En la calle Larga —hoy oficialmente calle Virgen de los Milagros— hay fachadas que se leen como un archivo abierto. Balcones, cornisas, cierros y patios interiores componen un lenguaje de poder, comercio y vida doméstica que define el casco histórico de El Puerto de Santa María. En el número 70 se alza una de esas piezas: una gran casa-palacio del siglo XVIII, conocida popularmente como la casa de Blas de Lezo, y catalogada dentro del Plan Especial de Protección del conjunto histórico.
Origen y construcción: una casa-palacio del siglo XVIII
Las fuentes municipales sitúan su construcción en el siglo XVIII. Ese dato encaja con la etapa en la que El Puerto consolida su perfil urbano más señorial: grandes fincas, patios principales y fachadas compuestas para impresionar desde la calle.
El propio documento técnico del Plan Especial la describe como una “gran casa” de planta rectangular y alzado exterior de cuatro pisos, ordenado con una composición simétrica en cinco ejes de huecos superpuestos. No se trata de una casa menor. Responde a una escala doméstica ambiciosa, pensada para representar.
Arquitectura: sobriedad, orden y un patio que manda
La fachada destaca por su sobriedad decorativa y por la claridad con la que organiza sus elementos. El estudio urbanístico subraya varios rasgos concretos:
- La planta baja muestra transformaciones contemporáneas, con la presencia de altos cierros y alteraciones visibles respecto a su diseño original.
- En los niveles superiores aparecen balcones con barandillas de hierro sobre repisas, balcones acristalados laterales y, en el piso principal, un balcón corrido que centra la composición.
- El único gesto ornamental destacado se concentra en el eje central, con un motivo decorativo que corona ese balcón principal.
- Remata el conjunto una cornisa volada y un pretil de azotea con pedestales y pináculos, que refuerzan la sensación de “casa importante” sin necesidad de exceso decorativo.
El interior gira alrededor del patio, con galerías superiores abiertas en tres frentes y una escalera que el documento considera especialmente interesante: el arranque se realza con arcos trilobulados sobre columnas toscanas de mármol, un recurso que convierte un elemento funcional en escena de representación.
Dueños y moradores: lo que se puede afirmar con fuentes oficiales
Aquí conviene separar con rigor dos planos: propiedad y residencia.
- Moradores documentados (a nivel divulgativo municipal).
En una publicación municipal vinculada a la Fiesta de los Patios, el Ayuntamiento identifica el inmueble como “Casa Palacio” y señala que, entre sus moradores, destacó el Almirante Blas de Lezo. Además, indica la existencia de una placa conmemorativa otorgada por el propio Ayuntamiento en 2009. - Propietarios (titulares) y listado histórico de dueños.
Las fuentes urbanísticas consultadas —catálogo y estudios del Plan Especial— no publican un inventario nominal de propietarios históricos de cada inmueble. Sí fijan el marco de protección y los deberes de conservación para los titulares de edificios catalogados.
En otras palabras: con documentación municipal abierta al público, se puede sostener la relevancia patrimonial del edificio y su asociación con Blas de Lezo como morador destacado; pero no se puede reconstruir, con la misma oficialidad, una cadena completa y nominativa de dueños a lo largo de los siglos.
Qué papel jugó en El Puerto: casa representativa y pieza del paisaje urbano
Su papel se entiende mejor desde su doble condición:
- Arquitectónica y urbana. La casa forma parte del conjunto de edificaciones que construyen la imagen histórica de la calle y del centro. Por eso el Plan Especial la incluye en su Catálogo de Bienes Protegidos.
- Memoria social. La referencia municipal a Blas de Lezo y la colocación de una placa conmemorativa conectan la finca con un relato cívico: el de una ciudad que reconoce su relación con figuras históricas y la inscribe en el espacio público.
Este tipo de casas-palacio no solo alojan familias. También ordenan jerarquías, concentran actividad doméstica y articulan patios como “corazón” social y funcional del inmueble. El propio Plan Especial explica la centralidad tipológica de la casa-patio y cómo, en parcelas mayores, esa tipología puede dar lugar a casas-palacio de mayor entidad.
El declive: de residencia principal a casa de vecinos (y las huellas en la fachada)
El declive no siempre significa ruina. A veces significa cambio de uso y pérdida de unidad.
El documento técnico del Plan Especial indica que el inmueble se encontraba “actualmente convertido en vivienda de vecinos” y que alrededor del patio se distribuían habitaciones para distintas familias. Ese dato describe un proceso muy reconocible en el casco histórico: subdivisión interior, aumento de ocupación y adaptación del edificio a nuevas demandas residenciales.
La propia mención a la planta baja “transformada en nuestros días” refuerza esa lectura: el edificio se ajustó a usos más contemporáneos, con impacto directo en la percepción de su fachada a nivel de calle.
Función actual: uso residencial y apertura puntual como patrimonio visitable
Hoy la casa aparece identificada en un contenido municipal como “Apartamentos Larga, 70”, dentro del itinerario de patios visitables. Ese mismo texto reafirma su construcción dieciochesca, recuerda la figura de Blas de Lezo como morador destacado y menciona la placa conmemorativa municipal.
Ese uso actual tiene una consecuencia patrimonial clara: el edificio sigue vivo. No funciona como pieza museística aislada. Funciona como inmueble habitado y, en momentos concretos, como espacio que se abre para mostrar su patio y su arquitectura interior al público.



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