torre de Fielato
torre de Fielato

La torre de Fielato se alza en el Camino Viejo de Almería, en la ladera sureste de la sierra de Gádor, frente al Puerto Pesquero y en el sector occidental de la ciudad. No ocupa un lugar casual. Se encuentra en el viejo corredor que durante siglos conectó la capital con el Poniente. Por eso forma parte de uno de los paisajes históricos más densos de Almería, junto a restos de fundiciones, canteras, casas cueva y defensas de la Guerra Civil.

Dónde está y por qué se levantó allí

El emplazamiento explica casi todo. El Ayuntamiento recuerda que el Camino Viejo fue durante muchos siglos la principal vía de acceso a la capital desde Poniente. La ruta discurre por un balcón natural sobre el puerto y la bahía. Ese paso concentró tránsito de personas, mercancías y actividad industrial. Colocar allí un punto de control tenía plena lógica. Permitía vigilar lo que entraba en la ciudad desde el oeste y hacerlo antes de alcanzar el casco urbano.

Además, el propio sendero municipal aporta un dato decisivo. El Camino Viejo se amplió en el siglo XVIII para el paso de carros y dejó de usarse en 1881, cuando se abrió la carretera del Cañarete. La torre quedó así asociada al último gran periodo de uso de este acceso histórico. Su función fiscal se entiende mejor dentro de ese momento final, cuando Almería todavía dependía de este paso para buena parte del tráfico procedente del Poniente.

Qué función tuvo realmente

La fuente oficial más clara del Ayuntamiento de Almería señala que la actual torre fue en origen una chimenea de una antigua fundición. Más tarde la reconvirtieron en torre de Fielato. Su nueva misión consistió en controlar las mercancías que entraban en la ciudad y cobrar el impuesto municipal de consumos. En otras palabras, no nació como torre defensiva ni como mirador. Nació en el paisaje industrial del siglo XIX y luego pasó a servir como filtro fiscal en la entrada occidental de Almería.

La documentación histórica conservada por la Diputación de Almería confirma que el sistema de fielatos ya funcionaba en la ciudad, al menos, en enero de 1879. La prensa local recogía entonces la recaudación diaria de los fielatos del Puerto, Granada, Vega y Central. Ese dato no prueba por sí solo el año exacto de la reconversión de esta torre concreta, pero sí demuestra que el aparato municipal de consumos ya operaba en ese momento y que el uso fiscal del enclave encaja plenamente en ese contexto.

Quién la promovió y cuándo se construyó

Aquí conviene ser preciso. No he localizado una fuente oficial que identifique con nombre y apellidos al empresario o autoridad que promovió la chimenea original. Sí se puede sostener, con base documental, una secuencia muy sólida. Primero existió una chimenea ligada a las fundiciones de plomo de la segunda mitad del siglo XIX. Después llegó su adaptación como fielato dentro del sistema municipal de consumos que Almería tenía activo en las últimas décadas del Ochocientos. Por tanto, la obra primitiva debió surgir del impulso privado de la metalurgia local y su uso fiscal posterior dependió del Ayuntamiento. Esa reconstrucción resulta la más prudente y la mejor apoyada por las fuentes consultadas.

Su papel histórico en esta zona de Almería

La torre resume varias capas de la historia almeriense en un solo punto. Primero habla de industria. El entorno conserva serpentines de condensación, restos de fundiciones y huellas de cantera. Después habla de fiscalidad urbana. El fielato controlaba la entrada de productos y convertía el Camino Viejo en una frontera económica de la ciudad. Y más tarde habla de estrategia militar. A pocos metros aparecen pozos de artillería de la Guerra Civil, levantados para defender el puerto. La torre no quedó aislada en el paisaje. Formó parte de un corredor donde se cruzaron minería, transporte, recaudación y defensa costera.

Incluso bien entrado el siglo XX, el fielato seguía siendo una referencia reconocible en la salida occidental de Almería. Una publicación del Instituto de Estudios Almerienses, al reconstruir un trayecto de 1936 por la carretera de Málaga, menciona expresamente el paso por “el fielato” antes de dejar atrás San Telmo, la Garrofa y Aguadulce. Ese detalle refuerza la idea de que el control fiscal del sector occidental tuvo una larga presencia en la memoria urbana almeriense.

Estado actual y valor turístico

Hoy la torre se conserva en pie como uno de los hitos más singulares del sendero patrimonial Parque Nicolás Salmerón–Camino Viejo. El propio itinerario oficial la presenta como un punto destacado para contemplar y fotografiar, junto a las vistas de la Alcazaba, el puerto, la bahía de Almería y Cabo de Gata. Ya no recauda impuestos. Ahora actúa como testigo material de la historia industrial y fiscal de la ciudad y como mirador privilegiado sobre uno de sus paisajes más potentes.

Su valor turístico no ha dejado de crecer. En 2023 el Ayuntamiento integró esta ruta de 5,9 kilómetros en la red “Almería camina por su historia”. En 2024 licitó la redacción del proyecto para poner en valor el sendero del Camino Viejo y su entorno. Y en la planificación municipal de 2026 figura la ejecución del sendero, con adaptación, señalización y digitalización de la información. La estrategia municipal presenta este espacio como un recurso eco-deportivo, patrimonial y turístico para vecinos y visitantes.

Cómo se puede acceder

La forma más clara de llegar hoy consiste en seguir el sendero oficial del Ayuntamiento. El recorrido arranca en la Puerta del Coral Rojo, al comienzo del Parque Nicolás Salmerón, junto a la avenida Reina Regente. Desde allí se avanza hacia la Avenida del Mar, se pasa junto a la Casa del Mar, se sube por la calle Barranco de Greppi hasta la plazoleta del mismo nombre y se gira a la izquierda por la calle Camino Viejo. A partir de ese punto el asfalto desaparece y el trazado se convierte en camino de tierra y piedra hasta alcanzar la zona de la torre.

La visita conviene hacerla a pie y con prudencia. El itinerario municipal recomienda regresar por el mismo camino. El motivo resulta claro. En la parte alta de la cantera existe grave peligro de caída al vacío. Por eso la torre debe entenderse hoy como una parada dentro de un recorrido patrimonial señalizado, no como un monumento aislado al que se llegue en coche para una visita breve. Ese acceso pausado, casi arqueológico, encaja además con su verdadero sentido histórico. La torre se comprende mejor caminando el viejo camino que le dio razón de ser.

Retrospectiva de la torre de Fielato

La torre de Fielato no impresiona por tamaño. Impresiona por significado. En ella confluyen la Almería minera, la Almería fiscal y la Almería que miró al Poniente para crecer. Pocas piezas del paisaje urbano cuentan tanto con tan poco. Por eso merece una lectura atenta. No solo como ruina con vistas, sino como un documento de piedra sobre cómo entraban las mercancías, cómo respiraba la ciudad y cómo se organizó su borde occidental durante más de un siglo.

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