Martos no solo mira a la Peña. También mira hacia sus muros. En la parte alta del casco histórico, junto a la calle Almedina y en el entorno de la antigua Fortaleza Baja, aún queda uno de esos lugares donde la ciudad enseña sus capas. Piedra sobre piedra. Época sobre época. Memoria sobre memoria.
El lienzo de muralla que acompaña a la Torre Almedina no aparece como un resto aislado. Forma parte de un sistema defensivo complejo. Ese sistema protegió la villa medieval, cerró el recinto urbano y conectó visualmente con la gran fortaleza de la Peña. En Martos, la defensa nunca dependió de un solo castillo. La ciudad organizó su seguridad entre dos alturas: la fortaleza alta, en la Peña, y la fortaleza baja, dentro del núcleo urbano.
Una muralla con raíces más antiguas que la Edad Media
La muralla urbana de Martos suele asociarse al periodo medieval. Sin embargo, el entorno de la Torre Almedina ofrece una lectura más profunda. Las intervenciones arqueológicas documentaron restos de una muralla ciclópea de época iberorromana bajo la cerca medieval. Este dato resulta fundamental. Martos no empezó a defenderse en época islámica ni en época calatrava. Ya existía una ocupación anterior en torno a Tucci, asentada en la meseta rocosa que domina el casco antiguo.
La investigación arqueológica situó en esa zona un grueso muro de sillares irregulares, unidos en seco, con materiales iberorromanos. Los arqueólogos relacionaron estos restos con el antiguo oppidum de Tucci. Por eso, el lienzo medieval no solo habla de frontera, guerra y castillos. También señala el origen remoto de la ciudad.
Durante la etapa islámica, Martos mantuvo una gran importancia estratégica. El propio nombre de Almedina sugiere la existencia de un recinto defensivo o alcazarejo en esta parte elevada. Ahora bien, conviene ser prudentes. La intervención arqueológica documentó poblamiento de época almohade, pero no identificó con claridad restos de fortificación islámica conservados en ese punto concreto. Los elementos defensivos que hoy reconocemos en la Torre Almedina y su entorno pertenecen, sobre todo, a la gran reorganización cristiana de la Fortaleza Baja.
La Orden de Calatrava y la nueva fortaleza urbana
Martos pasó a manos de Fernando III en 1225, tras el pacto con al-Bayyasi, emir de Baeza. Poco después, el rey entregó la plaza a la Orden de Calatrava. A partir de ese momento, la ciudad ganó un papel militar de primer orden. Martos quedaba en una zona de frontera. La amenaza nazarí obligaba a reforzar defensas, controlar accesos y organizar la población en torno a espacios protegidos.
La Orden de Calatrava levantó y reforzó la Fortaleza Baja desde el siglo XIII. No actuó sobre un solar vacío. Reaprovechó restos anteriores, adaptó el trazado a la roca y amplió estructuras defensivas ya existentes. La torre, los paños de muralla, los adarves, la barbacana y los accesos formaban parte de una arquitectura pensada para resistir.
El recinto calatravo inicial ocupó la parte más alta de la meseta rocosa. Su trazado enlazaba la Torre Almedina con la Torre del Homenaje. El paso de ronda permitía la circulación por la parte alta del muro. La torre no cumplía una función ornamental. Controlaba uno de los accesos principales al recinto.
La Torre Almedina: puerta, defensa y símbolo
La Torre Almedina se sitúa en la calle del mismo nombre. Su posición no resulta casual. Dominaba el acceso oriental de la Fortaleza Baja y vigilaba la subida desde la calle Franquera. La investigación arqueológica la describe como una construcción sólida de mampostería irregular, reforzada con sillares en las esquinas. Desde la calle Franquera alcanza una altura aproximada de 25 metros.
La torre tuvo una función claramente militar. En su primera fase, el interior contaba con una sola estancia de gran altura. Los muros gruesos, la escasez de vanos y las saeteras respondían a una lógica defensiva. Bajo la torre existía una estancia subterránea que los arqueólogos interpretaron como un posible aljibe. Ese espacio garantizaba agua en un recinto pensado para resistir periodos de tensión o asedio.
La Torre Almedina también protegía la entrada al recinto. Los documentos tardíos la relacionan con la llamada puerta de la “torre de las Narices”, entrada principal a la Almedina. El acceso no seguía una línea directa. La subida desde la calle Franquera hacia la calle Almedina y la calle Castillo conservó en el parcelario urbano la memoria de una puerta en recodo. Este tipo de acceso complicaba el avance de un atacante y facilitaba la defensa desde arriba.
En los siglos XIV y XV, la Orden de Calatrava amplió y reforzó el sistema. En esta fase cobró importancia la barbacana, un muro adelantado que protegía la zona más vulnerable. Este paño se levantó separado de la cerca principal y reforzó el acceso junto a la Torre Almedina. La muralla no solo cerraba. También obligaba a quien quisiera entrar a hacerlo bajo vigilancia.
¿Quién mandó construir la Torre Almedina?
No he encontrado una fuente documental fiable que permita atribuir la construcción de la Torre Almedina a un maestro, comendador o personaje concreto. La información arqueológica disponible vincula su origen a la Orden de Calatrava como institución. La torre nació dentro de la reorganización defensiva que los calatravos impulsaron tras recibir Martos de Fernando III.
Por tanto, lo más riguroso consiste en decir que la Orden de Calatrava levantó la Torre Almedina en el siglo XIII. Atribuirla a una persona concreta supondría ir más allá de lo que permite la documentación consultada.
De fortaleza a ruina y de ruina a vivienda
La frontera cambió el destino de la Fortaleza Baja. Cuando desapareció la presión militar del reino nazarí, la vieja arquitectura defensiva perdió sentido. A finales del siglo XVI, los documentos ya hablan de ruina y necesidad de reparaciones. La fortaleza conservaba estructuras, dependencias y muros, pero su función militar empezaba a apagarse.
Con el paso del tiempo, la ciudad reutilizó el espacio. La Torre Almedina sufrió transformaciones importantes. En época contemporánea, especialmente durante el siglo XX, la torre llegó a funcionar como vivienda. Se abrieron huecos, se añadieron plantas, se modificaron accesos y se alteró su imagen original. La arquitectura doméstica cubrió parte de la lectura militar del edificio.
En 2003, el Ayuntamiento trasladó a la familia que vivía en la torre y comenzó el proceso de recuperación. Ese gesto permitió mirar de nuevo el monumento como patrimonio y no solo como inmueble ocupado.
Restauración y estado actual
La Torre Almedina y los lienzos anexos de muralla han recibido distintas actuaciones de recuperación, consolidación y puesta en valor. La intervención arqueológica de 2007 resultó clave para conocer la evolución del edificio. Los trabajos permitieron estudiar paramentos, realizar sondeos, limpiar espacios colmatados y documentar restos que habían quedado ocultos durante siglos.
Después llegaron nuevas fases de restauración. El Ayuntamiento de Martos, la Diputación Provincial de Jaén y fondos europeos participaron en distintos proyectos. Estas actuaciones recuperaron parte del entorno, consolidaron estructuras y devolvieron presencia urbana a la torre y a los paños de muralla de la Fortaleza Baja.
Hoy la Torre Almedina presenta una imagen muy distinta a la que tuvo cuando permanecía transformada en vivienda. El conjunto muestra con más claridad su valor defensivo. También ayuda a entender la importancia de Martos como plaza calatrava y como ciudad de frontera.
¿Se puede visitar?
La Torre Almedina no funciona como un monumento con un horario ordinario permanente claramente documentado en las fuentes consultadas. Sin embargo, el Ayuntamiento de Martos sí organiza visitas guiadas a la Fortaleza Baja, en las que incluye los paños de muralla y la propia Torre Almedina. Estas visitas suelen contar con plazas limitadas e inscripción previa en la Casa Municipal de Cultura Francisco Delicado.
Por tanto, la respuesta más prudente es esta: la Torre Almedina puede conocerse mediante visitas guiadas municipales o actividades culturales programadas. Antes de acudir, conviene consultar la agenda municipal o contactar con Cultura del Ayuntamiento de Martos.
Un lugar para entender Martos
El lienzo de la muralla de la Fortaleza Baja y la Torre Almedina forman uno de los conjuntos defensivos más reveladores de Martos. En pocos metros aparecen la Tucci antigua, la ciudad islámica, la plaza calatrava, la frontera medieval, el abandono moderno, la ocupación doméstica y la recuperación patrimonial contemporánea.
No estamos ante una simple ruina. Estamos ante un fragmento esencial de la memoria urbana de Martos. La Torre Almedina todavía explica cómo la ciudad se protegió, cómo creció y cómo transformó sus viejas defensas en paisaje cotidiano. Su valor no reside solo en la piedra. Reside en la historia que esa piedra todavía permite leer.
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