El río Guadalete sostuvo durante siglos una economía pegada al agua. El Puerto miró al río como vía de comercio, abrigo natural y espacio de trabajo. En ese paisaje nació el Varadero Guadalete, en la margen derecha del río, junto a la Avenida de la Bajamar. La Autoridad Portuaria lo recogió como espacio portuario destinado a “varadero” en El Puerto de Santa María.
Por qué se construyó
El Varadero Guadalete respondió a una necesidad técnica clara dentro del sistema portuario de la Bahía de Cádiz. Las embarcaciones que operaban en el tramo urbano del río Guadalete necesitaban un espacio cercano y funcional para varar, botar y realizar mantenimiento fuera del agua. La normativa portuaria estatal reconoce este tipo de instalaciones como infraestructuras básicas para garantizar la seguridad, la operatividad y la continuidad de la actividad marítima.
La Autoridad Portuaria de la Bahía de Cádiz encuadra el varadero dentro de los usos portuarios del dominio público, ligados al tráfico local y auxiliar, no al gran comercio oceánico. El río Guadalete ofrecía condiciones favorables: aguas relativamente tranquilas, protección natural frente al oleaje de la Bahía y conexión directa con el casco urbano y los oficios tradicionales. Estas características justificaron la implantación de un varadero en la margen derecha del río, dentro de la dársena de El Puerto de Santa María.
Las memorias técnicas de la Autoridad Portuaria describen el varadero como una instalación dotada de rampas de varada, diseñadas para sacar embarcaciones mediante arrastre controlado. Este sistema resultaba más económico y versátil que los diques secos, y se adaptaba mejor a barcos de pequeño y medio porte, como pesqueros, auxiliares y embarcaciones de servicio.
La Delimitación de Espacios y Usos Portuarios, aprobada por el Estado y publicada en el BOE, confirma que este tramo del Guadalete mantuvo históricamente un uso portuario activo, incluso en contacto directo con la ciudad. El varadero encajó en esa lógica. Permitía resolver averías, carenas y reparaciones sin desplazar las embarcaciones a otros puertos de la Bahía. Reducía tiempos, costes y riesgos.
Quién lo construyó y cuándo
Aquí conviene ser riguroso. La documentación pública accesible que he podido contrastar identifica el recinto y su uso portuario (varadero), pero no detalla de forma directa, en una fuente oficial abierta, la fecha exacta de construcción inicial ni el promotor material del varadero como infraestructura original. Sí consta su reconocimiento como instalación/uso en la zona de servicio portuaria.
Qué actividad se realizaba
El varadero concentró trabajos de “tierra adentro” sobre barcos que no podían resolverse a flote:
- Varada y botadura mediante rampa.
- Reparación de casco y tareas de mantenimiento.
- Intervenciones de calado medio que exigen acceso a obra viva (limpieza, imprimaciones, ajustes, pequeñas sustituciones).
Además, el recinto actuó como refugio y punto de espera para embarcaciones en situación delicada. El caso más simbólico fue el Vapor Adriano III, que permaneció allí con la idea de reparación.
La causa del declive
El declive no llegó por una sola causa. Llegó por una suma.
La crónica local describe un cierre de facto. La actividad quedó prácticamente nula durante más de un año. La empresa arrastró problemas económicos. El proyecto de rehabilitar el Vapor Adriano III tampoco salió adelante por su complejidad y coste.
A ese desgaste se añadió un factor urbano. El frente del río cambió de función. El paseo fluvial ganó protagonismo y el varadero perdió encaje físico en una ribera cada vez más peatonal y recreativa.
Qué queda hoy del Varadero Guadalete
En 2014, las obras de demolición eliminaron las edificaciones del recinto. La prensa local indicó que solo quedó el cerramiento.
Después, el Ayuntamiento actuó sobre un elemento clave de este tipo de instalaciones: la rampa. En 2023 instaló una nueva rampa de acceso para deportes náuticos y sustituyó la anterior, que presentaba deterioro y generaba problemas de paso en el nuevo paseo.
Un cierre con lectura patrimonial
El Varadero Guadalete no fue un monumento. Fue patrimonio de trabajo. Representó una relación directa entre ciudad y río. Hoy, el espacio ya no funciona como taller de ribera. Pero el lugar aún “habla”. La ribera conserva memoria en su traza, en la lógica de la rampa y en el relato del Vaporcito, que la ciudad sigue intentando recuperar como símbolo identitario.
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