necesitamos recurrir al espíritu de supervivencia que todos guardamos en algún lugar. A veces aparece con claridad. Otras veces cuesta encontrarlo. Pero está ahí.
Conviene adaptarse a las circunstancias. Conviene mirar de frente lo que ocurre. Conviene aprender de los errores sin castigarnos por ellos. La vida adulta exige mucho. Nos obliga a resolver problemas, a tomar decisiones y a sostener emociones que, en ocasiones, nos desbordan.
La fragilidad también forma parte de nosotros
Hay que ser realistas. Resulta más fácil decirlo que hacerlo. Superar aquello que nos duele no siempre depende de una frase bonita ni de un consejo bienintencionado. A veces necesitamos tiempo. A veces necesitamos silencio. A veces necesitamos apoyo.
Aunque mostremos una imagen madura, segura y serena, por dentro podemos sentirnos como un niño que busca consuelo y protección. Esa contradicción forma parte de la condición humana. No nos hace débiles. Nos hace reales.
La soledad, además, intensifica muchas emociones. Cuando nadie parece escuchar, el dolor crece. Cuando nadie parece entender, la angustia ocupa más espacio. Por eso conviene recordar algo importante: pedir ayuda también demuestra fortaleza.
Seguir adelante
Con esta entrada quiero enviar un mensaje de resistencia. También de esperanza. Todos podemos atravesar momentos difíciles y salir de ellos con una mirada distinta.
Quieres morir?, entonces tírate al mar y en apenas unos segundos te verás luchando por sobrevivir. Realmente no quieres morir, solo quieres matar algo que hay dentro de ti.
proverbio árabe
No siempre podremos borrar lo que nos duele. Pero sí podemos aprender a no vivir prisioneros de ello. Podemos apartar de la mente esas emociones tóxicas que nos hunden. Podemos reconocerlas, nombrarlas y empezar a soltarlas.
Vivir no consiste en no caer nunca. Vivir consiste en levantarse una vez más, incluso cuando nadie ve el esfuerzo. Consiste en buscar una salida cuando todo parece cerrado. Consiste en comprender que el dolor no define toda nuestra historia.
Tal vez no quieras desaparecer. Tal vez solo quieras dejar atrás una parte de ti que ya no soportas. Y ese descubrimiento, aunque duela, puede marcar el principio de una nueva forma de vivir.
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